sábado, julio 31, 2010

Solo

A veces estás solo
y no hay opción
la vida se abre
y nadie existe
nadie es

solo está la calle
y un destino al fondo
la voluntad
y el desencanto
no hay amigo que valga
no hay complicidad
en el acto de descender

Estás solo
y saludos recibes
"cuidate"
te dicen
morite
enfermate
ojalá

Estás solo
siempre
estás
solo
que no te engañe
el abrazo
el te quiero
la intimidad

Allá en el fondo
a nadie le importará

viernes, julio 09, 2010

Infiel

A todos nos cuesta aceptarnos infieles. Pocas cosas despiertan tanto la creatividad como el intento de evadir la aplicación de ese adjetivo a nuestro perfil. Elaboramos teorías estrambóticas a partir de silogismos falaces con sorprendentes grados de complejidad. Sobresale, entre todos, el argumento semántico, con el cual pretendemos poner en perspectiva el asunto:

"Lo realmente importante es la lealtad", dicen, "la infidelidad es secundaria", siguen diciendo. 

El común de los mortales no suele recurrir al diccionario para asegurarse del significado de las palabras que se atreve a utilizar. Mala noticias para los que creen estar a salvo bajo ese artilugio de palabras, porque resulta que la Real Academia de la Lengua define Fidelidad, con bastante precisión, y la define así:
Fidelidad.
(Del lat. fidelĭtas, -ātis).
1. f. Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona.
2. f. Puntualidad, exactitud en la ejecución de algo.
Entonces resulta que el concepto de Fidelidad se define a partir de la Lealtad, la incluye. Y si alguna duda cabe, cuando nos vamos al concepto de Lealtad, la cosa se pone más difícil:  
Lealtad.
(De leal).
1. f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.
2. f. Amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro y el caballo.
3. f. p. us. Legalidad, verdad, realidad.
Los juegos de palabras solo ayudan a justificar y a elaborar situaciones abstractas en las que resulta más seguro vivir, porque en las reales siempre aparece algún aguafiestas. Y ahí vamos inventándonos mundos en los que vivimos solos, pero creyendo que los demás deben regirse por la lógica que nos hemos inventado para sostener nuestra impunidad sexoemocional. Claro, podemos decir que los diccionarios también son mundos abtractos, fríos, impersonales, limitados y limitantes, que solo intentan aportar significados al mundo que pronunciamos, pero que "la vida (en pareja) es complicadísima, incomprensible (desde afuera), particular y sin posibilidad de generalizaciones". Y ya, ahí lo tenemos, un nuevo argumento para seguir creyéndonos los buenos, las víctimas, los mártires del amor.

jueves, julio 08, 2010

Jueves

La cabeza puede decidir explotarte un jueves, y por la madrugada. Un dolor de sien a sien puede despertarte y te resultará imposible volver a dormir. Despierto y con un dolor así quisieras no pensar, como si pensar doliera, pero es inevitable, vas a seguir pensando, porque la sola idea de no pensar activa más la mente y se piensa cualquier cosas, delirios. Cuando alcanzás el umbral del dolor el resto del cuerpo empieza a protestarte: el estómago amenaza y las articulaciones se te adormecen. Ese jueves puede ser terrible, a menos que una boca se esmere en recetarte besos puntuales en cada zona afectada. Así se soporta la migraña, y hasta con cierto gusto.

lunes, julio 05, 2010

Lunes

Lo más difícil de los lunes no es que reinicien la rutina laboral, ni que se sitúen en el extremo del mapa temporal de la semana, lo más lejos posible del fin de semana siguiente. Lo más difícil es que parezca jueves por el taciturno tono de sus horas, o que luzca como un martes inquieto e inquietante, tanto peor que aparente ser indeciso como miércoles, o sufra el colmo de fingir la molesta algarabía de los viernes. Más triste aún es que no pueda nunca asemejarse a un sábado y que ande condenado a cargar con un famélico domingo a cuestas. Pero quizá lo más difícil es que un lunes no se parezca a un lunes, que al verse en el espejo no reconozca en él un rostro propio al que saludar para desearle una bonita semana.

domingo, junio 20, 2010

Domingos

Ver imagen original haciendo clic
Hay domingos en los que uno amanece sobrado de claridad. Por su puesto, también amanece solo y al mismo tiempo agradecido. Y no se confundan, no se trata de que un domingo uno amanece sabiendo qué es lo que quiere en la vida, no. Eso sería amanecer aburrido para siempre. Esta claridad funciona al revés: uno amanece sabiendo qué es lo que no quiere en su vida. Ya con eso es más fácil disfrutar de la luz del sol y de la  consecuente y momentánea falta de lluvia.

sábado, mayo 29, 2010

Sin título

Tendría que contarte todo,
desde el principio,
y ya no estoy seguro si todo esto alguna vez empezó.
Pero podría intentar volver a la escena de los hechos,
lo deshechos,
recurrir a un técnico forense, un psicoanalista, una medium,
implementar el método deductivo,
releer con atención "Los crímenes de la calle Morgue",
y repasar la Inconclusa de Dvorak.
Tengo una memoria criminal,
asesina en serie:
sepulta sus víctimas en rincones inhóspitos.
No preguntés.
No quiero que tengás nada que olvidar.

viernes, mayo 21, 2010

Diatriba caprichosa contra los progenitores

A mí no me instalaron el instinto de la prolongación de la especie, no quiero ser padre. Si a veces me cuesta alimentar este blog, ayudarle a crecer sano, educarlo y mantenerlo vivo, no me veo tratando de hacer lo mismo con un ser humano. Eso y un intercambio epistolar reciente, aunque parezca retorcido y caprichoso, me ha hecho pensar en que no quiero ser padre. Al menos eso sostengo hoy -tampoco me instalaron el sentido de la constancia- y, aunque lo digo poco por temor a represalias sociales, creo que ser padre o madre tiene una dosis de irresponsabilidad implícita, porque implica poner en riesgo la vida y la calidad de vida de un ser humano, porque implica imponerle normas que no tienen ninguna garantía de ser correctas para todos y en todo momento, porque se habla de valores que siembran fronteras y culpables, porque la más mínima equivocación tiene repercusión que generalmente son ignoradas gracias a ese delirio de perfección inherente a la paternidad y maternidad, porque es el ejercicio autoritario de un poder sin reciprocidad, porque es el futuro chantaje emocional de haber dado todo y reconocer que es mentira que no se espera nada. Ya vendrán los padres abnegados a recitarme poemas sobre su condición bendita y maldiciones contra mi impía palabra, solo les advierto que estoy curtido de regaños, y que mi mamá me ama y yo amo a mi mamá.

sábado, mayo 01, 2010

Vértigo

Tengo una grave propensión hacia las historias complicadas. No me basta la matemática simple: dos más dos es igual a cuatro: infalible. No, siempre termino en el cálculo diferencial, con imposibles ecuaciones de tercer grado, donde el resultado también es infalible, único e inequívoco, como el cuatro del dos más dos, la diferencia es que a ese resultado infalible, único e inequívoco se llega atravezando un torturador como tortuoso camino. Información no me falta. Talento para la estrategia tampoco. (Malas)Experiencias me abundan. (Malos)Consejeros me sobran. Quizá sea adicción al vértigo, a ese trastorno del sentido del equilibrio, a esa turbación del juicio, repentina y pasajera, a ese apresuramiento anormal de la actividad de una persona, a esa sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura. A veces, el diccionario es el único que me entiende.

sábado, abril 24, 2010

Antipoético romance otorrinolaringológico

"¿Qué sentís?", me dijo.
Y yo que soy malo respondiendo cuando esa pregunta se refiera a la abstracción de las emociones, al saber que se refería a lo concreto de mi fisiología, me resultó de lo más fácil responder: "ganas toser".
"¿Cuándo sentís eso?", preguntó de nuevo, y casi riéndose.
A sabiendas que no había en la pregunta nada personal, respondí: "De reptente, a veces cuando piendo en toser, a veces cuando la garganta se seca o se me irrita"
"¿Hay flema?"
"No."
"¿Mocos?"
"No."
"mmmmmm veamos", y me vio por dentro, y no es una metáfora, con una luz y unos tubos que metió en mi nariz, mis oidos y mi garganta. ¡Y yo me ví por dentro también! Porque el tubito tenía una cámarita y todo se veía en un monitorcito. Feo es uno por dentro, por cierto (definitivamente la belleza está en el exterior).
"¿Tengo infección?", pregunté.
"No.", respondió.
"(No antibióticos que prohiban el alcohol)", pensé. "¿Entoncés qué?", repregunté.
"Tenés irritada la garganta, es reacción alérgica y además tenés cuadro sinusítico, y eso pueda que sea porque tenés el tabique nasal desviado... ¿Jugás algún deporte?".
Supuse que la pregunta apuntaba a la razón de la desviación de mi tabique y no a un repentino interés personal por mis hobbies. "Jugué basquebol en el colegio", le dije, no le iba a decir que era seleccionado porque ya era presumir. "Pero no recuerdo ningún golpe traumático", le dije.
Se rió. "Revisate eso porque te puede dar problemas, no es tan grave pero considerá arreglártelo", comentó.
"(Podría aprovechar para adelgazarme y respingarme la nariz)", pensé. "Si usted cree que es necesario, puedo ver", llegué a medio decirle.
Luego tomó su pluma y escribió y escribió y escribió en un idioma extraño: "Zyrtec, Avamys, Enantyum y Menaxol, Depo-Medrol y Flixotide", y me explicó claramente que solo era Diclohidrato de cetirizina, Furorato de Fluticasona, Dexketoprofeno y Acetilcisteína para tratar la alergia a largo plazo y la irritación que provocaba la tos, que mucha agua para soltar los mocos y que tomara la vida con calma por 10 días, los que dura el tratamieno, que dejara hecha la cita para verme al terminarlo, para ver como quedé.
Salí sintiéndome comprendido y con un papel con las palabras que aliviarían todo lo malo que mi cuerpo sentía.
Así deberían ser todos los males, menos poéticos y más fisiológicos, más curable. Digo yo.

jueves, abril 22, 2010

Dudas

Uno cree que los años van alejando las dudas existenciales, ese ¿ser o no ser? sobre lo que vamos siendo y lo que vamos haciendo, atormentándonos con aquello de que somos lo que hacemos. Mi punto es, dos puntos: me gusta lo que hago, pero no quiero ser lo que hago. Ahora bien, tengo la posibilidad de hacer más cosas que sí quiero ser, pero no las hago. Entonces otra duda, dos puntos: ¿soy el que creo que soy o ya soy otra cosa menos parecido a lo que quiero y más parecido a lo que hago? ¿Se vale tener estas dudas?

lunes, abril 05, 2010

Ese gato

Se llamó Mishtum -nombre que todo buen aprendiz de wanabe le pone a su gato-, era un cruce simpático entre angora y siamés. Blanco con bonitas grises y pelo corto pero esponjoso, ojos de gato y cola como el final de un látigo cansado. Creo que era hijo de un Rayo. Llegó el gato como parte de esas terapias postrauma en las que uno debe aprender a cuidar algo, a hacerse responsable de algo, supuestamente para darle sentido a la existencia propia. Llegó el gato y pronto nos identificamos, se supo mío y para mí, me supo suyo y para él. Pasaba sobre mí la mayor parte del tiempo, lo recuerdo en mis piernas mientras yo escribía en mi época más compulsiva, lo recuerdo lanzándose sobre mis dedos mientras yo tecleaba porque pensaba que aquello era un juego con él, recuerdo su peso sobre mi espalda cuando me despertaba, lo recuerdo maullándome en tono de reclamo cuando volvía de un día completo de ausencia, lo recuerdo distanciado cuando empecé a salir más de casa, recuerdo la primera noche que no llegó a dormir conmigo, y como volvió después con tremendos arañazos cerca de sus orejas, recuerdo cuando le tuvo miedo a los sobrinos invasores, lo recuerdo indiferente para siempre a mi regreso de un largo viaje, recuerdo como no volvió a sentarse en mis piernas, ni a dormir en mi espalda, ni a ponerme en el centro de su existencia. Recuerdo como decidió vivir en los techos, recuerdo como un día no volvió más. La terapia de alguna manera funcionó, no precisamente en el sentido deseado, pero lo cierto es que desde entonces empecé buscar en todos ese gato que llevan dentro.

viernes, abril 02, 2010

Siete puñales

Había una vez, en su lejana infancia, este que les escribe fue un devoto. Cuando era un niño que apenas sabía verdades, además de ser un niño propenso a conmoverse por escenas como las de la Semana Santa. Yo jugaba a la Semana Santa durante todo el año, me sabía todo el guión; dirigía y protagonizaba varias escenas de Semana Santa con elencos formados por mis primas y amigos. También montaba misas recitando todo el ritual de memoria, incluso una vez oficié la misa de cuerpo presente de Chico, mi perico, que amaneció muerto una mañana y tuvo su entierro en una caja de zapatos al pie del árbol de granadas en el patio de mi abuela. También hice un novenario por Kaiser, mi pastor alemán que fue atropellado en mi presencia, hecho que me mantuvo teniendo febriles pesadillas por varias noches, cosa que asustó a mi madre de sobremanera, a tal grado que desmontó el altar del novenario canino y no dejó que siguiera encomendando la memoria del animal, porque según el cura eso lindaba con la herejía, ante lo cual yo respondía que Kaiser había sido bañado de agua bendita el sábado de gloria, como mandaba la tradición católica, y que por tanto, era una criatura del señor. Pero mis tempranas disertaciones teológicas no tuvieron mucho peso frente al miedo de mi madre de estar criando un hijo más delirante que santo varón.
Mi papá sí era uno de los Santos Varones, la cofradía responsable de la escena de la crucifixión y el descendimiento. No entendía yo por qué si eran tan santos aquellos varones eran quienes clavaban al nazareno con tanta rabia, y luego lo bajaban ya muerto poniendo cara de arrepentidos.
Ah, y el nazareno era también motivo de mi curiosidad extrema. Resultaba que el que ponían en la cárcel y sacaban en la procesión del silencio y el vía crucis era altísimo, y la verdad siempre lo recuerdo como una pieza de imaginería excepcional, una expresión facial extremadamente realista y sus ojos de vidrio de verdad que miraban, y qué decir de la sangre que goteaba desde su frente. Las dudas me asaltaban al ver que al llegar al calvario después del recorrido del vía crucis, lo entraban al templo y al salir de nuevo para subirlo y clavarlo en la cruz era mucho más pequeño. Mi tía Pilan, que siempre estaba ahí no solo para responder mis dudas, sino para proteger mi fe, me dijo una vez que lo que sucedía era que en el camino, como era tan sacrificado, se desgastaba un montón y se iba haciendo chiquito. Yo, como siempre, le creía, pero llegó el día que, con una especie de pase VIP para el backstage, entré al salón donde las solteronas del pueblo vestían a los santos, y vi que el alto nazareno no tenía pies, la forma humana de su cuerpo empezaba arriba de la cintura, y hacia abajo era una estructura de madera, como un banco, que siempre estaba cubierto por sus vestidos de tafetán. Al ver eso corrí donde mi tía Pilan a contarle la verdad, porque jamás se me cruzó por la mente que me mintiera, sino más bien que ella, equivocadamente, creía lo que me decía. Ella hizo cara de soprendida y luego me llevó a una urna de cristal en uno de los altares laterales de la iglesia, en donde estaba el cristo, es decir, el chiquito muerto de la cruz, y me dijo que entonces seguramente eran dos diferentes, porque el otro era muy grande para caber en esa urna. Me pareció razonabale aquella nueva explicación y quedé satisfecho de haber desentrañado, en complicidad con mi Tía Pilan, uno de los grandes misterios de la iglesia.
Creo que por influencias de mi madre, que donaba vestidos para los santos, y del santo varón de mi padre, cuando ya tenía 10 años me convocaron, sin audición previa, a ser parte de elenco de las escenas vivas que se montaban durante la Semana Santa del pueblo. Una era la noche del martes, en el monte de los olivos, yo era uno de los apóstoles, Juan (al año siguiente fui Pedro, porque no iba a aceptar ningún papel secundario). Esa escena consistía en dormir tirados en el decorado que simulaba un bosque y que tenía en el centro una gran piedra de papel donde el cura se hincaba a rezar. No decíamos nada, solo nos acomodaban en el suelo y nos decían que nos durmiéramos. Y como se hacía durante la noche y toda la madrugaba, la actuación de todos era sumamente natural. Tan así que yo despertaba en mi cama y ya sin mi túnica de tafetán y en pijamas, pero aún con la barba y el bigote de tile. La otra escena viva era el jueves por la mañana, el lavatorio de los pies, que era cuando el cura, en la iglesia, nos lavaba los pies a los apóstoles. Lavar es mucho decir, el cura apenas pasaba una esponja mojada por el empeine y ya. La que me lavaba los pies con verdadera pasión antes de la función era mi mamá, que con un paste nuevo me restregaba tan fuerte que yo me debatía entre la queja lloriquera y la risa cosquillera, todo para que el cura no se ofendiera tocando unos pies costrosos o mal olientes. Me ponía calcetines y sandalias, luego mi túnica de tafetán y mi barba de tile. Al llegar a la iglesia me quitaba los calcetines y me llevaban a sentarme a una de las bancas del presbiterio donde escuchaba adormitado toda la misa, y escuchaba en qué consistía la ceremonia de lavarle los pies a los apótoles y su significado. Al final, dos horas después, llegaba el cura, un jesuita regañón, con su acólito, con una bandeja con agua y la esponjita, se hincaba y nos pasaba suavecito la esponjita por el pie, y que nervios sentía cuando llegaba mi turno, no me fuera a dar cosquilla, o no se soltara algún olor desagradable a pesar de los esmeros maternos. Pero todo salía bien. Y ahí terminaba mi participación, el resto de escenas las preferían hacer con imágenes de madera subidas en andas que cargaban los que se habían anotado para pagar penitencias.
Las procesiones siempre me resultaron muy emotivas, las coreografías de los santos de madera sobre las andas, los motetes que rasgaban las gargantas de las cantoras y los oídos de los escuchas.
Había una procesión que me impresionaba especialmente, la Procesión del Silencio, el jueves por la noche, en la que el nazareno iba encadenado, de blanco y muy iluminado, y que solo lo acompañaban hombres con velas que cantaban por intervalos con voces graves que sonaban trágicas mientras sonaban cadenas que golpeaban contra el empedrado. Al final de la procesión sonaban los tambores solemnes de la banda de guerra de la escuela,  la cual era dirigida por mi Tía Pilan, y ella, por su papel, era una de las únicas cinco mujeres de carne y hueso en la procesión, y se cuidaba de no ser notada. Yo me iba cerca de ella un par de cuadras luego de pasar frente a mi casa, depués me regresaba porque el recorrido entero no me apetecía, y solo me iba a la esquina de la calle de subida, porque lo que me gustaba era verla pasar. Atrás también iba una mujer de madera subida en andas cargadas por las otras cuatro mujeres de carne y hueso. La mujer de madera era la imagen que más me conmovía, y aún ahora que la recuerdo me parece de las más desgarradoras, ejemplo máximo de sadismo católico. Era la imagen de La Dolorosa, la virgen María con su cara compungida y una lágrima en cada mejilla, vestida de negro, y con siete puñales clavados en su corazón. Los siete puñales eran siete puñales de verdad, no eran una evocación, sino una metáfora visual tan cruel como impresionante. No bastaba con uno, dos o tres, tenían que ser siete puñales, porque como dice el motete: "Madre con siete puñales, /Virgen con siete dolores/ haz que tus ojos de flores / laven mis culpas mortales". Aquella imagen provocaba en mi verdadera pasión, piedad, pero sobre todo culpa, porque claro, me pasaban diciendo que todas aquellas atrocidades pasaron por mis pecados, cosa que me tocaba aceptar como dogma porque no entendía qué culpa tenía yo si hace dos mil años yo no había nacido.
La Dolorosa salía de nuevo el sábado por la noche en la llamada pocesión de Dolores, coreografiada y musicalizada para que pareciera el andar tambaleante y desconsolado de una madre adolorida más allá de todo extremo humano, ahí solo iban mujeres cantanto los motetes más trágicos. Yo la contemplaba atónito al pasar frente a mi casa, luego me iba a cada esquina a verla pasar. Mis ojos se mantenían fijos en los siete puñales y el cuerpo se me revolvía inexplicablemente. Era una escena fascinantemente dolorosa, era la sensación que me quedaba siempre, ni la resurrección me la quitaba de la mente, incluso en navidad veía a la virgen del precario nacimiento pensando en que cuatro meses después otra vez, inevitablemente, siete puñales se le clavarían en el corazón.

lunes, marzo 29, 2010

Es tiempo de pintar

Es tiempo de pintar las habitaciones vacías,
hechar nuevos colores sobre las paredes manchadas por la vida,
corregir las apariencias que tanto hemos salpicado de indecencias.

El tiempo es ese niño con un crayon en la mano
dispuesto a la emoción de contemplar
como su mano va trazando lo prohibido,
y a dibujar el histérico regaño de la calma.

Iluminemos de otro tono este silencio,
que la oscuridad no reconozca como suyo estos espacios;
basta renovar las intenciones de la misma escena,
basta la voluntad de una mano batiendo la brocha dócil,
basta creer que este mundo solo es un invento de la luz.

Es tiempo de pintar y de hacerle ceremonia a ese acto simple
de matar el tiempo cubriéndolo todo con espectros químicos,
como si fuera el acto más valiente que el destino nos reclama.

viernes, marzo 26, 2010

Insufrible

Esta ciudad es insufrible, su falta de racionalidad, producto de la irracionalidad de sus habitantes, la hace cruel y cínica. Aquí no hay calles suficientes para tantas máquinas de transporte, y como si eso no fuera suficiente, todas y todos somos amenazas letales al volante. Los buseros son caso muy aparte, ya son la muestra más estrambótica del salvaje urbano, no hay reglas ni noción de la otredad, y mucho menos del respeto mínimo de las leyes que pretenden que haya armonía vial. Lo peor es que todos terminamos pareciéndonos a los buseros, quizá como la única manera de sobrevivir y poder llegar a algún lado. Creo que de alguna manera envidiamos su facilidad para la impunidad y el uso de su tamaño y de nuestro miedo para imponer su reino de caos. Pero no son solo los buseros, también son los responsables de mantener la ciudad habitable. Esa manía de no hacer las cosas completas, de ponerse a cerrar calles para repararlas o levantar un poste que un bisero botó sin usar la señalética urbana necesaria para minimizar el inebitable caos. Los muy brillantes lo publican en los diarios ¿habrán revisado, solo por curiosidad, algún estudio de hábitos de lectura o la tasa de analfabetas funcionales que andan en mayoría por ahí? Es tan fácil odiar esta ciudad, solo basta ser mínimamente realista, verla sin ganas de quererla, solo basta poner los pies en sus exteriores, y sabiendo que es mortalmente peligroso poner literalmente los pies, para saber que queremos que todo sea diferente. No hay ciudad perfecta, claro está, pero si hay una ciudad plagada de imperfecciones, les juro que se llama San Salvador. Y ahí voy a sus fétidas fauces de nuevo, como cada día.

sábado, marzo 20, 2010

Culpables

Hoy, hace exactamente 1000 post, Miguel y Flor iniciaron Un Rao Dúo luego de creerme, en una plática en un lugar cuyo nombre prefiero no recordar, eso de que un blog ayuda a los escritores que están demasiado ocupados para escribir a que escriban. Porque, según yo, un post no debe representar presión profesional/artística, sino que debe tomarse como un divertimento literario en el que el bloguero simplemente se ejercita poniendo por escrito cualquier cosa y en cualquier momento. No sé si a estas alturas de la vida volvería a decirle esas cosas a alguien, aunque sí sé que con seguridad también me creería. Pero el caso es que Un Raro Dúo está lleva ya 1000 post, y esa ha sido la excusa/pretexto/artimaña/ocurrencia para hacer este Raro Recital, en el que de alguna manera me están diciendo que yo no tenía razón, y que un blog puede y quizá debe ser más que un divertimento, que cada post quizá deba merecer ser publicado y expuesto a los lectores, porque al final del día, si uno hace a alguien que nos lea, ese alguien merece leer algo que valga la pena ser leído. Quizá por eso estamos aquí, y por eso hablo como que estoy en una ceremonia académica muy importante, con ese tono ridículo de discurso de película de superación, pero por eso estoy aquí, porque me han querido echar la culpa de Un Raro Dúo, y que yo me declare culpable así como así. Por eso, en mi defensa, diré que yo no les dije que hicieran literatura, hacerla fue un acto alevoso y premeditado de Flor Aragón y Miguel Molina Tobar, cuyas mentes criminales han vomitado letras y frases que no solo pervierten el orden del curso normal de las ideas, sino que lesionan gravemente las emociones. Por eso, señores del jurado, pido que los declaren culpables del atroz crimen de la disidencia y la rebeldía que consiste en hacer en un blog literatura como la que ellos han hecho. Que no les quede ninguna duda razonable, ellos son culpables.

Y para terminar y dejarlos seguir impunemente con sus prácticas delictivas, como prueba 1 presento al acusado uno. Y como prueba 2, a la acusada 2 en mi propia versión de los hechos en la misma escena del crimen.

Esas madrugadas

Esas madrugadas en las que el alcohol es la guía del camino, y generalmente nos lleva a lugares que la sobriedad prohibe. Claro, siempre está ahí (aquí) el mejor amigo, y así, juntos, pretendemos cuidarnos, sobre todo de nosotros mismos. Claro, a veces es una misión fallida. Esas madrugadas nos sacan la indecencia y varias verdades insolentes. Sacan lágrimas y deseos, y alguno que otro portazo, y suelen dejar alguna herida en la mirada, algún te quiero en la garganta, o una insoportable sensación de insuficiencia. En esas madrugadas somos vulnerables y quejumbrosos. Quizá hasta seamos más sinceros, si eso, acaso, es posible. En esas madrugadas nos comprendemos de otra forma y de otra forma nos necesitamos. A veces soy yo, y a veces es él, quien necesita esos paseos oscuros por el escenario sórdido del despropósito. Algo encontramos, algo perdemos, y luego volvemos, en otra madrugada, a tratar de recordar quiénes fuimos aquella madrugada. Me gusta que seamos los mejores amigos de esas madrugadas.

lunes, marzo 15, 2010

Pregunta capciosa

¿Y si un día,
tu rostro no llegara a la cita en el espejo,
tus manos no tuvieran un milagro que contarte
y tu boca decidiera no volver a pecar?

domingo, marzo 14, 2010

Equivocados

Ella tenía razón. Él debió ser un poco más alto, menos necio, ojos miel y moreno, pero la genética es caprichosa. Ella lo decía con la mejor intención, porque sabía que de haber sido así, ella no tendría ningún problema en amarlo con locura, y, de ese modo, corresponder al loco amor que le estaba confesando. Ella era así, racional como pocas mujeres, como pocas personas. Casi era cínica, pero el cinismo requiere cierta intención, y eso ella no lo tenía. Era superficial y vanidosa, quería un hombre guapo, de buen porte, con suficiente dinero para atenderla bien. Ella tuvo razón siempre, desde el principio hasta el final. El equivocado siempre fue él, desde el principio hasta el final. A veces, una larga historia comienza así, por pura equivocación.

lunes, marzo 01, 2010

Ideas en jabón

Hace un rato, mientras me bañaba, justo en la parte en que estoy enjabonado y dejo el agua caliente caer sin necesidad, tuve un súbito remordimiento por el desperdicio de energía que estaba provocando al mantener el calentador eléctrico encendido en un día caluroso. Entonces puse en OFF el calentador, y el agua, obviamente, cayó helada. Cuando el agua cayó helada no me gustó sentirla y apagué la ducha. Y me di cuenta que el agua helada en la ducha en una buena idea para ahorrar energía eléctrica y agua, porque uno solo mantiene la ducha abierta con agua helada mientras es necesario. No sé si alguien en este mundo funcionará como funciono yo, pero compartir esta idea me pareció un buen pretexto para escribir un post, aunque la verdad, pensé que sería un texto más divertido. Ojalá esto le sirva a alguien, de momento a mí me gusta la idea de que, por haberme leído, alguien piense en mí mientras se ducha y se apresure a poner el agua helada.

viernes, febrero 19, 2010

¿La mitad?

¿Por qué la humanidad está obsesionada con creer que cada uno solo es la mitad?

jueves, febrero 18, 2010

Matemáticas

Parece
que
vos + yo
no suma nada ya
ni la mitad de dos

factorizamos sonrisas
como rutina
somos incógnitas
de una fórmula algebráica
que no sirve para resolver nada

hemos corregido tanto
nuestro resultado
y aumentado al infinito
nuestras cautelas
que dar es una cuestión de restas

lo que queda demostrado
es que nos dividimos demasiado
que ya no nos conocemos

de tanto multiplicar velocidad y tiempo
se nos hizo insuperable la distancia

las matemáticas
no mienten
no son como nosotros

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PD: Así escribía yo en 1996.

miércoles, febrero 17, 2010

Cenizas

Llevabas ceniza en la frente y eras un violador, o un ladrón, o un mentiroso, o un homicida, o un explotador, o un tratante de personas.

martes, febrero 16, 2010

Alterno

Usted está ahí: escrito, bien puntuado, tildado, entrópico y literal. Al fin se dejó encontrar. No creí que fuera posible sentirlo más cerca. Usted sabe.

sábado, febrero 13, 2010

Contra el amor

El amor es un dogma, una idea que la mayoría de gente acepta como una realidad existente, y conduce su vida bajo su inspiración y sus reglas. Insinuar que no existe una realidad equiparable a la idea del amor es causa de lapidaciones morales, burlas, acusaciones y sandeces propias de los que defienden el equilibro de su mundo a puras abstracciones. Debo confesar que la idea del amor me gusta, aunque no la crea, como me gusta la idea de dios, más concretamente me gusta la idea de ser dios. Porque son ideas que evitan muchos inconvenientes radicales, aunque traen consigo muchos inconvenientes contingentes.
Ya le costó mucho a mi "primer amor" -y a los que le siguienron- lidiar con estas mis ideas que ya hace 23 años me alejaban del gran público, mucho le cuesta a la gente que se mantiene cerca mío, y no es que se queden porque algo de lo que yo argumente cale el dogma, sino porque me ubican en alguna categoría que les ayude a soportarme: excéntrico, bohemio, amargado, charlatán, sardónico y similares. Yo trato de no pontificar -a veces no lo consigo- porque no quiero adeptos, ni militantes combativos contra el amor, sé bien que no es una postura cómoda para vivir en sociedad.
A nadie le gusta enterarse de que sus relaciones son construcciones sociales con más componentes e intereres materiales que sentimentales. Que una pareja no se mantiene unida por la hermosa abstracción que es el amor, sino por conveniencia social, económica, institucional y, sobre todo, por el legítimo y simple temor a la soledad, y más concretamente, a la vejez en soledad. Todo deviene en una convergencia de patologías que encontramos en el índice de cualquier tomo de psicológía clínica y psiquiatría: ansiedad producto de la baja autoestima, o de inseguridades, o de paranoias, o de un sin fin de traumas y complejos. También desfilan la codependencia, baja tolerancia a la frustración, dependencias de todo tipo, entre otras más. Y sin duda, la parte hormonal (bioquímica) también hace lo suyo, provocando incluso afecciones y dolencias médicas.

Ante lo complejo que puede ser todo esto comprendo a la perfección que se prefiera y se defienda tan aguerridamente al amor como algo real y posible. Es infinitamente más fácil vivir contando con el dogma romántico, al menos es más fácil sobrellevar los episodios más patéticos de nuestra vida, y difrutar los más alegres, creyendo que obedecen al destino que los dogmas nos imponen. Basta enterarse porque se escogió a Valentín, obispo de Interamna Nahartium, en el año 270, como la isignia religiosa de los enamorados: Era un médico romano que se hizo sacerdote y casaba soldados: se dedicaba a casar en secreto a parejas que quisieran formar una familia. Esto le valió la cárcel bajo el mandato de Aureliano, sucesor de Claudio, quien ordenó su decapitaciñon un 14 de febrero de 270. La idea del amor, justifica casi todo, y los seres humanos vivimos para eso, para justificar y justificarnos.

He dicho.

lunes, febrero 08, 2010

Herido

Pero no del corazón, sino del dedo índice de mi mano derecha. Un vaso en la mesa. No encendí la luz. Lo tiré. Se quebró. Me corté. Sangré. Sobreviviré. A esto también.

viernes, febrero 05, 2010

La fuga

"Sin el temor al castigo, no existe el placer de la fuga". Por esa frase que el japonés Kōbō Abe usa de epígrafe en su novela "La mujer de la arena", fue que leí ese libro, de eso hace ya unos 13 años. La novela vale la pena, tanto por su discurso como por su forma: llena de imágenes tan limpias, claras y directas, como impresionantes. Hay una versión cinematográfica, también de un japonés, Hiroshi Teshigahara, que reinterpreta esta historia y entrega una pieza rara e inquietante, que también vale la pena ver. Pero yo aquí se supone que no hago críticas artísticas sino que hago... ¿qué hago?
El caso es que hoy he tenido la mentada frase en mi cabeza durante todo el día, no sé bien por qué, pero sospecho que mi subconsciente me está mandando mensajes, y como no tiene Facebook ni Twitter, utiliza el muro de mi memoria literaria para poner sus "status". Creo que "fuga" es la palabra clave. Creo que mi subconsciente me está diciendo que otra vez estoy en ese momento existencial en que me quiero fugar.
Es que sí. Cuando mis días empiezan a cuadricularse, mis noches a hacerse predecibles y la gente empieza a parecerme indigna de confianza, sé que ni mi aquí ni mi ahora son buena tierra para mí. No es que sea yo el más digno de los seres humanos, pero bien dicen que lo que uno exige a los demás es lo que a uno le hace falta. El colmo es cuando ya no me gusta ni lo que escribo, y eso quizás sea porque no me gusta lo que pienso.

Es viernes, son las 5:55 p.m., estoy a punto de salir de la agencia para irme a mi otro trabajo. No fue un buen día entre las jerarquías... Por lo menos hoy se estrena una buena película, y esa es la fuga posible por ahora. Pasen bonito resto del día.

sábado, enero 30, 2010

Yo extraño en silencio

Quiero que lo sepa:
hace 23 años yo era así,
callado,
íntimo,
desolado,
esquivo,
egoista,
voluntarioso.
A pesar de eso,
la escuché,
la deje entrar,
la acompañé,
le di todas las pistas para encontrarme,
le compartí,
la amé.
Hoy, 23 años después,
la extraño como el que siempre fui.
No se sorprenda,
no dude,
no me pierda,
no busque palabras que yo no encontré.

sábado, enero 23, 2010

Chirajito de Verapaz

Publicado en ElFaro.net. Leer aquí.

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Mi infancia en el hoy tristemente célebre pueblo de Guadalupe, en San Vicente, tuvo siempre agendada una cita frente al televisor cada domingo. Creo que mi cita con el programa "Jardín Infantil" era compartida por la mayoría de la población de mi edad, al menos de los que tenían un televisor y acceso a la electricidad. Lo que para mí era especial era que el protagonista de "Jardín Infantil", es decir "Chirajito", tenía su casa en Verapaz, el pueblo vecino. Su familia tenía una tienda frente al parque central, y mi familia tenía una panadería que les proveía de pan francés todos las madrugadas. A veces yo iba con los repartidores a hacer la ruta, y siempre, desde que mi papá me dijo que esa casa era la de Chirajito, una ingenua emoción se apoderaba de mí cuando llegaba a dejar el pan. Alargaba mi cuello por sobre el mostrador tratando de ver en algún lado al payaso aquel que tanto admiraba.

Es que Chirajino no solo era un payaso: salía en la televisión, y entre los 70s y los 80s, Chirajito era parte fundamental del "star-system" salvadoreño. Nunca vi al payaso. De hecho, él vivía y trabajaba en San Salvador, y solo ocasionalmente llegaba a su casa de origen. Pero un día, que estaba con mi papá haciendo "mandados" por Verapaz, mi papá saludó a un señor moreno, vestido de pantalón azul y camisa cuadriculada en rojo y azul, si mi memoria no me está embaucando. Hablaron un rato y rieron. Yo, como me solía suceder, me desesperaba con las rutinas sociales de mi papá que saludaba a mucha gente y con cada una tenía siempre algo de qué hablar. Esa vez hice berrinche, muy usual en mí, para que nos fuéramos. Mi papá me veía con cara de "esperate que lleguemos a la casa", y como yo sabía que al llegar a la casa no pasaba nada malo, seguía impune haciendo lo propio.

Cuando nos subimos al carro, mi papá me dijo: "Por malcriado no te presenté a Chirajito". Y yo lo miré con cara de niño-incrédulo-sabelotodo, y no dije nada, y mi paciente padre apuntó: "Ese señor era Chirajito". Y yo: "Pero si ni se parece, ese no es, Chirajito no es así", y mi papá solo me dijo: "Vos pensás que anda pintado todo el tiempo, pero no, así es cuando no está pintado". Luego empezó una de las charlas más reveladoras -nunca creí en Santa Claus- en la que me explicó cosas que yo no quería saber, que los payasos son gente normal que se pinta la cara y usa esa ropa solo cuando trabaja, porque resulta que ser payaso es un trabajo y no una especie de humanoide. Claro, esas son mis palabras de hoy, porque no recuerdo las de ese momento. El punto es que según recuerdo, no quise creerle, era demasiado para mi mente tan proclive a la invención y a creer en payasadas.

Unos meses después, gracias a un tío que trabajaba como censor en Canal 2, mis papás pudieron meter una solicitud para asistir el programa de Chirajito, y hacer que se admitiera con mucha más rapidez que lo normal. Me anunciaron que iría a "Jardín Infantil" como con un mes de anticipación, y yo me emocioné tanto que empecé a presumir por donde podía que saldría en la televisión y que conocería a Chirajito -el mío, no ese que mi papá decía- y a Tío Periquito. Yo quería participar en el juego de boliche. Mi hermana, que ya vivía en la capital, me llevó un kit de "bolos" de plástico verde con su bola de boliche de plástico blaco, y así me la pasaba practicando en la sala de mi casa para asegurarme de salir campeón y ser una estrella instantánea de televisión.

Quizá para todo el mundo, pero para un niño en especial, ir al set de un programa de televisión es un poco traumático: todo es falso, pequeño, ensayado, pregrabado y un poco estresante porque siempre hay alguno que no resiste tanta decepción y llora, y luego otro lo escucha, se conmueve y lo acompaña en su dolor, y deben abandonar el set. Yo me quedé, un poco intimidado, pero resistiendo las ganas de llorar, con lo bueno que era haciéndolo. De pronto apareció Chirajito, y todos aplaudimos, estábamos felices, él nos hacía payasadas, nos ponía apodos, se burlaba, todo esto fuera del aire, solo para romper el hielo. Ensayamos aquello de que él decía "¡Chibolaaaa!" y nosotros respondíamos a gritos "¡O nadaaaa!", y luego la canción de Bacaolinita.

Él era todo alegría, gritos y chistes. Ya en persona se notaba que su cara no era naturalmente blanca con esas pecas tan marcadas y que su nariz roja era de plástico. Estaba, pese a mi incipiente orgullo, a punto de creer lo que mi papá decía. Luego empezó la grabación. Nos decían que teníamos que estar en silencio, y luego que teníamos que gritar. Anunciaban que iban los anuncios y los programas de caricaturas, pero no pasaba nada ahí en el set, y seguíamos, sin interrupción, con los juegos. Para mi decepción no fui seleccionado para jugar boliche, sino para reventar globos con la panza abrazando a otro niño. Digamos que me pareció humillante semejante participación, sobre todo después de haber anunciado a todo el pueblo que iría por el campeonato de boliche, pero bueno, pasé por "Jardín Infantil" y conocí a Chirajito.

Muchos años después, cuando mi papá ya había muerto, volví a ver a Chirajito en un Congreso de payasos; yo era periodista de cultura en La Prensa Gráfica y le pedí declaraciones. Tuve ganas de contarle que yo era de Guadalupe, que era hijo de mi papá, que conocía su casa, que era un héroe de mi infancia, que fui a su programa -cancelado hace ya varios años-, pero no, solo le pregunté sobre sus reivindicaciones gremiales y alguna otra cosa de esas que preguntamos los periodistas.

Luego lo volví a ver cuando se metió en política para las pasadas elecciones municipales. Esa fue la única vez, después de aquel encuentro, que lo vi sin maquillaje. No quiero describirlo, no quiero ni escribir el nombre legal. Otros con seguridad van a decir quién era y cómo era el ser humano. Yo prefiero contar cómo era mi Chirajito, el de mi imaginario, el que recordaré. No sé si se parecerá al de alguien más, ojalá que sí, porque a mí me hizo reír y de alguna manera quererlo.

De lo estrictamente biográfico solo quiero resaltar que él era Chirajito de Verapaz, de ese pueblo tan golpeado por la naturaleza y que hoy recibe otro golpecito, que yo sé que se suma al dolor tan grande que ya tiene. Chirajito de Verapaz, este es un homenaje -tardío como todos- del niño-incrédulo-sabeloto, dícese de un marachito que sobrevive paupérrimo en algún jardín dentro de mí, y de más de alguno que me lee.

martes, enero 12, 2010

Extraños

Dos viejos amanecen,
se saben.
Allá en su banco eterno
de aquel parque calculado,
cuentan sus migas y reparten.
Una mano tiembla,
el ojo llora
y no hay voz en qué reconocerse.

sábado, enero 09, 2010

¿Longevidad?

¿Quién quiere, debe, aguanta, resiste, aspira, merece vivir 100 años?

miércoles, enero 06, 2010

El pasado

El pasado es una cosa extraña, nunca es lo que uno piensa, y mucho menos lo que uno cree. A veces es un lugar, a veces es una persona, o un sonido -que bien pudiera ser una canción-, o un olor, o un sabor. A veces te lo podés encontrar en plena discoteca el primer día del año, o en la gaveta superior de tu mesa de noche, si es que no lo viste en el súpermercado o haciendo fila en la taquilla del cine. Tan raro el pasado, tan extraño a veces, ajeno, como que fuera el pasado de otra persona ¿Qué será?

sábado, enero 02, 2010

Propósitos de año nuevo *

Me propongo exagerarme un poco,
afilar mejor mis puntos de vista,
me propongo ser apostol de las verdades que duelen,
por ende, resignarme a tener menos amigos,
y cada día demostrarle a los que se queden que vale la pena.

Me propongo merecerme algunos adjetivos:
difícil, cínico, mordaz, leal, puntual, incrédulo, consecuente.
Me propongo ser más uraño e intolerante con el vacío,
no pretender ser la monedita de oro,
ni regalar mi tiempo a los halagos.
Me propongo cuidarme más de tontos, frívolos y similares,
y aprender más a ser un poco tonto, un poco frívolo y poco similar.

Me propongo dejar claro que he cambiado,
aunque nunca se sepa cuanto.

Me propongo, ser más autocrítico para defenderme de la sinrazón.
Ser más justo con el amor y sus etiquetas.
Me propongo ser más escritor y menos copywriter,
ser más lector que autodidacta,
ordenar mis propias reglas,
saborear mejor cada café,
aferrarme nuevamente a la pantalla grande, aunque sea en una más chiquita.

Me propongo exagerarme un poco,
como ya dije,
quizá sea repetirme,
cansar a la audiencia,
parecer un agotado y conservador del mí-mismo,
y me propongo que no me importe.

Eso me propongo.
Quedan advertidos.



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* Sujeto a ediciones, correcciones, ampliaciones, actualizaciones, sugerencias y arrepentimientos.

miércoles, diciembre 30, 2009

El Tesoro

Este es otro de mis dudosos recuerdos de infancia. El Tesoro. No hablo de mapas de piratas con líneas discontínuas hacia una equis en algún lado que indica un conjunto escondido de monedas o cosas preciosas, de cuyo dueño no queda memoria. Hablo de El Tesoro, la finquita de mi Tía Pilan, justo frente al puente de la Piedra Pacha, en la entrada del tristemente célebre pueblito de Guadalupe, en San Vicente, en el vulnerable país centroamericano que se hace llamar El Salvador. El Tesoro tenía una casita de bahareque, alta como son las casas que tienen tabancos, con techo de teja y piso de tierra. También había un árbol de Amate, grande, viejo, grueso, solitario y silencioso. Había también un abrevadero para vacas, una pilas donde tomaban agua unas vacas que mi papá tenía y que don Lencho pastoreaba y ordeñaba, las mismas vacas que la guerra sacrificó impunemente. En El Tesoro había un cafetalito con árboles de sombra, aguacates, zapotes, pepetos, paternas, zúnganos y alguno otro frutal de eso a los que siempre aspiré a subir, pero pocas veces me atreví, mi valor siempre ha sido intermitente y bipolar. Una vez pregunté porque se llamaba El Tesoro aquella finquita, y mi Tía Pilan, que era dueña de maravillosas respuestas, me contó que su nombre le fue puesto por la Historia, porque según contaban, el Amate mencionado y la casita habían sido los únicos testigos sobrevivientes de una correntada descomunal que a finales del siglo XIX arrasó con El Rincón Grande, un pueblito que yacía ingenuamente en la falda del Volcán Chichontepeq. Luego de tal catastrofe, el pueblo se trasladó, se ubicó exactamente apartir de esa finquita, a la que empezaron a llamar El Tesoro porque era el único recuerdo de aquel pueblito original y de su gente. Se pensaba ingénuamente que las correntadas no pasarían de El Tesoro y que al moverse a un costado de él estaban a salvo. El nuevo pueblo se llamó Guadalupe, porque decidideron ponerle patrona a la parroquia, y esta sería la representación mexicana de María, la virgen madre de Jesucirsto, según la tradición del santoral católico. Claro, mi Tía Pilan no es tan fría hablando de la Virgen de Guadalupe, pero yo me he hecho un poco descreído de un tiempo para acá. La cuestión es que, si son lectores detallistas, habrán notado que conjugo los verbos en pasado, y es así porque a El Tesoro se lo llevó la correntada recién pasada de principios del siglo XXI, esa del Ida, que bajó bajo la lluvia y tanta muerte y susto sembró por esos rincones olvidados de la previsión. El Tesoro de mi Tía Pilan es ahora una playa extraña sin aguas que lleguen a morirse en esas gruesas arenas que soportan peñones como de las ánimas. Quizá El Tesoro la tenía jurada desde finales del siglo XIX, quizá quedó ahí como aviso al futuro de que por ahí es el paso errático de la naturaleza sin dios que le dé piedad. El Tesoro de mi Tía Pilan es fue el principio y el final de un cuento largo, olvidadizo y fatal.

miércoles, diciembre 23, 2009

Pregunta prestada I

Hoy, después de leer algunas reflexiones de Ernesto Sábato, se me impuso una pregunta prestada: ¿Mi romanticismo extremo no me ha terminado por convertir en algo así como un ateo del amor?

martes, diciembre 22, 2009

¿Te esperaré?

¿Te esperaré? Este es sin duda un arranque de exagerado dramatismo quizá estimulado por el frío y el miedo al insomnio. Es que insomnio y frío no conjugan buenos verbos. ¿Te esperaré? Pues si me da por hacerle caso a las cartas de aquella gitana improvisada, sí te esperaré; si me da por hundirme en aquella mirada desamorada, no te esperaré. ¿Alquien tiene una margarita confiable?

domingo, diciembre 06, 2009

Ahora no

No,
no voy a asustarte con versos intensos y en exceso prematuros,
más optimistas que merecidos,
ni a escribir épicas románticas por una primera noche,
no voy a reescribir ni el Génesis,
ni mi biografía,
ni el índice de mis patologías,
ni mi testamento;
tampoco voy a marcar fechas,
ni a abrir un archivo de recuerdos,
ni a vaciar portarretratos,
ni a sumar almohadas,
ni cepillos de dientes.
No voy a alterar mi dieta,
ni mis horarios cardiovasculares,
ni mis nickname,
ni mis estatus en redes sociales.
No voy a hacer un plan,
ni a deshacerlo.
...
Ni siquiera voy a terminar este poema.
...
..
.

domingo, noviembre 29, 2009

Nadie merece un novio poeta:

Nadie es tan malo;
ni tan bueno.

jueves, noviembre 26, 2009

La Antigua de cerca

En la Antigua Guatemala uno camina desconfiando de la historia, tropezándose con el desvarío propio y con el de una ciudad entregada al cliché de esa bohemia renovada de los turistas-salva-pobres, a la ataraxia impostada de los artistas repentinos, a la voracidad de sexópatas oenegeros. En Antigua Guatemala la belleza es falsa, escénica, desdentada, restaurada, indignada. En su ruina está su secreto públicamente inventado. En cada trozo de ciudad está su olvido. En cada fotografía que tomo está mi pecado.





























Como la Flor (o "Retrato hablado de Flor Aragón en el día de su cumpleaños) *

Chalina, mascada, chales, colores de aquí, collares, pendientes, como colgantes tribales, mirada grande, mirada esquiva, uñas presentes y tobillos cubiertos. De habla recortada y risa contralto, boca de bolero y pluma en conflicto. Como la flor, la Flor a veces no está, solo es cuando llega su primavera anárquica sin horarios puntuales ni cita previa. Mamá con creces y mujer devota de lo que pudo ser. Mujer de nubes y mujer nublada, mujer de muchos dedales y de pocos dedos. No la conozco bien, solo la he visto pasar, a veces sentarse y confesarse por escrito sin decir ave-maría-purísima y sin querer absolución. Como la flor, la Flor sigue una luz, una fuente, el viento y quiere elevarse de la tierra y ser como una nube, una nube que quizá sea una Flor de cielo.






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* Esta es la versión original de mi felicitación a Flor Aragón que no cupo en el formato del Raro editor... Pero sabemos que allá y aquí están las mejores mejores intenciones, mías y del editor en cuestión.

domingo, noviembre 15, 2009

De este lado *





Cuando se está de este lado,
parece que a uno le tocó el lado más feo,
porque aquí nada es del todo cierto,
nadie se atreve a confiar del todo,
y cuando se quiere, se quiere demasiado;
los colores son impertinentes,
el adiós más frecuente,
las cigarras holgazanean
(entiéndase cantan)
todo el año.

Los del otro lado, a veces, dejan que uno se acerque,
pero siempre, generalmente cuando uno ya los quiere,
deciden que mejor siga uno aquí y ellos ahí.

Aquí la soledad es como el aire,
hay una gama inmensa de maneras de estar solo,
ya no depende de si hay alguien más o no.

Aquí los evangelistas tienen otros nombres
y el Mesías termina siendo uno mismo.
La fe no es tan necesaria,
es más necesario que haya estrellas cada noche.

Aquí es posible existir:
con plumas, lápices y papel;
café y voluntad... algunos podemos soñar.

Aquí lo que no hay es mucha lógica,
pero hay ganas de aprender,
hasta es posible que algún día estamos allá (quizá),
pero ellos aquí... quién sabe.

Lo cierto es que aquí se está,
no bien,
mal tampoco:
se está.

Aquí, de este lado,
del lado de los que no tenemos razón.


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* Este es un poema de otro tiempo, quizá de 1995, que viene hoy al cuento porque KR me los recordó en su comentario a mi post "Quizá sí", y aquí se lo dejo como una forma de agradecer su atención a mis palabras. Este poema es parte de un poemario que publiqué en 1997, que contiene poemas que nunca habían pasado por una computadora, ni por un editor parece (con el perdón de mi editor de entonces), y al transcribirlos los voy editando, corrigiendo y a veces aumentando. Es un ejercicio raro, pero lo disfruto, y por ratos lo resiento.
La grabación del audio se realizó en 1998, en el estudio de Roberto Quezada, una producción doméstica que tenía la única intención de ser un recuerdo de una serie de recitales que junto con Tania Molina dimos en ocasión de su despedida. 

sábado, noviembre 14, 2009

Tiempo muerto

Me aparece el sol como una franja perfecta y caliente sobre el piso que miro porque algo tengo que ver cuando no puedo cerrar estos ojos, tan pegados a mi cara como mi nombre a mi sombra. ¿Me va a aparecer la luna?

martes, noviembre 10, 2009

Quizá sí (o un descarado gesto de vanidad)

Hoy es un día en que dudo de mí y en lo más profundo. Por suerte tengo una Amiga, así con la A más mayúscula que pueda dibujarse, que siempre (22 años ya) ha sabido convencerme de que algunas cosas las hago bien. Lo que sigue es quizá un descarado acto de vanidad, un patético gesto de autocomplacencia, el post más ególatra que he escrito, un ridículo intento de reconstruír mi deslavada autoestima. Ella, que quizá posea el archivo más grande de mi producción literaria, me mandó un correo con una selección de sus frases (o versos) favoritas. Yo sé que es su manera de ponerme frente a su espejo, y al margen de que leyéndome así, a través de otra peronas, hasta he dudado si soy yo el que escribe, el que ha escrito. Quizá sí sea yo un escritor que vale la pena leer, ojalá que sí, porque así ustedes, queridos lectores y queridas lectoras no están siendo estafados por un charlatán.

Procedo al impúdico acto de publicar el gesto de halago más bonito que me han hecho en mi vida:

Algunas de mis frases favoritas de mi amigo y poeta
Por Alicia Salum

"Sabe compañera vivo de su sonrisa y aprendo de la libertad de su lágrima lo que me hace falta para sentirme hombre"

"Lo peor del café, del buen café, son los buenos recuerdos"

"Hazte imposible. Dilúyete en distancias, esperas y silencios."

"Perdoname soledad, pero a veces no venís tan sola."

"Un día le entregué mi vergüenza... y me quedé sin las dos: desde entonces escribo."

"Propuse tu cuerpo al Sistema Métrico Internacional, porque últimamente es la referencia de todo lo que mido"

"El ayer es un niño solo que llora acurrucado en los poetas, esos que no entienden bien qué es eso del mañana."

"Leo los versos de la mañana y dudo seriamente beberme sus promesas."

"...¡Y si descolgamos la luna!"

"Hay veces en que no es el café, es la compañía, es la locura suelta en el manantial oscuro de olores y palabras."

"Declarate habitable para que yo pueda poblarte. Separá tus aguas de tus tierras, y bañá de bosque tu monte y tu valle. Liberá el cielo del fuego y reinventá cada pez en tu humedad."

"Te me antojás en mieles con cáscara, a veces tierno fruto, a veces maduro a punto."

"Nadie es poeta hasta que se da cuenta y el verso cae por la mejilla."

"Te quiero y lo digo así cuando estoy solo, porque guardo para mi solo lo cierto."

"La soledad es un punto y coma; continuar la vida sin perder la frase."

"Soledad, esa palabra que hace poetas."

"Soy en tu voz cuando me hablas."

"Tengo dos soledades enteras, la mía y la que vos me dejaste."

"Mi vida no es tan fácil como se lee."

"Tenemos un recuerdo, y nada más. Yo toqué su mano por accidente, y nos vimos en los ojos asustados del otro, y nos reímos para siempre, como en la fotografía de un único recuerdo."

"Solo sé que en tus ojos te llevaste algo mío envuelto en un siempre que creció en el vientre del tiempo..."

"No te vi y me sentí ciego."

"Cuando sé que venís es como si viniera con vos algo de otro tiempo, una belleza desconocida, una intriga motivante, un adjetivo rimbombante, una voz redentora una sonrisa nueva y mía."

"Nunca un sábado me había parecido tan domingo como este"

"Ella siempre tiene algo en las manos, a veces sus propias manos"

"Odio los automensajes del messenger, las contestadoras de casete, los buzones de voz, los recados en la refri, los post-it en la compu, odio la ausencia descarada."

"La espera tiene un sabor agridulce."

"El poder es una cosa que no entiendo, pero parece ser que sería como sería dios si fuera. Una aspiración inagotable y enajenante capaz de envilecer y santificar al mismo tiempo. ¿Ven como no lo entiendo?"

"Al final todos los distintos somos iguales."

"La poesía es una tibia sensación en las amígdalas, que está ahí y que a veces no duele pero que otras veces se desquita siendo una llaga despiadada que abre las pústulas del dolor e inunda de gemidos estentóreos cada trago de vida"

"Te vi atardecer mientras atardecía"

"Con la lejanía es más fácil, se siente con todo el cuerpo, y a pesar de todo el vacío no caben las dudas”

"¿Por qué será que a veces me resisto a contar lo maravilloso? Tal vez no sea resistencia, solo incapacidad."

"Es difícil ponerle buena cara a este mal tiempo."

Pues ya, y que la historia me juzgue.

Ah, infinitas gracias Alicia. Quizá sí.

domingo, noviembre 08, 2009

Mal tiempo

Es difícil ponerle buena cara a este mal tiempo.

....................

jueves, noviembre 05, 2009

La tentación del pasado

"Todo tiempo pasado fue mejor" dicen por ahí. Quizá no sea, como no es ninguna, una verdad absoluta, y mucho menos objetiva, pero lo cierto es que se trata de una percepción que se llega a instalar, y cada vez con más fuerza, en la medida que más tiempo pasado se acumula. El tiempo nubla, desenfoca, difumina lo vivido, y a veces, en el presente de cada quien, esa imprecisión se hace cómplice de los deseos, de las frustraciones, de las aspiraciones en la actualidad de cada uno. Quizá sea porque lo vivido tiene esa magia: la de lo vivido. Quizá sea porque la memoria, a veces, escoge darnos, al menos, la sensación de felicidad trayéndonos solo lo bueno de lo vivido, o bien minimizando lo malo. Así se convierte el pasado en una tentación, en un posible refugio ante la incertidumbre de cualquier intento de procurarnos futuro. Es por eso, quizá, que a veces tentamos al pasado, lo invocamos, lo buscamos, lo acosamos con la esperanza de que no sea como fue, sino como quisimos que fuera, que haya sido.

viernes, octubre 23, 2009

Escribir en la espera

Lo mas útil y complicado de los telefonos con wifi es escribir un post mientras se espera por alguien en un bar cubano en pleno San Salvador. Es lenta la escritura, casi al ritmo del son y el danzón que suena de fondo. Uno escribe con un palito con punta, por uno tiene dedos inexpertos para una pantalla touch. Pero lo lento es conveniente para la espera, por que se pasa el tiempo más rápido o uno le pone menos atención. Poner tildes es complicado, pero es divertido exigirse corrección en esras circunstancias.............. Asoma el objeto de la espera, hay que dejar de escribir y empezar a hablar: empieza lo más complicado...............

viernes, octubre 16, 2009

Jamás

"Jamás" es un conjuro que hace problable lo prohibido, una forma de invitar a la insolencia, de salirse una vez más de algún encierro neuronal. "Jamás" es una trampa que no tiene cierres, ni filos, ni aldabas. "Jamás" es el miedo de la voluntad, la diplomacia en el espejo, una manera de sobrevivir, un deseo de borrar toda huella de imposibles. Es lo que sé, pero no lo repita jamás.

De alguna manera

jueves, octubre 08, 2009

Debilidades poéticas

Hablaba anoche con Cristina Peri Rossi (la leía en voz alta pues) y me encontré de súbito palabreando este poema, de esos que me dan ganas de robar, de masticar y tragar para hacerlo visceralmente mío. Son de esas debilidades poéticas que me permito de vez en cuando...


LECTURA DEL DICCIONARIO

De pequeña, creía que el diccionario
era un arca inmensa y de papel
donde se guardaban todos los objetos
de este mundo
a escala reducida

Y rebuscando, podía encontrar
el arcón en el fondo de la A
la báscula en la B
la moneda en la M

Ahora
en los días melancólicos
de tu ausencia

busco en el diccionario
no ya los objetos
que nos pertenecieron

(el faro de Eduardo Sanz
la entrada de cine con vale para una almuerzo
en Pans & Company
los vasos de vidrio tallado que compraste en
la última tienda de vidrio soplado, calle Valencia
de Barcelona)

sino el nombre del perfil
que dibuja la lluvia en mi ventana
(lluvia de abril, lluvia de mayo)

garduño, mamífero carnicero
de cabeza pequeña que busca
alimento durante la noche
en las crías de otros animales

origen incierto de la palabra garete

nuestro amor se fue al
origen incierto o
desconcierto:
quiere decir que aquella partitura
ya es en realidad un soliloquio

la soledad de un loco
que mata sus recuerdos
con palabras

o todo lo contrario:
los alimenta, los cultiva,

como el garduño, pequeño mamífero
que se alimenta de las crías de los otros.

Mercedes Sosa: "Me muero, te muero, nos morimos..."

Esto no quiso ser una necrología noticiosa, por eso se tomó su tiempo antes de dejarse escribir. Murió Mercedes Sosa, y su muerte me agarró con una tristeza previa en plena instalación que no dudó en recibir la compañía de una tristeza por la cantora. Mercedes Sosa es un lindo cliché de los que no sabemos bien si llegamos a la revolución por la poesía o a la poesía por la revolución, parafraseando a Dalton. Mercedes Sosa es un lindo lugar común en la historia de todos los que hemos ido y venido del futuro al pasado y viceversa. Mercedes Sosa es una inesquivable voz que satura mi conciencia de hoy con melancolías y esos remordimientos propios de un pequeño burgués arrepentido, parafraseando a Benedetti. Mercedes Sosa fue voz de maravillosos poetas y potente instrumento de músicos afortunados, no sé si alguna vez escribió alguna letra o compuso alguna música, nunca me importó para disfrutar del arte que le fue tan natural como fantástico. Mercedes Sosa duele de esa manera inexplicable y que se antoja como irracional, si solo la vi dos veces, y ella no me vio nunca, ella arriba en el escenario y yo abajo en la multitud de conmovidos. Pero yo la quería (o la quiero ¿uno deja de querer a los muertos?) por razones estéticas y por agradecimiento. Mercedes Sosa en mi vida fue revelación, compañía, consuelo, llanto, vino, fiesta, esperanza, indignación, belleza, olvido, reencuentro, guitarra, canto, vigilias, amores, despechos, amistad, vida. Y escribo con un nudo entre los dedos, y dejo que ella misma cante lo que siento, como tantas veces lo hace, poniéndole su viva voz a un poema de otros de mis amados muertos, Jaime Sabines. Los dejo en buena compañía.


lunes, octubre 05, 2009

Me sobra

Me sobra una Coca-Cola en mi refrigerador.
Me sobran unas rosas secas en la pared.
Me sobran las ganas de comprarte un mostro encantador.
Me sobra un cepillo de dientes.
Me sobra un puñado de poemas no deseados.
Me sobran horas en el día,
minutos de llamadas,
películas malas que disfruto sin confesarlo,
abrazos para abrazar la noche,
pensamientos que gastar de día.

Me sobran buenas intenciones,
y sesudas razones,
una serie organizada de planes de futuros inmediatos.
Me sobran viajes cortos y viajes largos,
un manual de buenos modales y silencios de cortesía.
Me sobran miradas, canciones, esperas y almohadas.

Y quitando lo que sobra,
quedo sólo yo.
Solo yo.


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* Poema sujeto a crecimiento cotidiano.

viernes, octubre 02, 2009

Ausente

Te veo ahí, quieto, silente, tan parecido a lo ausente. Te veo. Te veo. Te veo y no sé. Y de tanto verte parece que no estás, que no estuviste, que no estarás.

martes, septiembre 29, 2009

Un día de esos

Este es un día de esos, y de aquellos, en los que todo pasa, como en la vida misma, pero pasa en poco tiempo y abruptamente, que nada se puede disfrutar ni lamentar como se debe. Son días intensos y variopintos, tan largos que uno duda si el tiempo es el mismo para todos, si vivir significa algo similar para los demás, si vale la pena negociar el alma por un puñado de sueños ajenos. Este es un día de esos es que uno se queja de estar bien, pero no tan bien como se supone. Pero bueno, uno es así, en días como estos, y en el resto. Buenas noches.

jueves, septiembre 24, 2009

Vómito esdrújulo

Álgido, apócope, área, áureo, brótola, cálico electrónico, carpetovetónico, catódico, chiripitifláuticos, colérico, cómitre, cópula, crápula, crótalo, decápodo, decrépito, ecléctico, enciclopédico, espantapájaros, exégetas, fanerógama, folículo, gasterópodo, glúteo, hipócrita, hipódromo, histérico, íncubo, isósceles, lapislázuli, mayestáticos, metalúrgico, muérdago, murciélago, náusea, óleo, óseo, oxítonas, parasintéticas, paroxítonas, pínula, proparoxítonas, prosódico, psicotrópico, selúrico, sicómoro, súcubo, tentáculo, vorágine... bitácora despótica sin escrúpulos estrámbóticos con ínfulas neoclásicas sin propósitos semánticos.

miércoles, septiembre 09, 2009

Piedad

Si alguien sabe una manera segura de escapar, una manera digna de renunciar al bienestar, a las contantes quincenas, a la facilidad de no tener que ser yo. Si alguien sabe donde quepo con mi ingenuidad diletante, donde se puede vivir articulando palabras, donde se puede perseguir sin miedo la belleza. Si hay alguien, tenga piedad y guárdese el secreto.

jueves, septiembre 03, 2009

Christian Poveda

Le dispararon en la mirada, quizá uno de los tantos que tanto había visto, quizá uno desconocido que se vio en su mirada. Quizá fue una venganza, quizá fue desafío, quizá fue una iniciación de las que vio tantas veces. Quizá Christian Poveda sabía que era posible la muerte, pero no quiso que su mirada perdiera el optimismo. Yo no era amigo de Christian Poveda, ni conocido, quizá lo vi alguna vez, quizá me vio, quizá nos dimos la mano, yo solo vi lo que él hacía ver, y quizá me dio miedo lo que vi, miedo por lo que él veía, quizá miedo por él, quizá miedo por mí. Pero quizá Christian Poveda vio algo superior al miedo, quizá algo parecido a la esperanza, para poder seguir creyendo y viendo y siendo.

lunes, agosto 31, 2009

El cuarto hijo

Cuando mi madre iba a ser madre por tercera vez, el doctor Navarrete, que era el doctor de la familia, le dijo que durante el parto la esterilizaría porque temía que un cuarto embarazo no fuera muy bueno para su salud. Mi madre no dijo mucho. Mi madre nunca dice mucho, ella siente, calla y hace. Mi madre y la próspera familia Menjívar Quintanilla vivía en Guadalupe, un pueblo en el fondo del Valle Jiboa, en San Vicente, y toda atención médica, incluyendo los partos, tenían que ser en la ciudad de San Vicente, la más cercana. Llegado el día 17 de septiembre de 1969, mi madre supo que había llegado el momento de parir, y muy callada tomó su vida y a solas con su hija que asomaba, viajó en sentido contrario a San Vicente, casi huyendo, viajó casi tres horas hacia San Salvador, llegó, como pudo, a un hospital de la Colonia Roma, donde atendían a maestras, y se internó de emergencia de parto. No dijo mucho tampoco. No dijo que tenía indicación de esterilización, ni dijo que estaba ahí con doctores desconocidos y sola, y no con el doctor Navarrete ni con la familia, precisamente porque no quería ser esterilizada, porque ella, aunque no lo dijo, quería tener su cuarto hijo: "yo te quería tener", me dice y me mira con brillos, cada vez que me cuenta esta historia real-maravillosa. Cinco años después me tuvo, un 23 de agosto, en la madrugada, en una hora imprecisa hasta para los signos: No tomé leche materna porque la sequé pronto (el "secaleche", me dicen en familia), fui intolerante a la lactosa y crecí con leche de soya, me diagnosticaron anemia crónica, usé zapatos ortopédicos, fui un niño llorón, consentido, frágil, caprichoso y berrinchudo, además un poco mentiroso-fantasioso y medio raterito, un travieso solitario, tuve perros, gatos, conejos-come-flores, pollos-azules y chompipes, que ponía a dormir juntos. Fui feliz sembrando geranios y claveles, odié el fútbol, fui acólito creyente, después fui un apóstata precoz pero con razón y causa, me hice rebelde, libertino, contestón y desobediente, fui subversivo y me salí del guacal, un poco inútil, fui otra cosa, siempre otra cosa de lo que mi madre quizá quería que fuera su cuarto hijo. Pero, a pesar de todo, cada año, cada agosto, mi madre que poco dice, me dice siempre "yo te quería tener", y aún lo dice sonriendo.

lunes, agosto 24, 2009

La risa fácil (ó dando largas al post de Cumpleaños)

La gente de oficina, a veces, ríe escandalosa por cosas que a mí no me causan ni sonrisa, y eso que hago todo mi esfuerzo por ser gente de oficina. Claro, si esas cosas que a mí no me dan risa las dice un cliente, la risa esa escandalosa toma un tono de celebración desproporcionada, a manera de hacer sentir al cliente un humorista profesional. La risa fácil, o es un don, o es un mal hábito, depende la circunstancia quizá, lo cierto es que nunca voy a confiar del todo en las gentes portadoras de esas risotadas chillonas, acaso vulgares, invasivas y desconsideradas, propias de la prepotencia impostada para disimular la falta de inteligencia social y emocional. También es cierto que la risa fácil es rentable, trae y mantienen negocios, y eso hace a la gente de oficina buena gente de oficina. Yo quizá este condenado a ser un impostor entre gente de oficina, y un impostor de poca risa, eso sí.

martes, agosto 18, 2009

Aforismos sobre el ocaso

1
Cuando las cosas parecen terminar puede ser que en realidad estén terminando.

2
Una manera cruel de evitar un final es prolongarlo.

3
Una manera hermosa de convocar un final es dando las gracias.

4
Uno sabe con seguridad que algo terminó cuando sabe que algo nuevo está empezando.

5
Uno le teme al vacío del final hasta que sabe que el salto es acompañado.

6
Cuando no hay más razones que el miedo a empezar de nuevo, el final ya pasó.

7
Hay quienes duermen, por costumbre, con la costumbre.

8
A veces no nos merecemos el final que necesitamos.

9
Dice Ismael Serrano que el amor es eterno mientras dura, y yo le creo.

10
Lo más hermoso de ver el sol cuando se va es saber que regresa para irse de nuevo.


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Aclaración innecesaria: el contenido de este post es completamente original del autor ®©

lunes, agosto 10, 2009

Cielos a la antigua

Me pasaba siempre con los cielos, antes, cuando viajaba solo, y miraba al cielo en Guadalajara, en Panamá, en la Habana, en el Mediterráneo, en Cartagena de Indias, en Caracas, en Guatemala, me pasaba siempre que veía el cielo distinto, con otra luz, no sé, como más alto, no sé, como más bajo, no sé, siempre raro, distinto, siempre otro cielo, ni más ajeno, ni más mío, simplemente otro. Entonces teorizaba: el cielo también tiene fronteras, y cada país tiene un cielo propio y distinto, y esto ayuda a que los ciudadanos sepan ubicarse dentro o fuera de su país solo con mirar al cielo. Lo curioso es que yo era el único ciudadano que notaba esta diferencia, y, con el agravante de ser poeta (sic), cada vez que se lo mencionaba a alguien, ese alguien en cuestión me miraban con esa mirada de lástima, no sé, o de admiración, no sé, o de respeto, no sé, o de burla, no sé. Entonces lo dejé de mencionar y me sentí dueño de un secreto maravilloso que solo yo conocía, que solo yo comprendía. Pero resulta que por alguna razón que aún no conozco, dejé de mirar tanto al cielo cuando viajaba: creo que pasé un viaje entero por Bogotá sin ver el cielo, porque no recuerdo el cielo de por ahí, tampoco recuerdo el cielo de Frankfurt, ni recuerdo el de Nueva York, aunque ese sí lo vi porque tenía que ver como lo rascaban los edificios, pero el cielo fue entonces solo el fondo, no la forma. Así pasaron otros viajes, sin cielos extraños que recordar, hasta mi más reciente viaje a Guatemala, a la Antigua Guatemala, donde me volví a encontrar con otro cielo extraño, extranjero si quieren.




No era por las nubes oscuras, ni por los volcanes, era otra vez ese no-sé-qué que me hacía sentir lejos, extraño, extranjero si quieren, con cierta libertad, con cierta desconfianza, con cierta felicidad y cierta nostalgia.





Lo cierto es que fue un reencuentro con esa parte del cielo que me corresponde, y no hablo de religión, sino de helio, espacio e inmensidad, de un delirio de mi ego, de ese cielo que quizá esté adentro, no sé, o demasiado afuera, no sé.




No pude, ni quise, evitar el recuerdo del poema de Mario Benedetti que copio a continuación, porque explica, en la medida que esto es explicable, algo de esos otros cielos, que por lo visto acosan a algunos por ahí.

No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio

no existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin como es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón

no existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan dificil
siempre te faltaría el pino del crepusculo

eso es por que se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegue al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.


Si quieren oirle el poema al propio y siempre vivo Mario, y ver otros cielos también, les dejo este audiovisual que tiene ese no-sé-qué que tienen algunos audiovisuales que lo hacen a uno sentir nuditos ahí, aja, ahí donde se hacen nudo las emociones.



Hasta otro cielo.

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PD: Las fotos las tomé con mi cel de apenas 2 megapixeles, pero algo se ilustra la cuestión. Y confieso que las tomé para traérselas a Flor que gusta de las nubes con ese no-sé-qué. Así que ahí están Flor. Ah, y bueno, también me acordé de Miguel que anda bajo otros cielos, pero no sé si se ha dado cuenta.

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