viernes, mayo 27, 2011
El crítico y la actriz
viernes, abril 29, 2011
Pequeños fracasos de la vida docente
lunes, abril 25, 2011
Absurdo
jueves, abril 21, 2011
Entre nos
martes, abril 19, 2011
La Santa Traición
domingo, abril 03, 2011
En día que decidí volver
martes, marzo 01, 2011
lunes, febrero 28, 2011
sábado, febrero 26, 2011
viernes, febrero 25, 2011
jueves, febrero 17, 2011
Riámonos ¡carajo! *
voy a extrañarte bien,
con ganas de reir de tanta gana de volar,
con elegancia matinal
y garbo de señor.
Voy a extrañarte con albur,
como quien aprendió a reirse del dolor,
con cinismo demencial
y eufórico candor.
Te extrañaré así sin más,
por pura gana de incordiar,
faltándole el respeto a la ciudad
como arquitecto colonial.
Para extrañar con libertad,
voy a olvidar la seriedad,
lanzando risas de alquitrán
como payaso terminal.
Extrañarte será un placer,
como un masaje pero sin piel,
el último trago de un tinto infiel
en copa rota como aquel.
Para extrañarte tengo que rimar,
sentirme diametral, un clásico local,
septentrional sino boreal,
un constante delirar, una risa sin final,
una burla de matar, una histeria,
una forma insana de burlar...
Pero riámonos ¡carajo!
que no quiero llorar.
* Por favor lea: Cuento, de Carilda Oliver Labra
lunes, febrero 14, 2011
Sexo triste
domingo, febrero 06, 2011
La última cama
lunes, enero 31, 2011
Este no soy yo
domingo, enero 23, 2011
Obsesiones
viernes, enero 14, 2011
Mama Chinda
Pero hoy quiero recordarla con justicia, y eso no podría hacerlo solo, por eso he plagiado sin permiso las memorias de mi familia, que sabe recordar de manera más confiable que yo. Cito sin citar, para hablar de la mujer que marcó a cada uno nuestras vidas, esa que nos mimaba, que nos consentía, pero que nos corregía. Aprendimos tantas cosas, a no gritar, a comer, hablar suave, a ser correctos, a tomar cafecito a las tres de la tarde y con marquezote o mieluda, también a comer turrón del huacal con el molinillo, en los huevitos, a hacer las huellitas en las salporas, a entrarle los pantes de leña jugando, a rezar el Ángel de la Guarda, a decir el "Dios quede en esta casa", a atender al que visitaba y a darle lo mejor, a comer nances borrachos, a conocer qué es el amor eterno (por su Angelito), siempre hablaba de él como que ayer se había muerto. Nos enseñó a curarnos, a tener templanza. También acordémonos de la aguita del tabaco que todos le robabamos, que buena que era, y por supuesto el rompope del día de navidad. Nos compraba trastes de barro en las romerías y nos encendía fuego para hacer tortillitas en los comalitos, nos daba un poquito de frijoles salcochados y queso duro para jugar, con tal que no le arruinaramos las plantas para simular hacer comida, y siempre se las arruinábamos. La recuerdo sentada haciendo puros, cortando granadas, caminando hacia misa con su mantilla negra y regando los camarones, las orejas de ratón, las verdolagas, las colas de ratón, las colas de ardilla, el breso, los tréboles, los rosales, claveles y otras plantas de ese jardín imposible, inmeso para cualquier infancia. María Gumercinda Henríquez viuda de Menjívar, recuerdo las siete cuadras repletas de gente que siguieron tu funeral, el ejército de mujeres al rededor de decenas de ollas tamaleras durante los tres días de tu vela. Criaste a tantos hombres y mujeres, tanta gente te debía favores que no querías cobrar nunca, tanta gente te quería como se quiere un símbolo de todo lo que una persona debe ser. Y aquí estamos nosotros, tratando de aferrarnos a tu presencia en nosotros, recordándote.
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*Gracias Yany, Nelly y Rosy por sus recuerdos.
lunes, enero 10, 2011
Fantasmas
Pues eso, a liberarme de fantasmas: un poco más solo, un poco más libre.
miércoles, diciembre 29, 2010
Turista
Otra hipótesis que va cobrando fuerza es que quizá sea un mal turista, es decir, un viajero que hace cosas aburridas que a lo mejor a nadie le interese leer. Por eso voy diciendo que yo no soy turista, que yo soy un visitante. Busco gente, no busco lugares, no tengo una ruta muy clara porque odio las precauciones y los itinerarios histéricos, los planes milimetrados me ponen escéptico y un tanto nervioso. Me gusta que el tiempo me lleve o me deje; soy como un trasnochado poeta que viaja en espera de que la vida me sorprenda con alguna herida, con el hallazgo de una nueva vulnerabilidad. No busco el riesgo, pero no le huyo. El riesgo es solo una forma insegura de improvisar, de buscar versos reales, formas que existen, vidas que viven, lágrimas que mojan, metáforas literales. Vivir de visita es un extremo prohibido para los cautos que calculan planes que les indiquen el punto exacto en que pueden fracasar, o sobrevivir, o conseguir impostar un poco de esa felicidad que deja ir de paso por lugares mucho más bonitos que los que a uno le rodean a diario.
Claro, a veces envidio a los turistas porque se maravillan mucho y con relativa facilidad, hasta saben cuándo y dónde sucederá porque se han leído las guías de viaje y sus reseñas, y no se pierden ningún sitio importante, se aprenden los datos, las historia y entienden qué hace piedra sobre piedra, toman la foto para su registro privado y para sus perfiles sociales. Envidio su forma de disfrutar, tan diáfana y segura, envidio sus cámaras como soporte de su memoria, sus ganas y sus fuerzas para extremar sus noches y conseguir el placer que buscan, o al menos tener el placer de buscarlo. Me gusta su delirio alcohólico en un escenario virgen que los libera del público de siempre. Me gustan sus acentos confundidos, las palabras y las frases prestadas para poder comunicar sus ansias de ser parte y conseguir así un poco de complacencia hospitalaria.
Por buena o mala suerte, nunca tuve el dinero ni el ánimo para ser turista de manual. Entré a los mundos ajenos por las circunstancias y su peligroso sino, y entré sin mapa, ni hotel, ni hostal. La primera vez fue solo y sin saber a quien iba buscando ni a donde exactamente llegaría, ni por cuánto tiempo, y sin estar seguro de haber llegado al lugar correcto. Entonces descubrí personas, y fueron esas personas las que se convirtieron en los destinos para mis viajes.
Tal vez intente, ta vez no. Hoy solo voy en un tren de madrugada y dejé atrás uno de mis destinos.
miércoles, diciembre 01, 2010
Sobre mi apéndice y otras entrañas
lunes, noviembre 22, 2010
Arcoiris
lunes, noviembre 15, 2010
Profesional
lunes, noviembre 08, 2010
Post sin encargo, robo de idea
Por definición, sí. Extrañar, epistemológicamente hablando, es no conocer. Extrañamos precisamente lo que no conocemos, es decir, que no hemos inteligido, de lo que somos extraños, ajenos, una otredad sin referencia intelectiva. Al menos en ese sentido, la respuesta a la pregunta es afirmativa. Claro, la RAE da 8 acepciones para seguir elucubrando:
Extrañar
Por lo pronto, aquí me quedó yo.
jueves, noviembre 04, 2010
Libertinos
sábado, octubre 23, 2010
Abstracciones
los número
un ícono
una línea
un plano
una partitura
el código binario
clave Morse
los paquetes vacacionales
nosotros
lunes, octubre 18, 2010
La carta
Esta carta no es para enviártela, eso ya no se usa, hoy se escriben post en blogs, y uno espera que no lo lea nunca el aludido. (Te) Escribo porque de pronto se me ocurren cosas que me gustaría poder contárselas a alguien que las entienda, no solo que las escuche. Ojalá no se ofenda alguien, pero a veces, por mi cabeza, y eventualmente por mi vida, pasan cosas que estoy seguro que solo a vos podría compartírtelas. Hace unas cuantas noches apareciste en mi cabeza, sin ningún motivo, sin ninguna razón. Estaba yo en un lugar en el que nunca estuvimos ni estaremos juntos, y no había absolutamente nada que tuviera que ver con vos, solo mi imagen en ese espejo. Y te pensé. Y te extrañé. Fue recordar que una vez creí que ciertas cosas sucedían en esta realidad y no solo en la que inventamos a golpe de teclas. En medio de un ruido que hoy me gusta, recordé nuestro silencio grave, nuestra soledad inmensa, nuestras guitarras temblorosas y nuestro nosotros siempre desafiante. Nunca fui tan valiente, quizá porque nuncá más creí que algo fuera cierto. Recordé la primera vez que probé el vino, la primera vez que fui sincero sobre tu mirada. Recordé un Opus 64 Nº 3 de Chopin, seguido de Claude Debussy y ese Claro de luna en manos de Alicia de la Rocha —lo oigo miestras escribo— que nos ponía a llorar irremediablemente, como a reir como desquiciados al ver "Marcelino pan y vino". El lugar era extraño/ajeno/distante/imposible para un recuerdo como vos, pero ahí estabas conmigo, en un acto espontáneo de compañía. Ahí estabas, como eras, como soy. Ahí estuviste hasta que no tuvo sentido. Entonces se hizo urgente esta carta, porque las cartas que nunca llegan al destinatario son la mejor manera de hacer cierta la verdad de la distancia.
Sin más por esta vida, me despido, como siempre, con una mentira y un hasta luego.
Saludos.
domingo, octubre 10, 2010
Un terremoto (10 de octube de 1986)
domingo, octubre 03, 2010
Borradores
sábado, septiembre 18, 2010
Claustrofobia emocional
lunes, agosto 23, 2010
Fechas
jueves, agosto 12, 2010
De pocas palabras (o "Estadísticas lingüísticas desfavorables con final improvisado más por la esperanza que por el optimismo)
lunes, agosto 09, 2010
No debería
ni que tu dolor sea menos vulgar.
No debería hablarte de lo que sé,
ni procurar que lo creás en seco.
No debería ponerte en evidencia,
ni disfrutar tener la razon viéndote caer una y otra vez.
No debería renunciar a mi estatura,
ni pretender que somos en algo parecidos.
No debería imaginar que sos más de lo que veo,
ni esforzarme por ver más de lo que hay.
No debería improvisarte un futuro posible,
ni intentar diluirte el pasado con mentiras.
No debería llenarte las intenciones de preguntas,
ni responderte como si pudieras entenderme.
No debería probar a corregir tus elecciones,
ni tratar de que te veás en el espejo del ridículo.
No debería continuar esta redundante retahíla de cohechos,
ni tratar de salvarme usando esa coartada de las buenas intenciones.
viernes, agosto 06, 2010
Olvidar
sábado, julio 31, 2010
Solo
y no hay opción
la vida se abre
y nadie existe
nadie es
solo está la calle
y un destino al fondo
la voluntad
y el desencanto
no hay amigo que valga
no hay complicidad
en el acto de descender
Estás solo
y saludos recibes
"cuidate"
te dicen
morite
enfermate
ojalá
Estás solo
siempre
estás
solo
que no te engañe
el abrazo
el te quiero
la intimidad
Allá en el fondo
a nadie le importará
viernes, julio 09, 2010
Infiel
"Lo realmente importante es la lealtad", dicen, "la infidelidad es secundaria", siguen diciendo.
El común de los mortales no suele recurrir al diccionario para asegurarse del significado de las palabras que se atreve a utilizar. Mala noticias para los que creen estar a salvo bajo ese artilugio de palabras, porque resulta que la Real Academia de la Lengua define Fidelidad, con bastante precisión, y la define así:
Fidelidad.Entonces resulta que el concepto de Fidelidad se define a partir de la Lealtad, la incluye. Y si alguna duda cabe, cuando nos vamos al concepto de Lealtad, la cosa se pone más difícil:
(Del lat. fidelĭtas, -ātis).
1. f. Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona.
2. f. Puntualidad, exactitud en la ejecución de algo.
Lealtad.Los juegos de palabras solo ayudan a justificar y a elaborar situaciones abstractas en las que resulta más seguro vivir, porque en las reales siempre aparece algún aguafiestas. Y ahí vamos inventándonos mundos en los que vivimos solos, pero creyendo que los demás deben regirse por la lógica que nos hemos inventado para sostener nuestra impunidad sexoemocional. Claro, podemos decir que los diccionarios también son mundos abtractos, fríos, impersonales, limitados y limitantes, que solo intentan aportar significados al mundo que pronunciamos, pero que "la vida (en pareja) es complicadísima, incomprensible (desde afuera), particular y sin posibilidad de generalizaciones". Y ya, ahí lo tenemos, un nuevo argumento para seguir creyéndonos los buenos, las víctimas, los mártires del amor.
(De leal).
1. f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.
2. f. Amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro y el caballo.
3. f. p. us. Legalidad, verdad, realidad.
jueves, julio 08, 2010
Jueves
lunes, julio 05, 2010
Lunes
domingo, junio 20, 2010
Domingos
sábado, mayo 29, 2010
Sin título
desde el principio,
y ya no estoy seguro si todo esto alguna vez empezó.
Pero podría intentar volver a la escena de los hechos,
lo deshechos,
recurrir a un técnico forense, un psicoanalista, una medium,
implementar el método deductivo,
releer con atención "Los crímenes de la calle Morgue",
y repasar la Inconclusa de Dvorak.
Tengo una memoria criminal,
asesina en serie:
sepulta sus víctimas en rincones inhóspitos.
No preguntés.
No quiero que tengás nada que olvidar.
viernes, mayo 21, 2010
Diatriba caprichosa contra los progenitores
sábado, mayo 01, 2010
Vértigo
sábado, abril 24, 2010
Antipoético romance otorrinolaringológico
Y yo que soy malo respondiendo cuando esa pregunta se refiera a la abstracción de las emociones, al saber que se refería a lo concreto de mi fisiología, me resultó de lo más fácil responder: "ganas toser".
"¿Cuándo sentís eso?", preguntó de nuevo, y casi riéndose.
A sabiendas que no había en la pregunta nada personal, respondí: "De reptente, a veces cuando piendo en toser, a veces cuando la garganta se seca o se me irrita"
"¿Hay flema?"
"No."
"¿Mocos?"
"No."
"mmmmmm veamos", y me vio por dentro, y no es una metáfora, con una luz y unos tubos que metió en mi nariz, mis oidos y mi garganta. ¡Y yo me ví por dentro también! Porque el tubito tenía una cámarita y todo se veía en un monitorcito. Feo es uno por dentro, por cierto (definitivamente la belleza está en el exterior).
"¿Tengo infección?", pregunté.
"No.", respondió.
"(No antibióticos que prohiban el alcohol)", pensé. "¿Entoncés qué?", repregunté.
"Tenés irritada la garganta, es reacción alérgica y además tenés cuadro sinusítico, y eso pueda que sea porque tenés el tabique nasal desviado... ¿Jugás algún deporte?".
Supuse que la pregunta apuntaba a la razón de la desviación de mi tabique y no a un repentino interés personal por mis hobbies. "Jugué basquebol en el colegio", le dije, no le iba a decir que era seleccionado porque ya era presumir. "Pero no recuerdo ningún golpe traumático", le dije.
Se rió. "Revisate eso porque te puede dar problemas, no es tan grave pero considerá arreglártelo", comentó.
"(Podría aprovechar para adelgazarme y respingarme la nariz)", pensé. "Si usted cree que es necesario, puedo ver", llegué a medio decirle.
Luego tomó su pluma y escribió y escribió y escribió en un idioma extraño: "Zyrtec, Avamys, Enantyum y Menaxol, Depo-Medrol y Flixotide", y me explicó claramente que solo era Diclohidrato de cetirizina, Furorato de Fluticasona, Dexketoprofeno y Acetilcisteína para tratar la alergia a largo plazo y la irritación que provocaba la tos, que mucha agua para soltar los mocos y que tomara la vida con calma por 10 días, los que dura el tratamieno, que dejara hecha la cita para verme al terminarlo, para ver como quedé.
Salí sintiéndome comprendido y con un papel con las palabras que aliviarían todo lo malo que mi cuerpo sentía.
Así deberían ser todos los males, menos poéticos y más fisiológicos, más curable. Digo yo.
jueves, abril 22, 2010
Dudas
lunes, abril 05, 2010
Ese gato
viernes, abril 02, 2010
Siete puñales
Mi papá sí era uno de los Santos Varones, la cofradía responsable de la escena de la crucifixión y el descendimiento. No entendía yo por qué si eran tan santos aquellos varones eran quienes clavaban al nazareno con tanta rabia, y luego lo bajaban ya muerto poniendo cara de arrepentidos.
Ah, y el nazareno era también motivo de mi curiosidad extrema. Resultaba que el que ponían en la cárcel y sacaban en la procesión del silencio y el vía crucis era altísimo, y la verdad siempre lo recuerdo como una pieza de imaginería excepcional, una expresión facial extremadamente realista y sus ojos de vidrio de verdad que miraban, y qué decir de la sangre que goteaba desde su frente. Las dudas me asaltaban al ver que al llegar al calvario después del recorrido del vía crucis, lo entraban al templo y al salir de nuevo para subirlo y clavarlo en la cruz era mucho más pequeño. Mi tía Pilan, que siempre estaba ahí no solo para responder mis dudas, sino para proteger mi fe, me dijo una vez que lo que sucedía era que en el camino, como era tan sacrificado, se desgastaba un montón y se iba haciendo chiquito. Yo, como siempre, le creía, pero llegó el día que, con una especie de pase VIP para el backstage, entré al salón donde las solteronas del pueblo vestían a los santos, y vi que el alto nazareno no tenía pies, la forma humana de su cuerpo empezaba arriba de la cintura, y hacia abajo era una estructura de madera, como un banco, que siempre estaba cubierto por sus vestidos de tafetán. Al ver eso corrí donde mi tía Pilan a contarle la verdad, porque jamás se me cruzó por la mente que me mintiera, sino más bien que ella, equivocadamente, creía lo que me decía. Ella hizo cara de soprendida y luego me llevó a una urna de cristal en uno de los altares laterales de la iglesia, en donde estaba el cristo, es decir, el chiquito muerto de la cruz, y me dijo que entonces seguramente eran dos diferentes, porque el otro era muy grande para caber en esa urna. Me pareció razonabale aquella nueva explicación y quedé satisfecho de haber desentrañado, en complicidad con mi Tía Pilan, uno de los grandes misterios de la iglesia.
Creo que por influencias de mi madre, que donaba vestidos para los santos, y del santo varón de mi padre, cuando ya tenía 10 años me convocaron, sin audición previa, a ser parte de elenco de las escenas vivas que se montaban durante la Semana Santa del pueblo. Una era la noche del martes, en el monte de los olivos, yo era uno de los apóstoles, Juan (al año siguiente fui Pedro, porque no iba a aceptar ningún papel secundario). Esa escena consistía en dormir tirados en el decorado que simulaba un bosque y que tenía en el centro una gran piedra de papel donde el cura se hincaba a rezar. No decíamos nada, solo nos acomodaban en el suelo y nos decían que nos durmiéramos. Y como se hacía durante la noche y toda la madrugaba, la actuación de todos era sumamente natural. Tan así que yo despertaba en mi cama y ya sin mi túnica de tafetán y en pijamas, pero aún con la barba y el bigote de tile. La otra escena viva era el jueves por la mañana, el lavatorio de los pies, que era cuando el cura, en la iglesia, nos lavaba los pies a los apóstoles. Lavar es mucho decir, el cura apenas pasaba una esponja mojada por el empeine y ya. La que me lavaba los pies con verdadera pasión antes de la función era mi mamá, que con un paste nuevo me restregaba tan fuerte que yo me debatía entre la queja lloriquera y la risa cosquillera, todo para que el cura no se ofendiera tocando unos pies costrosos o mal olientes. Me ponía calcetines y sandalias, luego mi túnica de tafetán y mi barba de tile. Al llegar a la iglesia me quitaba los calcetines y me llevaban a sentarme a una de las bancas del presbiterio donde escuchaba adormitado toda la misa, y escuchaba en qué consistía la ceremonia de lavarle los pies a los apótoles y su significado. Al final, dos horas después, llegaba el cura, un jesuita regañón, con su acólito, con una bandeja con agua y la esponjita, se hincaba y nos pasaba suavecito la esponjita por el pie, y que nervios sentía cuando llegaba mi turno, no me fuera a dar cosquilla, o no se soltara algún olor desagradable a pesar de los esmeros maternos. Pero todo salía bien. Y ahí terminaba mi participación, el resto de escenas las preferían hacer con imágenes de madera subidas en andas que cargaban los que se habían anotado para pagar penitencias.
Las procesiones siempre me resultaron muy emotivas, las coreografías de los santos de madera sobre las andas, los motetes que rasgaban las gargantas de las cantoras y los oídos de los escuchas.
Había una procesión que me impresionaba especialmente, la Procesión del Silencio, el jueves por la noche, en la que el nazareno iba encadenado, de blanco y muy iluminado, y que solo lo acompañaban hombres con velas que cantaban por intervalos con voces graves que sonaban trágicas mientras sonaban cadenas que golpeaban contra el empedrado. Al final de la procesión sonaban los tambores solemnes de la banda de guerra de la escuela, la cual era dirigida por mi Tía Pilan, y ella, por su papel, era una de las únicas cinco mujeres de carne y hueso en la procesión, y se cuidaba de no ser notada. Yo me iba cerca de ella un par de cuadras luego de pasar frente a mi casa, depués me regresaba porque el recorrido entero no me apetecía, y solo me iba a la esquina de la calle de subida, porque lo que me gustaba era verla pasar. Atrás también iba una mujer de madera subida en andas cargadas por las otras cuatro mujeres de carne y hueso. La mujer de madera era la imagen que más me conmovía, y aún ahora que la recuerdo me parece de las más desgarradoras, ejemplo máximo de sadismo católico. Era la imagen de La Dolorosa, la virgen María con su cara compungida y una lágrima en cada mejilla, vestida de negro, y con siete puñales clavados en su corazón. Los siete puñales eran siete puñales de verdad, no eran una evocación, sino una metáfora visual tan cruel como impresionante. No bastaba con uno, dos o tres, tenían que ser siete puñales, porque como dice el motete: "Madre con siete puñales, /Virgen con siete dolores/ haz que tus ojos de flores / laven mis culpas mortales". Aquella imagen provocaba en mi verdadera pasión, piedad, pero sobre todo culpa, porque claro, me pasaban diciendo que todas aquellas atrocidades pasaron por mis pecados, cosa que me tocaba aceptar como dogma porque no entendía qué culpa tenía yo si hace dos mil años yo no había nacido.
La Dolorosa salía de nuevo el sábado por la noche en la llamada pocesión de Dolores, coreografiada y musicalizada para que pareciera el andar tambaleante y desconsolado de una madre adolorida más allá de todo extremo humano, ahí solo iban mujeres cantanto los motetes más trágicos. Yo la contemplaba atónito al pasar frente a mi casa, luego me iba a cada esquina a verla pasar. Mis ojos se mantenían fijos en los siete puñales y el cuerpo se me revolvía inexplicablemente. Era una escena fascinantemente dolorosa, era la sensación que me quedaba siempre, ni la resurrección me la quitaba de la mente, incluso en navidad veía a la virgen del precario nacimiento pensando en que cuatro meses después otra vez, inevitablemente, siete puñales se le clavarían en el corazón.
lunes, marzo 29, 2010
Es tiempo de pintar
hechar nuevos colores sobre las paredes manchadas por la vida,
corregir las apariencias que tanto hemos salpicado de indecencias.
El tiempo es ese niño con un crayon en la mano
dispuesto a la emoción de contemplar
como su mano va trazando lo prohibido,
y a dibujar el histérico regaño de la calma.
Iluminemos de otro tono este silencio,
que la oscuridad no reconozca como suyo estos espacios;
basta renovar las intenciones de la misma escena,
basta la voluntad de una mano batiendo la brocha dócil,
basta creer que este mundo solo es un invento de la luz.
Es tiempo de pintar y de hacerle ceremonia a ese acto simple
de matar el tiempo cubriéndolo todo con espectros químicos,
como si fuera el acto más valiente que el destino nos reclama.
viernes, marzo 26, 2010
Insufrible
sábado, marzo 20, 2010
Culpables
Y para terminar y dejarlos seguir impunemente con sus prácticas delictivas, como prueba 1 presento al acusado uno. Y como prueba 2, a la acusada 2 en mi propia versión de los hechos en la misma escena del crimen.
Esas madrugadas
lunes, marzo 15, 2010
Pregunta capciosa
tu rostro no llegara a la cita en el espejo,
tus manos no tuvieran un milagro que contarte
y tu boca decidiera no volver a pecar?
domingo, marzo 14, 2010
Equivocados
lunes, marzo 01, 2010
Ideas en jabón
viernes, febrero 19, 2010
jueves, febrero 18, 2010
Matemáticas
que
vos + yo
no suma nada ya
ni la mitad de dos
factorizamos sonrisas
como rutina
somos incógnitas
de una fórmula algebráica
que no sirve para resolver nada
hemos corregido tanto
nuestro resultado
y aumentado al infinito
nuestras cautelas
que dar es una cuestión de restas
lo que queda demostrado
es que nos dividimos demasiado
que ya no nos conocemos
de tanto multiplicar velocidad y tiempo
se nos hizo insuperable la distancia
las matemáticas
no mienten
no son como nosotros
--------------------------------------------
PD: Así escribía yo en 1996.
miércoles, febrero 17, 2010
Cenizas
martes, febrero 16, 2010
Alterno
sábado, febrero 13, 2010
Contra el amor
Ya le costó mucho a mi "primer amor" -y a los que le siguienron- lidiar con estas mis ideas que ya hace 23 años me alejaban del gran público, mucho le cuesta a la gente que se mantiene cerca mío, y no es que se queden porque algo de lo que yo argumente cale el dogma, sino porque me ubican en alguna categoría que les ayude a soportarme: excéntrico, bohemio, amargado, charlatán, sardónico y similares. Yo trato de no pontificar -a veces no lo consigo- porque no quiero adeptos, ni militantes combativos contra el amor, sé bien que no es una postura cómoda para vivir en sociedad.
A nadie le gusta enterarse de que sus relaciones son construcciones sociales con más componentes e intereres materiales que sentimentales. Que una pareja no se mantiene unida por la hermosa abstracción que es el amor, sino por conveniencia social, económica, institucional y, sobre todo, por el legítimo y simple temor a la soledad, y más concretamente, a la vejez en soledad. Todo deviene en una convergencia de patologías que encontramos en el índice de cualquier tomo de psicológía clínica y psiquiatría: ansiedad producto de la baja autoestima, o de inseguridades, o de paranoias, o de un sin fin de traumas y complejos. También desfilan la codependencia, baja tolerancia a la frustración, dependencias de todo tipo, entre otras más. Y sin duda, la parte hormonal (bioquímica) también hace lo suyo, provocando incluso afecciones y dolencias médicas.
Ante lo complejo que puede ser todo esto comprendo a la perfección que se prefiera y se defienda tan aguerridamente al amor como algo real y posible. Es infinitamente más fácil vivir contando con el dogma romántico, al menos es más fácil sobrellevar los episodios más patéticos de nuestra vida, y difrutar los más alegres, creyendo que obedecen al destino que los dogmas nos imponen. Basta enterarse porque se escogió a Valentín, obispo de Interamna Nahartium, en el año 270, como la isignia religiosa de los enamorados: Era un médico romano que se hizo sacerdote y casaba soldados: se dedicaba a casar en secreto a parejas que quisieran formar una familia. Esto le valió la cárcel bajo el mandato de Aureliano, sucesor de Claudio, quien ordenó su decapitaciñon un 14 de febrero de 270. La idea del amor, justifica casi todo, y los seres humanos vivimos para eso, para justificar y justificarnos.
He dicho.
lunes, febrero 08, 2010
Herido
viernes, febrero 05, 2010
La fuga
El caso es que hoy he tenido la mentada frase en mi cabeza durante todo el día, no sé bien por qué, pero sospecho que mi subconsciente me está mandando mensajes, y como no tiene Facebook ni Twitter, utiliza el muro de mi memoria literaria para poner sus "status". Creo que "fuga" es la palabra clave. Creo que mi subconsciente me está diciendo que otra vez estoy en ese momento existencial en que me quiero fugar.
Es que sí. Cuando mis días empiezan a cuadricularse, mis noches a hacerse predecibles y la gente empieza a parecerme indigna de confianza, sé que ni mi aquí ni mi ahora son buena tierra para mí. No es que sea yo el más digno de los seres humanos, pero bien dicen que lo que uno exige a los demás es lo que a uno le hace falta. El colmo es cuando ya no me gusta ni lo que escribo, y eso quizás sea porque no me gusta lo que pienso.
Es viernes, son las 5:55 p.m., estoy a punto de salir de la agencia para irme a mi otro trabajo. No fue un buen día entre las jerarquías... Por lo menos hoy se estrena una buena película, y esa es la fuga posible por ahora. Pasen bonito resto del día.
sábado, enero 30, 2010
Yo extraño en silencio
hace 23 años yo era así,
callado,
íntimo,
desolado,
esquivo,
egoista,
voluntarioso.
A pesar de eso,
la escuché,
la deje entrar,
la acompañé,
le di todas las pistas para encontrarme,
le compartí,
la amé.
Hoy, 23 años después,
la extraño como el que siempre fui.
No se sorprenda,
no dude,
no me pierda,
no busque palabras que yo no encontré.
sábado, enero 23, 2010
Chirajito de Verapaz
Publicado en ElFaro.net. Leer aquí.
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Mi infancia en el hoy tristemente célebre pueblo de Guadalupe, en San Vicente, tuvo siempre agendada una cita frente al televisor cada domingo. Creo que mi cita con el programa "Jardín Infantil" era compartida por la mayoría de la población de mi edad, al menos de los que tenían un televisor y acceso a la electricidad. Lo que para mí era especial era que el protagonista de "Jardín Infantil", es decir "Chirajito", tenía su casa en Verapaz, el pueblo vecino. Su familia tenía una tienda frente al parque central, y mi familia tenía una panadería que les proveía de pan francés todos las madrugadas. A veces yo iba con los repartidores a hacer la ruta, y siempre, desde que mi papá me dijo que esa casa era la de Chirajito, una ingenua emoción se apoderaba de mí cuando llegaba a dejar el pan. Alargaba mi cuello por sobre el mostrador tratando de ver en algún lado al payaso aquel que tanto admiraba.
Es que Chirajino no solo era un payaso: salía en la televisión, y entre los 70s y los 80s, Chirajito era parte fundamental del "star-system" salvadoreño. Nunca vi al payaso. De hecho, él vivía y trabajaba en San Salvador, y solo ocasionalmente llegaba a su casa de origen. Pero un día, que estaba con mi papá haciendo "mandados" por Verapaz, mi papá saludó a un señor moreno, vestido de pantalón azul y camisa cuadriculada en rojo y azul, si mi memoria no me está embaucando. Hablaron un rato y rieron. Yo, como me solía suceder, me desesperaba con las rutinas sociales de mi papá que saludaba a mucha gente y con cada una tenía siempre algo de qué hablar. Esa vez hice berrinche, muy usual en mí, para que nos fuéramos. Mi papá me veía con cara de "esperate que lleguemos a la casa", y como yo sabía que al llegar a la casa no pasaba nada malo, seguía impune haciendo lo propio.
Cuando nos subimos al carro, mi papá me dijo: "Por malcriado no te presenté a Chirajito". Y yo lo miré con cara de niño-incrédulo-sabelotodo, y no dije nada, y mi paciente padre apuntó: "Ese señor era Chirajito". Y yo: "Pero si ni se parece, ese no es, Chirajito no es así", y mi papá solo me dijo: "Vos pensás que anda pintado todo el tiempo, pero no, así es cuando no está pintado". Luego empezó una de las charlas más reveladoras -nunca creí en Santa Claus- en la que me explicó cosas que yo no quería saber, que los payasos son gente normal que se pinta la cara y usa esa ropa solo cuando trabaja, porque resulta que ser payaso es un trabajo y no una especie de humanoide. Claro, esas son mis palabras de hoy, porque no recuerdo las de ese momento. El punto es que según recuerdo, no quise creerle, era demasiado para mi mente tan proclive a la invención y a creer en payasadas.
Unos meses después, gracias a un tío que trabajaba como censor en Canal 2, mis papás pudieron meter una solicitud para asistir el programa de Chirajito, y hacer que se admitiera con mucha más rapidez que lo normal. Me anunciaron que iría a "Jardín Infantil" como con un mes de anticipación, y yo me emocioné tanto que empecé a presumir por donde podía que saldría en la televisión y que conocería a Chirajito -el mío, no ese que mi papá decía- y a Tío Periquito. Yo quería participar en el juego de boliche. Mi hermana, que ya vivía en la capital, me llevó un kit de "bolos" de plástico verde con su bola de boliche de plástico blaco, y así me la pasaba practicando en la sala de mi casa para asegurarme de salir campeón y ser una estrella instantánea de televisión.
Quizá para todo el mundo, pero para un niño en especial, ir al set de un programa de televisión es un poco traumático: todo es falso, pequeño, ensayado, pregrabado y un poco estresante porque siempre hay alguno que no resiste tanta decepción y llora, y luego otro lo escucha, se conmueve y lo acompaña en su dolor, y deben abandonar el set. Yo me quedé, un poco intimidado, pero resistiendo las ganas de llorar, con lo bueno que era haciéndolo. De pronto apareció Chirajito, y todos aplaudimos, estábamos felices, él nos hacía payasadas, nos ponía apodos, se burlaba, todo esto fuera del aire, solo para romper el hielo. Ensayamos aquello de que él decía "¡Chibolaaaa!" y nosotros respondíamos a gritos "¡O nadaaaa!", y luego la canción de Bacaolinita.
Él era todo alegría, gritos y chistes. Ya en persona se notaba que su cara no era naturalmente blanca con esas pecas tan marcadas y que su nariz roja era de plástico. Estaba, pese a mi incipiente orgullo, a punto de creer lo que mi papá decía. Luego empezó la grabación. Nos decían que teníamos que estar en silencio, y luego que teníamos que gritar. Anunciaban que iban los anuncios y los programas de caricaturas, pero no pasaba nada ahí en el set, y seguíamos, sin interrupción, con los juegos. Para mi decepción no fui seleccionado para jugar boliche, sino para reventar globos con la panza abrazando a otro niño. Digamos que me pareció humillante semejante participación, sobre todo después de haber anunciado a todo el pueblo que iría por el campeonato de boliche, pero bueno, pasé por "Jardín Infantil" y conocí a Chirajito.
Muchos años después, cuando mi papá ya había muerto, volví a ver a Chirajito en un Congreso de payasos; yo era periodista de cultura en La Prensa Gráfica y le pedí declaraciones. Tuve ganas de contarle que yo era de Guadalupe, que era hijo de mi papá, que conocía su casa, que era un héroe de mi infancia, que fui a su programa -cancelado hace ya varios años-, pero no, solo le pregunté sobre sus reivindicaciones gremiales y alguna otra cosa de esas que preguntamos los periodistas.
Luego lo volví a ver cuando se metió en política para las pasadas elecciones municipales. Esa fue la única vez, después de aquel encuentro, que lo vi sin maquillaje. No quiero describirlo, no quiero ni escribir el nombre legal. Otros con seguridad van a decir quién era y cómo era el ser humano. Yo prefiero contar cómo era mi Chirajito, el de mi imaginario, el que recordaré. No sé si se parecerá al de alguien más, ojalá que sí, porque a mí me hizo reír y de alguna manera quererlo.
De lo estrictamente biográfico solo quiero resaltar que él era Chirajito de Verapaz, de ese pueblo tan golpeado por la naturaleza y que hoy recibe otro golpecito, que yo sé que se suma al dolor tan grande que ya tiene. Chirajito de Verapaz, este es un homenaje -tardío como todos- del niño-incrédulo-sabeloto, dícese de un marachito que sobrevive paupérrimo en algún jardín dentro de mí, y de más de alguno que me lee.
martes, enero 12, 2010
Extraños
se saben.
Allá en su banco eterno
de aquel parque calculado,
cuentan sus migas y reparten.
Una mano tiembla,
el ojo llora
y no hay voz en qué reconocerse.
sábado, enero 09, 2010
miércoles, enero 06, 2010
El pasado
sábado, enero 02, 2010
Propósitos de año nuevo *
afilar mejor mis puntos de vista,
me propongo ser apostol de las verdades que duelen,
por ende, resignarme a tener menos amigos,
y cada día demostrarle a los que se queden que vale la pena.
Me propongo merecerme algunos adjetivos:
difícil, cínico, mordaz, leal, puntual, incrédulo, consecuente.
Me propongo ser más uraño e intolerante con el vacío,
no pretender ser la monedita de oro,
ni regalar mi tiempo a los halagos.
Me propongo cuidarme más de tontos, frívolos y similares,
y aprender más a ser un poco tonto, un poco frívolo y poco similar.
Me propongo dejar claro que he cambiado,
aunque nunca se sepa cuanto.
Me propongo, ser más autocrítico para defenderme de la sinrazón.
Ser más justo con el amor y sus etiquetas.
Me propongo ser más escritor y menos copywriter,
ser más lector que autodidacta,
ordenar mis propias reglas,
saborear mejor cada café,
aferrarme nuevamente a la pantalla grande, aunque sea en una más chiquita.
Me propongo exagerarme un poco,
como ya dije,
quizá sea repetirme,
cansar a la audiencia,
parecer un agotado y conservador del mí-mismo,
y me propongo que no me importe.
Eso me propongo.
Quedan advertidos.
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* Sujeto a ediciones, correcciones, ampliaciones, actualizaciones, sugerencias y arrepentimientos.
miércoles, diciembre 30, 2009
El Tesoro
miércoles, diciembre 23, 2009
Pregunta prestada I
martes, diciembre 22, 2009
¿Te esperaré?
domingo, diciembre 06, 2009
Ahora no
no voy a asustarte con versos intensos y en exceso prematuros,
más optimistas que merecidos,
ni a escribir épicas románticas por una primera noche,
no voy a reescribir ni el Génesis,
ni mi biografía,
ni el índice de mis patologías,
ni mi testamento;
tampoco voy a marcar fechas,
ni a abrir un archivo de recuerdos,
ni a vaciar portarretratos,
ni a sumar almohadas,
ni cepillos de dientes.
No voy a alterar mi dieta,
ni mis horarios cardiovasculares,
ni mis nickname,
ni mis estatus en redes sociales.
No voy a hacer un plan,
ni a deshacerlo.
...
Ni siquiera voy a terminar este poema.
...
..
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domingo, noviembre 29, 2009
Nadie merece un novio poeta:
ni tan bueno.
jueves, noviembre 26, 2009
La Antigua de cerca
































