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miércoles, marzo 11, 2015

Caprichoso

Si te quiero querer
te voy a querer
aunque no quieras
aunque no puedas
aunque te mueras
aunque me hieras

Si quiero escribir
voy a escribirte
aunque no leas
aunque me ignores
aunque lo olvides
aunque me borres

Si quiero vivir
Voy a olvidarte
aunque me olvide
aunque no llores
aunque yo muera
aunque recuerdes

Si quiero volar
Voy a buscarte
aunque te encuentre
aunque me pierda
aunque yo suba
aunque me queme

Si te quiero querer
te voy a querer
aunque me invadas
aunque te burles
aunque no existas
aunque me quieras

lunes, septiembre 01, 2014

Volver a los cuarenta

Sí, yo siempre me quise ir. Estaba seguro de que me iba a ir. Sabía que me iba a ir. Si mi hermano se había ido yo también me iba a poder ir. Pero no me fui. Me quedé. Me quedé porque la vida empezó a contradecirme muy temprano, a podar mis mapas, a humillar mis vuelos, a empujarme hacia mis profundidades, a encerrarme en mí, a poner candados, a condenarme a una libertad condicional con todos los regresos obligatorios. Lo más duro fue cuando se empezaron a ir los amores, los amigos, los vecinos, los compañeros, los conocidos, los anónimos, los comunes. Uno a uno, unos contentos, otros llorando, se fueron. Yo me quedé, yo que sin decirlo lo gritaba: "¡Me voy a ir!", decía el niño empijamado. "¡Me voy a ir!", decía el puberto sangrado. "¡Me voy a ir!", decía el adolescente revolucionado. "¡Me voy a ir!", decía el suicida resucitado. "¡Me voy a ir!", decía el adulto empecinado con La vida está en otra parte bajo el brazo. "¡Me voy a ir!", dice el enajenado por las despedidas, el helecho que nunca echó raíces porque las raíces rompen las maletas, el ilusionado que nunca se hizo de un futuro cercano, el hombre encerrado que cumple cuarenta años y no sabe qué es exactamente lo que ha cumplido, el irresponsable que se queja en público de sí mismo esperando aplausos y algarabías, el que se ha quedado para darse cuenta de que lo peor de nunca haberse ido es no tener un lugar para volver.

lunes, mayo 05, 2014

Cinco

Mi papá jugaba a la lotería y siempre compraba billetes que terminaban en 5, era su número de la suerte. Las placas de los carros que teníamos terminaban en 5. Siempre pedía el 5 en las listas de las rifas que hacían en la escuela, en la iglesia, en la alcaldía. No recuerdo que haya ganado algún premio ni que el 5 definiera algún evento especialmente vital que no fuera el de su muerte: a las 5:55 p.m. del quinto día del quinto mes de 1988, en la cama 5 ¿de la quinta planta del hospital?

martes, abril 30, 2013

Martes


Iba a escribir algunas ideas para despistarte. Pero el silencio seguirá siendo la mejor manera de extrañarte cada vez que llega un martes.

lunes, agosto 06, 2012

Mi mundo raro

Nunca puedo dormir con el cerebro cantando, o llorando, que hoy resulta ser lo mismo. Hoy —ayer y mañana— murió Chavela Vargas, tal como ella misma lo había prometido en anuncios sin espanto ni tragedia. Murió como un silencio: dando paso al ruido infinito de la vida. Murió dejando un mundo raro: el mío.



Un mundo raro en el que uno sustituye confidencias con canciones, en el que uno abraza cada voz que lo consuela en esa tristeza primigenia que no encuentra explicaciones ni remedios. 



Un mundo raro, colorido y delicado, lleno de esos tiempos vacíos que dejan las simples cosas. Y ahí se queda uno como esperando algún sol de mediodía, pero solo llegaba Chavela soñando el regreso.  



Y así te espero de ahora para siempre, es un mundo raro en que no se puede vivir sin soledades.



Cuántas respuestas te escuché llorando, cuantas preguntas me dejaste cantando. Cuánto te debo Chavela, esta paz, esta compañía, este mundo raro.

lunes, julio 09, 2012

El amor de Higgs

Pudo ser una tarde, porque las tardes son proclives a la búsqueda. Pudo ser un martes, porque los martes son proclives a la fuga. Pudo ser en un bosque, porque los bosques son proclives a los cuentos. Pudo ser un físico, porque los físicos son proclives a la angustia. Pudo ser la materia, porque la materia es proclive a las preguntas. Pudo ser una ecuación, porque las ecuaciones son proclives a la eternidad. Pudo ser un presagio, porque los presagios son proclives a cumplirse. Pero —y en esto solo especulo— también pudo ser el amor, porque el amor es procilve a esas colisiones que desintegran en ínfimas como infinitas partículas todas las esperanzas conocidas.

viernes, junio 01, 2012

El buen perdedor

Algunos elegimos las batallas que queremos perder. Entonces vamos perdiéndolas con decisión y esmero. La estrategia es la verdad, decirla siempre, religiosamente, kamikases, amantes suicidas arrojándose al abismo de lo (im)posible. El truco infalible es exigirla siempre. El resultado siempre inevitable es cinismo vulgar, ese que se disfraza de "soy sincero". Y uno pierde un par de camisas, unos pesos, la vergüenza, unos gramos de esperanza, un tiempo precioso en inútiles consejos y simulacros lamentables de tierna comprensión del sintenido. Pero uno sabe que no se gana bien, no del todo, frente a quien se vive perdedor. Entonces termina, una noche, en esa hora precisa e inequívoca en que felizmente se recuerda que fue uno, nadie más, el que eligió, desde que abrió la puerta, perder.

sábado, abril 28, 2012

— Peleándome con vos a tus espaldas

Si el jazz es un cliché, si Bolaño es un cliché, si Tarantino es un cliché, si Foucault es un cliché, si el whisky es un cliché, si Kapuściński es un cliché, si el café gourmet es un cliché, si Manhattan es un cliché, si la Cafetería Bella Nápoles es un cliché, si The New Yorker es un cliché, si la cocina de mi madre es un cliché, si Dr. House es un cliché, si Hora de la cenizas es un cliché, si Orson Welles es un cliché, si la sabiduría de mi abuela es un cliché, si un Blog es un cliché, si Scrabble es un cliché, si la muerte de mi padre es un cliché, si el frío de Europa es un cliché, si ser Ateo es un cliché, si las Mac son un cliché, si la Habana Vieja es un cliché, si Luna Park es un cliché, si la poesía es un cliché, si Mujeres al borde de un ataque de nervios es un cliché, si Monterroso es un cliché, yo quiero ser un maldito cliché.

viernes, marzo 23, 2012

Sabe, Alicia, compañera...

Alicia siempre es más fiel que mi memoria, por eso no temo a mi futuro amnésico ni a esa soledad que cultivo con ahinco. Será siempre la arqueóloga de mis imcomprensiones y de mis letras desperdigadas por los aires, los vuelos y ríos. 25 años y no cambiamos, aunque cambiemos. Le debo mucho más de lo que sé. Y aquí va de nuevo eso que solo usted sabe cuando le escribí, y que hoy solo corrijo, poniendo tildes y quitando puntos, para que sea, de nuevo, nuevo este poema. 

Sabe compañera...
Sabe compañera
vencimos algo
no sé si algo hecho de tiempo
o de geografía
pero eso ya no es amenaza
se ha hecho cómplice en nuestro crimen
de querernos sin preguntar
al imposible
Sabe compañera
vivo de su sonrisa
y aprendo de la libertad de su lágrima
lo que me hace falta para sentirme hombre
Sabe compañera
aún hay abismos
y mucha lástima en mis espejos
aún la queja de la vida me acosa
y se hace difícil escribir mañanas
Sabe compañera
su mano es fe
y la pregunta cruel
un empujón hacia mí mismo
Compañera
conocí de la paz
cuando su mirada me dijo
que su sonrisa
ya está a salvo de mi sombra

martes, febrero 14, 2012

Mis teorías sobre vos

La primera, y más probable, es que no existís. No encuentro evidencia ni rastro ni dolor. La segunda, menos probable, es que me equivoqué. Conozco mi ganas de inventarme personajes para poder querer. La tercera, absolutamente improbable, es que no existo. Pues aquí te escribo mis teorías delatoras de mi presencia dictatorial. Una cuarta, la de la duda, es que mentís. Porque guardo en todos lados lo que quisiste olvidar.

miércoles, diciembre 01, 2010

Sobre mi apéndice y otras entrañas

Un día, de pronto, ya no tienen uno apéndice. No deja de ser raro ver fuera de uno un pedazo que ha sido de uno desde que uno es uno. Ahí estaba, blanquecina, enjutada, ahogada en un líquido raro dentro de un bote que bien podría contener 100 ml de mayonesa, y no un apéndice, mi (ex) apéndice. Dicen que no sirve para mucho, que por eso las partes "extras", los "por si acaso" de los documentos importantes se llaman apéndices. El diccionario de la lengua no es muy bondadoso aportándole significados dignos, a lo mejor otros diccionarios digan más, como uno de anatomía o medicina. Pero parece que no hay acuerdo en para qué está, pero algunos creen que solo está para que el cuerpo pida su exilio forzoso, so pena de muerte. Es que claro, sin los avances médicos de hoy en día, un cuadro de apendicitis (la inflamación de la apéndice debido a una obstrucción imposible de determinar: un pedazo de uña (ajá, por comerse las uñas), una semilla de linaza (ajá, por vegetariano), una semilla de guayaba (ajá, por hacerle caso a García Márquez), o por cualquier partícula que pueda evitar que el apéndice pueda desahogarse) no podría ser detectado y uno se muriera así nomás, de muerte natural, como se usaba antes. Esto me hace pensar que probablemente mi cuerpo estaba programado para morirse el lunes pasado, o el martes, como mucho, según el médico, que es cuando el diagnóstico hubiera sido peritonitis, es decir, que el apéndice hubiera explotado y hubiera perforado el intestino y provocado una infección bacterial masiva e irreversible. Hace unos 100 años, ahí hubiera terminado mi cuento. Pero bueno, en este aquí y en este ahora, heme aquí cavilando sobre un pedazo de tejido extraño, que viene de gratis en el paquete y que resulta tan caro librarse de él. El dato curioso, y conmovedor, es que a pesar de que no soy ni seré el pariente que visita a los parientes cuando están en el hospital, fui muy visitado por mis parientes, que sí son buena gente, y eso resultó ser buen indicio de que han llegado a comprender que en las entrañas no es que sea yo un mal tipo.

lunes, noviembre 22, 2010

Arcoiris

Al principio del universo propio, no hay nada. Todo es oscuridad y caos. Uno es puesto en el vacío y debe hacerse inevitablemente absoluto creador en su propio Génesis. Así, uno se pone a separar sus tinieblas de su luz, sus humedades de su tierra, uno debe ponerle nombre a cada cosa, a cada bestia, a cada sensación, a cada pecado, y así, hasta llegar a estar dispuesto a perder una costilla y tragarse una manzana, asustarse de tanta desnudez y huir del paraíso ante la amenaza de la culpa eterna. Después de eso ya empieza todo lo demás, lo divertido, porque uno ya va aprendiendo a distinguir que nada es del todo bueno ni del todo malo, que nada es absoluto, y puede escoger, gracias al libre albedrío de la sana inteligencia, por donde tomar camino ante tanta posibilidad. No faltan los que van por ahí dictando lo bueno y lo malo, y no faltan tampoco los que vienen al mundo solo para creerle a otros como se debe vivir, a quiénes se puede amar, a quiénes se puede desear. Si uno es un desobediente nato, decide no tener un séptimo día para descansar, habiendo tanto para seguir creando. Y continua la propia creación y recreación, con el pleno derecho y el pleno deber de equivocarse y con el permiso de provocarse tantos diluvios como sea necesario, por la única razón de que uno le agarra gusto a los arcoiris.

sábado, abril 24, 2010

Antipoético romance otorrinolaringológico

"¿Qué sentís?", me dijo.
Y yo que soy malo respondiendo cuando esa pregunta se refiera a la abstracción de las emociones, al saber que se refería a lo concreto de mi fisiología, me resultó de lo más fácil responder: "ganas toser".
"¿Cuándo sentís eso?", preguntó de nuevo, y casi riéndose.
A sabiendas que no había en la pregunta nada personal, respondí: "De reptente, a veces cuando piendo en toser, a veces cuando la garganta se seca o se me irrita"
"¿Hay flema?"
"No."
"¿Mocos?"
"No."
"mmmmmm veamos", y me vio por dentro, y no es una metáfora, con una luz y unos tubos que metió en mi nariz, mis oidos y mi garganta. ¡Y yo me ví por dentro también! Porque el tubito tenía una cámarita y todo se veía en un monitorcito. Feo es uno por dentro, por cierto (definitivamente la belleza está en el exterior).
"¿Tengo infección?", pregunté.
"No.", respondió.
"(No antibióticos que prohiban el alcohol)", pensé. "¿Entoncés qué?", repregunté.
"Tenés irritada la garganta, es reacción alérgica y además tenés cuadro sinusítico, y eso pueda que sea porque tenés el tabique nasal desviado... ¿Jugás algún deporte?".
Supuse que la pregunta apuntaba a la razón de la desviación de mi tabique y no a un repentino interés personal por mis hobbies. "Jugué basquebol en el colegio", le dije, no le iba a decir que era seleccionado porque ya era presumir. "Pero no recuerdo ningún golpe traumático", le dije.
Se rió. "Revisate eso porque te puede dar problemas, no es tan grave pero considerá arreglártelo", comentó.
"(Podría aprovechar para adelgazarme y respingarme la nariz)", pensé. "Si usted cree que es necesario, puedo ver", llegué a medio decirle.
Luego tomó su pluma y escribió y escribió y escribió en un idioma extraño: "Zyrtec, Avamys, Enantyum y Menaxol, Depo-Medrol y Flixotide", y me explicó claramente que solo era Diclohidrato de cetirizina, Furorato de Fluticasona, Dexketoprofeno y Acetilcisteína para tratar la alergia a largo plazo y la irritación que provocaba la tos, que mucha agua para soltar los mocos y que tomara la vida con calma por 10 días, los que dura el tratamieno, que dejara hecha la cita para verme al terminarlo, para ver como quedé.
Salí sintiéndome comprendido y con un papel con las palabras que aliviarían todo lo malo que mi cuerpo sentía.
Así deberían ser todos los males, menos poéticos y más fisiológicos, más curable. Digo yo.

domingo, diciembre 06, 2009

Ahora no

No,
no voy a asustarte con versos intensos y en exceso prematuros,
más optimistas que merecidos,
ni a escribir épicas románticas por una primera noche,
no voy a reescribir ni el Génesis,
ni mi biografía,
ni el índice de mis patologías,
ni mi testamento;
tampoco voy a marcar fechas,
ni a abrir un archivo de recuerdos,
ni a vaciar portarretratos,
ni a sumar almohadas,
ni cepillos de dientes.
No voy a alterar mi dieta,
ni mis horarios cardiovasculares,
ni mis nickname,
ni mis estatus en redes sociales.
No voy a hacer un plan,
ni a deshacerlo.
...
Ni siquiera voy a terminar este poema.
...
..
.

jueves, febrero 26, 2009

Arte-poética en la alta fiebre de las horas

La poesía es una tibia sensación en las amígdalas
que está ahí
y que a veces no duele
pero que otras veces se desquita
siendo una llaga despiadada
que abre las pústulas del dolor
e inunda de gemidos estertóreos
cada trago de vida

No hay cura conocida
solo un olvido fatal
como una amnesia de telenovela
fingida y vergonzosa
de la que el poeta se aprovecha
para sobrevivir a expensas
del borrón y penas nuevas

Es así
como han dicho siempre los poetas más cursis
una necesidad impostergable
una maldición requerida
la misma voluntad de la palabra
que no es otra cosa que el dios
que se reescribe en cada víctima
que pide para su sacrificio
un verso virgen que explote en sangre

Es esta enfermedad
que no es nada
solo una forma virulenta de ponerse a escribir
buscando una razón
una sola razón
para querer curarse

miércoles, febrero 25, 2009

Signos vitales

La doctora: "Presión 120/70, temperatura 38.7 º. A ver abra la boca grande, así, ajá, saque la lengua... mmmm sí, tiene una infección aguda, pero no tiene inflamación, por eso no le dolía. Le puedo poner una inyección de Penicilina Benzatínica o darle un tratamiento de 13 días... como a los hombres no les gutasn las inyecciones, pero usted dígame..."

Yo: "Lo que sea más rápido"

La doctora: "Bueno entonces la Benzatínica, vaya a comprarla y regresa y se le ponemos aquí, y compreses una caja de Unasyn, es Sultamicilina, es cara, pero para estar seguros... y para la fiebre cómprese Winasord. Y tome mucho líquidos."

-15 minutos después-

La enfermera: "La penicilina duele, le voy poner un poquito de anestesia para que no sienta tanto, porque con esta llora la gente jajaja... ya lo asusté, pero con la anestesia no va sentir mucho, ya va a ver... acuéstese ¿en cuál nalga quiere que se la ponga?"

Yo: "En la que más le guste"

La enfermera: "Jajajaja... en la izquierda duele menos"

Yo: "¿En serio? ¿Por qué?"

La enfermera: "Usted créame que yo soy la enfermera jajajaja... respire ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ¿Le dolió mucho?, espérese, vaya ya estuvo.... ¿duele, verdad?"

Yo: "La verdad no mucho, pensé que iba a ser peor con lo que me dijo"

La enfermera: "Pero es que le puse anestesia, acuérdese, si no le hubiera dolido más... con la caminada se le va a disolver y le dolerá menos, y se va a ir sintiendo mejor... yo no sé por qué le dio la doctora las Unasyn, tan caras que son, pero ella sabrá que para eso estudió... cuando yo estuve así con la inyección se me quitó, pero a mí sí me dolió, porque la ingrata de la que me la puso no me puso anestesia jajajaja.... Bueno que le vaya bien, cualquier cosa, ya sabe."

miércoles, marzo 29, 2006

Sirve

Mi tía Pilar, una tía mía, muy tía, muy de palabras y de cuentos y ciencia para niños y que, además, era dueña de una grabadora muy suspicaz. Mi tía Pilar era una de mis tías favoritas porque hablaba conmigo, no jugaba, hablaba y eso era la maravilla. En muchas de esas habladas éramos tres en una mesa redonda, de madera, fuerte, esa misma mesa que salvó la vida a mi tía cuando un terremoto sacudió la vieja casa de las habladas mientras ella desayunaba, entonces ella se hizo así, y se deslizó de su silla y se puso de bajo de la mesa redonda, de madera, fuerte, y la pared de adobe y la vigas y las tejas no alcanzaron a mi tía, y ella está viva ahora, aunque le dolió la espalda todo ese día y también le dolió la casa y las muertes y los años y las historias. Pero en muchas de aquellas habladas sin terremotos a la vista éramos tres en aquella mesa redonda y salvadora, éramos mi tía, yo y una grabadora. Ella grababa nuestras habladas y después las oíamos juntos, y luego hablábamos otra vez de lo que oíamos. Pero yo me fui del pueblo y ella se quedó y la grabadora con ella. Unas cintas quedaron ahí, no sabemos donde, pero mi tía las recuerda como que se las hubiera comido y las palabras hubieran pasado por el intestino delgado y sus paredes hubieran absorbido los nutrientes, tal como me lo explicaba mi tía cuando dibujábamos sistemas digestivos en la mesa redonda de madera fuerte y salvadora. Sí, mi tía las recuerda y, a veces, me dice cosas que dijimos, que dije y que ella dijo. Muchas de las cosas que hablábamos salían entre preguntas didácticas y respuestas caprichosas. Ella me dijo hace cinco días que yo ya era poeta cuando teníamos aquellas habladas cuando yo era un niño y aquel pueblo no era escombros. Cuando me lo dijo yo le dije que todavía quiero serlo, ser poeta. Pero ella me dijo que lo supo siempre, y me dijo que todo está grabado, como esa vez en que ella me preguntó, mientras dibujábamos el sistema circulatorio del cuerpo humano sobre la mesa redonda de madera fuerte y salvadora, "¿Para qué sirve el corazón?", dice que me dijo, y dice que le dije: "Para cuando alguien está lejos". Dice ella que ese fue un poema que la hizo llorara quedito y en el baño para que no la viera nadie. Yo no sé si creerlo, porque ella me quiere y me quiere poeta. Sin embargo, ahora que vos estás lejos, que mi tía sonríe muy segura de su precoz descubrimiento, me sirve, como una verdad incuestionable, que yo haya dicho eso que mí tía dice que dije. Sirve de verdad.

martes, marzo 14, 2006

Gardenias

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0S-DspoVK8dMtP2ewLNfVUDpZ0J82ndUCxW1aK59CuWgjicluM7lh20oXUfsSTyRgwXzgjZkf9WRhF13yBUvxCPVwNSgckqHfCLvA3t4__jUFHJoqP00ouNLS3WfSI_Qe4KPL/s1600/flor+marian.jpg
Punto. Temible cuando se trata del final. Y si es de la vida, quizá, sólo quizá, es peor. Pero, justo antes de ese están otros signos que me dan más miedo. Es que la vejez está llena de signos. Yo no quiero ser viejo. El pudor y la corrección política me hacen muecas: eso no se dice. Quizá ofenda a alguien, pero siempre he sabido que, en este caso particular, el peor ofendido es mi propio personaje de (pseudo)intelectual –tan formado y decorado él–. Pero teme ser el intelecto de un cuerpo viejo que funciona cada vez menos y que se ve cada vez peor. La vejez ha obsesionado mis pesadillas más frívolas. Qué le voy a hacer. Tal vez la sinceridad sea un buen sucedáneo de la culpa para lograr redención. No voy a describir mis temores ni los signos que los despiertan. La verdad, lo que quiero es hablar de Ibrahim Ferrer, un viejo que se murió hace algunas horas y que tenía la voz de la vejez. Una voz que me intrincaba en una de mis infinitas contradicciones: fascinación es la palabra clave. Él y los otros viejos que el juego frívolo de la fama los trajo a mí –pobre snob que a veces soy– en un disco revelador, Buena Vista Social Club. El son y el bolero cubano que abrió el siglo XX lo cerró. Cuando escuché esas canciones por primera vez y supe que ya las había escuchado en otra voz, así de fascinante, la de Margarita Quintanilla, mi "Tía Margo" para los allegados. Era mi tía, que también murió con más años de los que quiero para mí. Con ella vi el video (en VHS) de Buena Vista Social Club, y la vi ponerse sus gruesos lentes, ponerse la mano en la quijada e inclinarse para poner su prieto codo sobre su rodilla, mientras con la otra mano moldeaba instintivamente los carrizos de su pelo negro y apenas cano. De pronto cantaba con una voz intensa y temblorosa, y silvaba con un trémolo inimitable. Por ella fue supe del bolero, del son, del tango y del amargo encanto de la música que me hace recordar que no he vivido nada. Mi tía murió un día muy triste. Yo no quise ir al velorio. Ya nos habíamos despedido siete días antes, en su cama, ella de blanco y yo de azul. Me heredó su voz y sus cuentos. Por la loca manía de mi memoria, Ibrahim Ferrer fue desde entonces una voz vieja que me hacía sentir la vida como era, por tanto, con miedo. Lo escuchaba a veces para reconstruir mis horas con mi tía Margo, esas que tanto me dieron para escribir, para contar y para saber de la vejez sin vivirla. Si quieren fechas, obituarios, lugares y anécdotas sobre el sonero cubano, seguro los encuentra mejor en otro texto. Aquí solo hay dos voces muertas, dos miedos, dos lutos y dos gardenias. Ah, y un punto. 
[Publicado originalmente en www.elfaro.net el 08/08/2005]

viernes, marzo 10, 2006

El inútil de la familia


No fui útil nunca. Nunca traje ni produje provecho, comodidad, fruto o interés. Estudié porque me supe inteligente y me gustaba hacerlo notar. Aprender era fácil y superar lo aprendido me fue natural. Pero las cosas útiles terminaban aburriéndome. Todo perdía su encanto cuando dejaba de ser puro gusto y se convertía en necesario. No me gustan las cosas necesarias, las personas necesarias, las palabras necesarias, los horarios necesarios. Amé a mis maestros más inútiles, los más enamorados de lo menos productivo. Me enfrenté siempre a los que aspiraban memoria y agradecimiento. Solo respeté a los que sabían más de lo que yo llegaría a saber. Fui un mal alumno de obligaciones. No supe ocultar mi desprecio cuando lo mejor era sonreír y prestar el espejo. Mal lo han llevado mis jefes y mis amantes: no hay nada más insoportable que un inútil que se niega a ser imprescindible. Mis amigos tuvieron mejor suerte. Siempre hace falta un inútil que ocupe tiempo muerto, que piense en lo que ellos no piensan y que dedique inútil tiempo a observarlos bien para saberlos y calcularlos en sus acciones, pensamientos y omisiones. Así me hice sabio en amigos, sabio en personas, en los otros, por eso escribo textos inútiles que en sí mismos no sirven para nada. Sin embargo, sé que existe la utilidad involuntaria de la palabra escrita. Siempre hay alguien que lee y llora, que lee y sonríe, que lee y se enoja, que lee y se suicida, que lee y se excita, que lee y se sonroja, que lee y compra, que lee y vende. La utilidad acecha, de eso no tengo dudas, y negarlo es inútil, por eso gozo negándola. Trabajo, claro, porque mi inutilidad tiene que sobrevivir, y uso la palabra, y digo que mi trabajo es bueno, que mi trabajo es importante, que quiero mi trabajo, así finjo inútilmente que soy útil. Qué inutilidad suprema, innecesaria y soberbia. Entonces quise ser el creador inútil que emborrona papel y levanta vidas, y paisajes, y ciudades, y emociones, todo tan inútil como un libro cerrado. "¿Qué decís? ¿Que es inútil?", decía Cyrano, "Ya lo daba por hecho. / Pero nadie se bate para sacar provecho. / No, lo noble, lo hermoso es batirse por nada". Soy, pues, el inútil de la familia. Y no me ha sido fácil. Nada fácil.

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