miércoles, enero 28, 2009
Llegó
lunes, enero 26, 2009
En vivo a las 4:16
domingo, enero 25, 2009
Frases que nunca he dicho * (primera parte (presiento))
"Te amo más que a mí mismo"
"Quédese con el cambio"
"Siga a ese auto"
"Nadie te va a querer más que yo"
"Si me dejas me mato"
"No sé, tengo que hablar con mi representante"
"Sí, yo lo maté"
"Estoy en San Petersburgo"
"Soy lo mejor que te ha pasado"
"En tus manos encomiendo mi espíritu"
"Hello, stranger"
-------
* Sujeto a cambios.
Antes
hubiera inventado un reino para darlo por tu mirada
hubiera cambiado mi guardarropa
hubiera aprendido a sonreir
hubiera vuelto al encierro nocturno
hubiera dejado que me escondieras
hubiera engordado a tu costado
hubiera sido más pudoroso
hubiera viajado menos
hubiera usado los anteojos
hubiera creído en dios
hubiera evitado cada exceso
hubiera compartido tus complejos
hubiera sido tu padre y tu madre
hubiera estancado mi conciencia
hubiera colgado mi futuro
hubiera dejado de escribir
hubiera sido tu enfermero
hubiera entregado mis armas
hubiera conseguido tu gratitud eterna
hubiera perdonado todas tus mentiras
hubiera ignorado tus traiciones
hubiera endosado a tu nombre mi memoria
hubiera chantajeado tu amor a pura lástima
hubiera sido tu imagen y semejanza
hubiera hecho todo a tu modo
hubiera muerto a tu lado
Antes
----------------
La cafetera italiana que vino de Cuba
Me encanta hacerme el café. Lo hago artesanal en una cafetera italiana, precisamente en la de la foto aquí a su derecha. Es italiana por su nombre genérico y supongo que los italianos se inventaron la técnica y el artefacto, pero esa cafetera de la foto, mi cafetera, es cubana, comprada en Cuba al menos, y es de un metal que pesa mucho (no como las que venden en Coffe Cup que parecen de papel aluminio) , y es justa la medida para dos tintos cubanos, o sea, dos expresos, o sea, dos café fuértísimos, y que se sirven de a poquitos. La cafetera me la regaló Sofía, una amiga con la que viajamos por Cuba en 1997, yo me vine y ella se quedó un par de días más, y ella supo de mi enamoramiento con el tinto cubano y me trajo esta cafetera. A Sofía la conocí en Cuba, ella es salvadoreña, pero nos conocimos vagabundeando en un Festival en la Habana, y nos identificamos como buenos compañeros de viaje. Ya de regreso en este pequeño país, no volvimos a reunirnos más que el día en que me dio la cafetera italocubana que me trajo, ese día también me prestó dos novelas y un disco doble de los Van Van, y como no nos volvimos a reunir sin la casualidad mediante, aún no se los devuelvo. Ella no lo sabe, pero mis mañanas de domingo (a la hora que se le antoja ser de mañana a mi domingo) son, gracias a ella y su gesto de regalarme esta cafetera, parte de la colección de momentos más especiales de mi vida. Parecerá un tontería, pero prepararse el café se torna un ritual si tienes una cafetera italiana: la medida, el calo, el olor y el sabor perfecto. Y ya dejo esto aquí porque el café y el ánimo se me enfrían ¡Buen día!
viernes, enero 23, 2009
Te vi atardecer
como los días
como la vida de los que han vivido todo
Te vi atardecer
entre el agua salobre
manchada de sol y relámpagos
de pie sobre una ola
y yo parado en mi propia soledad que ya no se pregunta
Te vi atardecer
sin la violencia de las horas
ahogado en tu paz intermitente
desnudo y sin castillos
Te vi atardecer
mientras atardecía
El cuento del cinéfilo solitario
miércoles, enero 21, 2009
Quiero ser negro y presidente
jueves, enero 08, 2009
La blogstar
sábado, enero 03, 2009
¿A qué?
¿A la necesidad de la muerte con testigo?
¿A la placentera infidelidad con culpa?
¿A los regalos caros?
¿A los regalos baratos?
¿A vestirse al gusto ajeno?
¿A la resaca insorportable del desencanto?
¿A la cursilería indisimulable?
¿A la lástima frente al espejo?
¿Al maldormir?
¿Al biendormir?
¿A la mentira piadosa?
¿A la crueldad cariñosa?
¿A la obligación erótica?
¿A la ansiedad patológica?
¿A la dependencia primaria?
¿A las amenzas en verso?
¿A las compulsiones alcohólicas?
¿A los delirios de trascendencia?
¿A las cuentas compartidas?
¿A reconocer la insuficiencia?
¿A redecodar la autobiografía?
¿A qué le llaman amor?
Si me dejan...
Tango para 6 copas de vino, resignación y orquesta
Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
en las horas resignadas de tu vida...
Gota de vinagre derramada,
fatalmente derramada, sobre todas tus heridas.
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve
rosa marchitada por la nube que no llueve.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir.
¡Vete...!
¿No comprendes que te estás matando?
¿No comprendes que te estoy llamando?
¡Vete...!
No me beses que te estoy llorando
¡Y quisiera no llorarte más!
¿No ves?,
es mejor que mi dolor
quede tirado con tu amor
librado de mi amor final
¡Vete!,
¿No comprendes que te estoy salvando?
¿No comprendes que te estoy amando?
¡No me sigas, ni me llames, ni me beses
ni me llores, ni me quieras más!
Fuimos abrazados a la angustia de un presagio
por la noche de un camino sin salidas,
pálidos despojos de un naufragio
sacudidos por las olas del amor y de la vida.
Fuimos empujados en un viento desolado...
sombras de una sombra que tornaba del pasado.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza,
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir.
jueves, enero 01, 2009
A propósito de 'Lo peor es que no me importa'
Post de año nuevo (de rigor)
miércoles, diciembre 31, 2008
El mundo en inglés (sin subtítulos)
Me parece que no entener un idioma a cabalidad es lo más parecido a no tener un sentido, que hace que todos los demás se agudicen. Los tonos de voz, los gestos, la mirada, las manos, las muecas de la boca, la posición del cuerpo, el juego con el espacio, la intensidad de la risa, y todo se da al mismo tiempo y se combina de manera infinita y expresar algo tan distinto como específico. Es maravilloso el mundo en inglés, así sin subtítulos, porque uno se obliga y se permite entender a los demás como casi nunca, en su versión orginal, en el idioma más primigenio. Get it?
------------
Esto no es una excusa para no retomar mis clases de inglés.
sábado, diciembre 27, 2008
Fin de temporada (I)
Uno está cerca
Uno no sabe
donde empieza
la cercanía
si en el tiempo
o en el espacio
o en la imaginación
o en la vigilia
o en la siesta
Con la lejanía es más fácil
se siente con todo el cuerpo
y a pesar de todo el vacío
no caben las dudas
jueves, diciembre 25, 2008
Fugaz
martes, diciembre 23, 2008
Años de soledad *

Tengo a mi lado, mientras escribo esto, un ejemplar de la 42.ª edición de Editorial Sudamericana de “Cien anos de soledad”, la gran novela de Gabriel García Márquez.
Esta edición fue impresa en buenos aires el año que yo nací, en 1974, y la descubrí en el pecho de mi papá cuando yo tenía 12 años, era 1986. En ese entonces mi papá vivía solo en el pueblo donde él, yo, mis hermanos y hermanas nacimos, en Guadalupe, San Vicente, en una esquina del Valle de Jiboa, al pie del volcán Chinchontepec.
A finales de 1984, la guerra golpeaba fuerte y las amenazas de ambos bandos comprometían gravemente nuestra seguridad. Ya mis hermanos mayores estudiaban y vivían en la capital, solo los dos hijos menores quedábamos en Guadalupe con mi papá y mi mamá. El 28 de diciembre de ese año mi hermana y yo fuimos notificados que en una semana nos mudábamos a la capital también, que mi mamá se nos uniría un poco después. Si yo hubiera sabido que era día de los inocentes hubiera pensado que era una broma cruel, pero no lo sabía y no era una broma.
Para no hacerle largo el post, mi papá se quedó en el pueblo viviendo solo, mi mamá se vino a San Salvador unos meses después que nosotros. El que más se resistió a la mudanza fui yo, que soy el hijo menor de 6 hermanos, y fui el más consentido por mi papá y por mi mamá, no quería separarme de ninguno, y luego la idea de que mi papá se quedara solo me afligía de manera especial, pero él debía seguir atendiendo los negocios y tierras de la familia para que nosotros pudiéramos vivir y estudiar cómodamente.
Los primeros años, cada viernes al salir de mis clases me iba directo a la Terminal de Oriente a tomar la ruta 501 para irme a Guadalupe, a estar con mi papá, mi abuela y mis amigos, y me regresaba en el último bus del domingo. Eso me duró lo que me duro el último tramo de infancia, y hasta que la adolescencia apareció con sus rebeldías y amarguras.
En una de esos fines de semana fue que descubrí “Cien años de soledad” en el pecho de mi papá. Recuerdo muy bien el cuarto de abobe con dos camas, las ventanas que daban a la calle las habían cerrado con más adobes porque podía entrar una bala perdida o dirigida. El cuarto era oscuro sin encender un foco, el techo de teja altísimo tenía una teja de vidrio por la que entraba un haz de luz perfecto lleno de partículas que cuestionaban mi concepto de vacío mientras atravesaba toda la habitación en la medida que, afuera, el sol se movía. El libro de pasta blanca con una trama de celdas azules con raros dibujos de soles, estrellas, calaveras, lunas, soles, campañas y gorros frígios llamó mi atención en las manos de mi papá que lo leía un par de minutos antes de quedarse dormido en su siesta de las tardes. Esa tarde yo intentaba dormir también una siesta, rara vez lo lograba. Cuando mi papá se quedó dormido con el libro en el pecho y los anteojos puestos, me acerqué a quitarle el libro y los anteojos, él medio despertó, me miró un poco asustado, y yo solo le dije que se quitara los anteojos, lo hizo y yo tomé el libro de su pecho. Luego me fui a mi cama a un lado y leí el título: “Cien años de soledad”, me estremecí por una inmensa tristeza.
Yo no sabía nada de esa novela, ni de su autor, ni del “boom”, ni del Nóbel, ni de literatura, ni nada de lo que ahora sé sobre esa novela. Pero el título me llenó de tristeza por mi papá, pensé en su soledad, y no tengo idea si él pensaba en su soledad con ese libro, tampoco supe como llegó ese libro a sus manos. Es probable que mi hermana mayo se lo haya dado porque tiene su nombre y el nombre del instituto donde cursó bachillerato. Tampoco supe si lo terminó de leer, aún está un separador en la página 155.
Yo la empecé a leer esa tarde, quizá buscando lo que mi papá sentía. Empecé y leí varias páginas. Hasta entonces yo no había leído una novela, solo leía cuentos y fábulas de “El libro de nuestros hijos”, una enciclopedia maravillosa de tres tomos muy gruesos que teníamos en la librera de la sala y llena del contenido más variado. La novela la leía cada fin de semana, siempre estaba en la mesa de noche de mi papá, pocas veces lo volví a ver con el libro en las manos o en el pecho.
Quizá tardé tres meses en terminarla, y solo al principio comenté con mi papá, que se confundía con los nombres, luego yo me adelanté y él no quería que le contara lo que seguía. Yo le conté cuando la terminé, y me dio que me esperara a que él la terminara. Sospechó que no la terminó. En ese entonces no entendí mucho de esa novela, la soledad no era la de mi papá me decía sin decírmelo, pero disfruté mucho leerla, y eso que yo era un enganchado a la televisión.
Aquel pueblo ya era un pueblo solo, lleno de gente mayor que siempre había estado a mi alrededor, gente muy distinta a la de la ciudad, con vidas e historias que a mí se me hacían cotidianas, pero que hoy, desde el tiempo, las veo dignas de contar en un libro o en varios. A lo mejor por eso, la novela de García Márquez no me perecía excesivamente mágica, ni ficción, salvo algunas cosas claro está, sin embargo, yo había oído, nunca visto, de cosas que pasaban o habían pasado en el pueblo tan mágicas como las del libro, y a veces más. Incluso llegué a contar alguna historia del libro cuando, por las noches los fines de semana, nos juntábamos a escuchar las historias que la Chayito nos contaba en la puerta con gradas de la casa de los Prieto. Y mis historias encajaban en las demás, sin que nadie sospechara que eran parte de un fenómeno literario que estaba alborotando al mundo entero.
Mi papá murió un día de paro al transporte impuesto por la guerrilla: el 5 de mayo, el quinto mes de 1988, a las 5:55 de la tarde en un hospital de la capital. Mi papá siempre compraba billetes de lotería que terminaban en 5, porque decía que era su número de suerte, las placas de los dos carros que teníamos terminaban en 5, y no sé que otras cosas justificaban su creencia. Lo cierto es que el 5 marco su muerte de manera casi mágica, pero sobre todo realista. Mi papá empezó a morir un mes antes en su soledad, en aquella casa que se derrumbó, junto con el pueblo entero, en aquel terremoto de febrero del 2001. Y eso que la realidad se escribe sola.
Unos años después me pidieron en el colegio leer “Cien años de soledad”, al principio dije “ya la leí”, pero las exigencias tan puntuales del control de lectura me hicieron volverla a leer, y fue otra experiencia con el mismo libro. Ya tenía otras herramientas para interpretarlo, y ya había leído otras novelas también, unas porque después de mi primer novela quedé con ganas de otras por iniciativa propia, y las demás por exigencias académicas. El año pasado estuve en Cartagena de Indias, en un taller de Crónicas periodísticas auspiciado por la fundación del Gabriel García Márquez, justo en medio de las celebraciones de sus 80 años, los 40 de “Cien años de soledad” y los 25 de haber recibido su Nóbel. Hubo todo tipo eventos, conferencias, homenajes y una edición conmemorativa de la Real Academia de la Lengua que me compré para releer el clásico y ver si terminaba de entenderlo ya con todo lo que había escuchado.
Entre la primera y la última vez que leí “Cien años de soledad” he leído cientos (ojala fueran miles) de novelas, cuentos, poemas, ensayos, textos periodísticos y académicos. No sé bien si ese momento en que tomé el libro del pecho de mi papá tuvo algo de mágico, lo cierto y real es que ahí empecé a ser el lector que soy, que es como decir el ser humano que soy. Y ahora escribo porque he leído, porque quizá un día logre hacer que usted lea sus propios años de soledad.
---------------
En otra parte (original diferido)*
“La vida está en otra parte”, de Milan Kundera, la leí durante un viaje a México, quizá en 1997 o 1998, no estoy seguro, y no tengo el libro a la mano para ver la fecha de lectura que siempre anoto en los libros que leo. Ahora mismo estoy en un avión, iniciando un corto viaje, es de noche, y hay ganas de oscuridad y silencio. Siempre que viajo me acuerdo de ese libro, no porque trate de viajes, sino porque cuando lo leí descubrí que existía el perfecto libro de viaje.
En aquellos años yo era un viajero compulsivo, iba y venía de un lugar a otro, a veces de un país a otro. Tuve la suerte de encontrar siempre algún medio para viajar, por visitas familiares, por trabajo, por estudios, por cariño de otros, y solo algunas veces viajaba con mis propios recursos. Un amigo muy cercano por aquellos días solía cuestionarme insistentemente muchos aspectos de mi vida, y en uno de aquellos emplazamientos se dedicó a cuestionar mis razones para viajar, y para mí viajar no necesitaba razones: todo el mundo quiere viajar. Él aseguraba que mi caso no era un caso genérico, que yo viajaba para huir, que él detectaba en mi entusiasmo por los viajes una atisbo de esperanza de encontrar en algún viaje algo que me urgía encontrar. De muchas maneras tenía razón este buen amigo, yo viajaba buscando demasiado: la vida, esa vida contundente y bien ponderada cuya idea no se ajustaba a la vida que yo vivía. Y fue justo antes de emprender un viaje luego de esta discusión que llegó a la librería donde yo trabajaba “La vida está en otra parte”, y el título me atrapó, y yo llevaba un par de años devorando a Kundera, como muchos de mi generación. Ya me había leído “La insoportable levedad del ser”, el momento cumbre, luego “La inmortalidad”, que no fue tan memorable, pero me di otro chance con “El libro de los amores ridículos”, que lo disfruté –¿cómo no?-, descansé con “La lentitud”, luego fue que apareció oportuno y seductor el título ya mencionado.
Este libro cuenta la historia de un poeta, solo eso. Su infancia, adolescencia y adultez temprana, sin más hechos que los que corresponden a un poeta: delirios, fundación del ego, algún grado de locura, su tragedia existencial y esas ganas de buscar la vida. No sé bien si este libro le pueda parecer tan bueno a alguien que no sea poeta, o si, en su defecto, a otros poetas les parecerá al menos interesante. Lo cierto es que a mí me dio ese vínculo con el mundo que andaba buscando.
De ese viaje no recuerdo nada más trascendental que esa lectura, y es difícil explicar por qué sin que suene pretensioso. Lo más importante fue que aprendí a aceptarme poeta, a reconocerme como tal, fue la primera de muchas aceptaciones vitales que vinieron con los años.
Es que ser poeta no era condición fácil de asumir para mí, yo quería ser científico, matemático, un hombre de datos exactos, no me gustaba la idea de escribir poemas y conmover a la gente, quería hacer cosas útiles e importantes. Pero no había podido evitar a la poesía, y es esos años que aquí evoco, pasaba por mi época más frenética de producción poética, y era, a veces, insoportable. Quienes me conocieron saben de qué hablo cuando digo insoportable.
Entonces Kundera llenó ese libro de frases que no sé que efecto me producirían en mis actuales circunstancias, pero en su momentos fueron un viaje intenso, y en cada viaje que hago repaso las sensaciones y la emoción de viajar solo para buscar, después de haber descubierto que es la búsqueda la que se disfruta, porque la vida siempre está en otra parte.
-----------------
Para leerlo en su ambiente natural haga clic aquí.
viernes, diciembre 19, 2008
En otros lares bloguerísticos
domingo, diciembre 14, 2008
Lecturas culposas (I)
Manuela Romo es autora de Psicología de la creatividad (Paidós) y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid. Al investigar sobre el trabajo de los creadores, se encontró con que se trata de una actividad que exige "un enorme esfuerzo cognitivo y mental al que hay que dedicar cientos o miles de horas. Además, cuando hablamos de auténtica creación, de producir algo nuevo, la persona experimenta fases de gran incertidumbre, no sabe hacia adónde va exactamente, no hay nada definido, y, además, está desafiando paradigmas establecidos, lo que puede ocasionar rechazo o incomprensión. Por otra parte, el hecho de trabajar en soledad puede generar estrés", explica. Visto así, se parece bastante a una especie de tortura. Sin embargo, Romo subraya que nada de esto es capaz de quebrar, por sí solo, la voluntad de un artista, un científico o un compositor. "Es su vida. Una personalidad creativa ama su trabajo, en el que a veces tiene lo que la psicología llama 'la experiencia del fluir': un estado de total inmersión en una tarea, estar absorbido y perder por completo la noción del tiempo".Esto lo estoy leyendo en un artículo de El País que me pareció especialmente atractivo para iniciar mis lecturas del domingo por la mañana dadas algunas de las angustias que hoy adornan mi culto personal. Querer saber si uno es o solo parece a veces es bochornoso por lo que puede tener de ridícula egolatría, y yo, cuando me siento de esos modos, me declaro culpable de inmediato, antes de que alguien por ahí se me adelante. Pero bueno, sigo leyendo, a ver si vuelvo por aquí con otro acto de constricción.
miércoles, diciembre 10, 2008
Cada diez de cada mes
Las siete menos cuarto
jueves, diciembre 04, 2008
Infidencias sobre Miguel
Me dijo Miguel, entre otras cosas, que yo me olvido del sentido de un blog, que según él es para escribir cualquier cosa sin la presión de escribir algo bueno. Esto a raíz de mis prolongadas ausencias de últimamente. Quizá Miguel tenga razón, aunque recientemente también me acusó (con un deje compresivo y tierno) de inseguro con motivo de mis comentarios faltos de sutileza en nuestra cotidiana amistad. Miguel siempre pone cara de duda conmigo, y a veces creo que de verdad duda de mí, y yo no estoy muy acostumbrado a la duda ajena aplicada a mí, y confieso que me afecta, pero lo tomo también con entusiasmo filosófico: las ideas solo crecen cuando se les aplica la duda. Yo no soy una idea ¿o sí?, pero las dudas me ponen a repensarme, y no siempre hay resultados complacientes, pero a a veces (solo a veces) creo que salgo más crecidito ¿será?
Ahora mismo me pongo a calcular qué dirá y qué pensará Miguel sobre este post, quizá le cause gracias, quizá se sienta atacado por mi inseguridad (y así le cause ternura), quizá lo enoje, quizá lo amargue, quizá lo endulce, quizá yo nunca sepa qué dirá ni qué pensará Miguel sobre este post, por eso calculo. Lo cierto es que, a fin de cuentas, un blog permite esto, decir cualquier cosa a un presunto inseguro como yo: gracias Miguel (y perdón por el abuso).
________________________________________
infidencia.
(De in-2 y el lat. fidentĭa, confianza).
1. f. Violación de la confianza y fe debida a alguien.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
viernes, noviembre 28, 2008
Un palpo y la ataraxia
martes, noviembre 25, 2008
Secretos
jueves, noviembre 20, 2008
Mi retiro
martes, noviembre 18, 2008
lunes, noviembre 17, 2008
Cuando no se escribe
Pero, y he aquí el motivo principal, que no era limpiar mi honra crediticia, tener "ESCRITOR" en el DUI como profesión u oficio no lo hace a uno ESCRITOR, por eso, hoy que amaneció el viento de nuevo gritando en mi ventana, me sentí un poco charlatán, porque hace ya demasiado tiempo no escribo como profesión u oficio. Incluso este blog, que me sirve de paliativo y pretexto, había sido abandonado por más días de los que me permito, y me pensé con vergüenza, y se me ocurrió denunciarme, burlarme de mí, desmentirme y acusarme en público: Cuando no se escribe no se puede llevar ESCRITOR escrito en el ego, ni en honra, ni en el DUI. He dicho.
martes, noviembre 11, 2008
Temblando
viernes, noviembre 07, 2008
Preguntas claves

¿El tiempo cura o simplemente hace que todo importe menos?
¿Existe la posibilidad de no perder cuando no se gana?
¿En guerra avisada no hay muertos?
¿Cuántas verdades se necesitan para la mentira perfecta?
¿Cuándo se llega a entender que ya no hay nada que buscar?
¿Por qué casi siempre se prefiere creer algo distinto a la verdad?
¿Los blog son un pretexto para no hablar de frente?
¿En qué momento la vida deja de ser una pregunta?
domingo, noviembre 02, 2008
Breve noviazgo de domingo (el simulacro)
viernes, octubre 31, 2008
31 de octubre
usted andaba de usted
y yo andaba de mí
y aún así nos reconocimos
yo lo retaba a descifrarme desde mi camisa
y usted lleva ya tres años
explicándome como soy
Yo supe todo de usted
con alevosía y ventaja
lo encontré casi anónimo
y usted solo respodió
un almuerzo italoamericano
luego una cena y un beso robado
y el prólogo empezó
Lo demás lo contamos a diario
como se cuentan la historias que hacen dos
y usted sigue de usted
y yo sigo de mí
tan distintos y tan iguales
y aún así nos reconocemos
diciéndonos usted en medio de todos
como código secreto de intimidad
jueves, octubre 30, 2008
30 de octubre
como silbidos de gigantes
y no hay nada que se quede quieto
es frío en piel viva
en las cosas
y en los sueños
es el viento
El viento
es como vos
mi princesa lejana
que silbás desde el imperio
las canciones que te mando
y recorrés impertinente
y sin perderte
los vericuetos de mi memoria
desordenando todo
dejando como al descuido
tus joyas más preciosas
esparcidas en cualquier lugar
siempre olvidada
pero certera cuando se trata de encontrarme
El viento es como vos
amiga íntima de mi palabra
el Auryn de mi historia finita
que nos retrata eternos hasta que dure
como el ingenuo perfume de mandarinas
que buscaste ilusionada al cerrar el libro
que nos hizo entender que amar es devorarse
y ya no hubo vuelta atrás
El viento hoy es como vos
este 30 de octubre
de un año calquiera
que golpea mi vida completa
como queriendo poner el mundo en fiesta
y yo solo te pienso
y sonrío
y te escribo
amiga íntima de mi sonrisa
miércoles, octubre 29, 2008
29 de octubre
porque solo yo lo sé
porque yo te inventé
yo te puse cada gesto y cada urgencia
sin mí no estarías en cuentos ni poemas
yo te di cada milímetro de memoria
te instalé en la eternidad de mis catedrales
yo dibujé tus cicatrices como labios
y marqué ritmo a tus pasos
dispuse tus tropiezos y puse lágrimas en tus ojos
boceté tu boca y le indiqué como besar
diseñé tus defectos y tus miradas de rabia
yo te enseñé a mentir con el silencio
a no gastar palabras de amor
a plantarte con soberbia ante la duda
yo te enseñé como quererme
a permanecer ahí aquí antes y después
y a llegar puntual cada 29 de octubre a mi calendario
Y a veces quiero decirte quien soy
pero eso solo vos lo sabés
porque vos me inventaste
Transiciones
De un trabajo a un proyecto
De la lluvia al viento
De la pasión al dinero
De la voluntad al desconcierto
Del desvelo a más desvelo
De la paz a la guerra
Del desencanto a la indiferencia
Del desayuno a la vida
De la palabra al cenicero
De la soledad a la sonrisa
Del saludo al silencio
Del compañero al enemigo
Del amigo a la ausencia
De la distancia a lo imposible
Del talvez al nunca
De la ilusión al frío
De vos a mí
Del tango al miedo
domingo, octubre 26, 2008
45 minutos antes de mañana
A quien interese: Playlist ampliada
Disfrutémoslo, apaguémoslo, bajemosle el volumen, lo que gusten.
---
PD1: Rafa, agregué Ni usa sola palabra. Clu, ya está por ahí Amiga mía. Jordeke, también puse Algo contigo.
PD2: No son dedicatorias actuales, conste. Valga la aclaración por aquello de las parejas y los parejos en extremo suspicaces.
PD3: Sospecho que no soy objeto de lectura de las parejas y parejos aludidos, pero no sabe uno los alcances de la suspicacia parejil.
PD4: Ningún parecido con la realidad es coincidencia.
PD5: Solamente.
sábado, octubre 25, 2008
Post de un domingo ¿cualquiera?

Es domingo, casi termina octubre, hace sol, dicen que hoy empieza el verano, es decir, aquí en Centroamérica, donde el verano es un ficción absurda. Es que aquí no tenemos verano, ni invierno, ni otoño y menos primavera. Tenemos Estación Seca y Estación Lluviosa, que se distribuyen en el año cada vez más caprichosamente: calentamiento global. Pero sí tenemos domingos, casi todos son como este, lleno de horas prometedoras, pero demagógicas. Un buen domingo siempre amanece con preguntas que se van despertando con un buen café y una alemanita Lido: ¿Hay que llamar o no hay que llamar a quién te llamó de madrugada para tomarse un par de tragos más? ¿Hiciste bien en tomártelos? ¿Qué fue exactamente lo que siguió a los dos tragos más? ¿Debo seguir mi vida como que no hubo llamada, ni dos tragos más, ni lo que siguió? ¿Podría?
Es domingo, y me da por entender con lucidez divina que, si existiera un dios, parar un domingo la creación para descansar eternamente era la mejor opción posible.
jueves, octubre 23, 2008
La gota

Que me vaya de aquí, me decís.
Pero no me llevás.
Que no estás, me decís.
Pero no te vas.
Es como cuando llueve (ahora) y oigo llover, pero está oscuro y la lluvia no se ve, pero llueve, porque juro que oigo llover.
Que me vaya de aquí, me decís.
Es como cuando llueve (ahora), que quiero ser la gota del otro lado del cristal.
Que me vaya de aquí, me decís.
Y yo me quiero ir.
martes, octubre 21, 2008
Mi vida no es tan fácil como se lee
lunes, octubre 20, 2008
Excluyentes

Somos excluyentes. De alguna manera todos somos excluyentes cuando nos sentimos incluidos, cuando nos sentimos parte, indentificados, gregarios, nosotros frente a ellos. Excluimos, a veces, sin intención, otras con alevosía. Apartar a los otros es una manera de saltar en medio de la fila, de procurarnos atención cuando somos fuertes, cuando somos plural. La exclusión es simbólica: hablar en otro idioma que los demás no entienden, hablar en códigos de vida en común, hablar de temas de incunbencia limitada, gritar en grupo, hablar en secreto, dar la espalda, no hablar, hablar sin dirigirse a los demás, son muchas formas en que se puede ser excluyente, y quizás son más abundantes que las de ser incluyente. Somos excluyente y es hermoso ver, a veces, a los excluyentes defendiendo su derecho a construir su nosotros, sin nosotros, y es difícil no caer en la tentación de decírselos así, aunque no nos importe, solo para pintar la raya. Ustedes nos sabrán disculpar.
miércoles, octubre 15, 2008
Él
A veces

A veces, sin saber por qué, es de madrugada. Es de madrugada y empiezo a pensar. A pensar en alguien que no conozco, que nuca he visto, pero sé su nombre, su talla de pantalón, la marca de su champú y el color exacto de sus ojos. Sus ojos es lo primero que veo, que me ven, que no están ahí, pero que lo saben todo. Saben todo lo que pienso y lo que voy a pensar, que no quiero volver, que no quiero salir otra vez sin querer ir donde voy. Donde voy siempre hay preguntas y tareas confusas. Confusas también son las ideas que se levantan sin gravedad de mi teclado, que flotan por ahí como si fueran importantes. Importantes digo, y no sé lo que digo, solo a veces.
Perdido y encontrado

Peor que sentirse perdido es sentirse encontrado. Ahí donde todos saben donde está uno, y uno sin moverse, sin hacer muecas demás como esperando que le tomen la foto, la foto no, que lo retrate un pintor calvo con bigote, con ojos chiquitos y manos regordetas: quieto, no se mueva que no va a quedar bien. Antes, cuando tenía esa facilidad para sentirme perdido, también me sentía libre y reía a gusto, no por nervios. Es que era lindo sentirse un tal Jesús de 13 años, hijo de dios, vagando libre de los ojos del padre putativo y la madre virgen, era lindo andar perdido en el templo hablando y sorprendiendo a los maestros de la ley que preguntan cosas —quién sabe qué cosas— que no se le preguntan a un niño de 13 años, aunque este niño sea el hijo de dios, era lindo sentirse perdido así, en pleno uso del bendito albedrío. No era tan lindo estar y ser encontrado, regañado, vilipendiado y, por sobre todo, incomprendido, borrado y vuelto a encontrar ya con 33 y ya para matarlo —¡vaya guionista!—.
Ahora, precisamente ahora, por todo esto es que digo que peor que sentirse perdido es sentirse encontrado.
lunes, octubre 13, 2008
¿Qué será?
Los buenos publicistas quisieran ser artistas,
pero los verdaderos artistas no quieren ser publicistas.
viernes, octubre 10, 2008
La escritura, el lenguaje, los ausentes y Sigmud Freud

"La escritura es el lenguaje del ausente", frase bendita de Sigmud Freud (no tiene blog Miguel), este señor sospechoso que nos metió la desconfianza en el espejo, dejó escrita esta frase en "El malestar de la cultura", quizá uno de mis textos favorito, al que le dediqué algún ejercicio académico en mis momentos de pseudosesudo intelectual estudiante de filosofía y si le hacen clic a la parte coloreada podrán leerlo tal cual fue digno de un 10.
Pero bueno, el punto no es mi 10, es que la frase en cuestión la tiene mi amiga histórica (histérica, estoica) es su nick. Dicha amiga, es mi amiga desde hace 22 años, es mi primer amor, 9 años de novios desde los 13 años. Es decir, nos hicimos uno al otro, porque no había nadie más que los dos en esos años de tribulaciones adolescenciales. Fue la primera novia y amiga que se fue del país. Se fue así, derepente, y durante un año más seguimos como novios distanciados, y otro más como ex conflictuados (y distanciados) saboteándonos a control remoto todo intento de relacion amorosa. Al final supimos ser los amigos que siempre fuimos, y ahí estamos, siempre escribiendo. El cuento viene a que con ella empecé a escribir y recibir cartas, escritas a mano, sobre papel y enviadas por correo que tardaban unos 12 días en llegar. Del primer año tengo 36 cartas, del siguiente unas 20, cartas largas, llenas de historias, de distancia y de ausencia. Ella es psicóloga, de escuela psicoanalítica, y Freud siempre fue un tema recurrente. Nos hacía gracia como el índice de sus obras completas nos describía. Nos escribíamos así, casi obsesivamente, hasta que un buen día apareció el Internet y el email. Dejamos el papel y el lapicero, y nos dedicamos a teclear. Algo pasó. Antes, acumulábamos la vivencia de 15 días en una carta, con el email, podíamos enviar y recibir a diario nuestras historias, pero dejaron de ser las eran. A veces eran forzadas, como escritas porque había que escribir. La posibilidad diaria de comunicarnos nos rompió el encanto de la correspondencia, de la distancia, de la ausencia. Nos fuimos haciendo otros, muy parecidos, pero distintos a los que nos hicimos en tinta y papel, que ya eran distintos a los de carne y hueso. Cuano vi su nick el otro día, tuvimos una breve comunicación:
Elmer: yo soy un ausente pues :DY sí, algo tienen de razón Freud y Alicia. Y buscando escontré a otro señorm, M. Escola (tampoco tiene blog Miguel), diciendo cosas que le ponen un poco de orden a las ideas estas:
Alicia: un ausente? ah.... sí
Elmer: porque uso la escritura pues
Alicia: a poco no está lindo?... y muy cierto
Elmer: sí
Alicia: en aquellos tiempos
Elmer: sin messenger
Alicia: sí, eso nos pasó a perjudicar y le da a Freud la razón... del engaño de la tecnología
Elmer: cree?... no, no es un engaño
Alicia: sí, nos hace creer más cerca, pero finalemnte nos comunicamos menos no? entonces no acorta la distancia sino la comunicación... me refiero en el engaño a la tecnología, no a la escritura
Elmer: ...
Alicia: ...
La “autenticidad” de una carta/letra, lo que constituye su valor, reside en esa distancia, que quiere (en mi lugar) que diga siempre más de lo que “yo” quería inicialmente. El “Yo” se deja allí desbordar. Por eso precisamente la palabra epistolar no puede ser un sustituto del intercambio oral: lejos de ser inmediata, la expresión de sí misma que pretende está poderosamente mediatizada por la ausencia del otro y el ritmo mismo de la escritura. ¿Por qué debería mi práctica epistolar obedecer a convenciones tan immutables, sino para conjurar el vértigo de ese desborde?Lo cierto es que escribir una carta, un email, en el msn, un post, un blog entero, nos declara ausentes ¿Adictos a la ausencia?
jueves, octubre 09, 2008
Apenas un poema
apenas volvemos, apenas silbamos,
apenas goteamos, apenas ingerimos,
apenas tenemos, apenas transgredimos,
apenas decantamos, apenas penetramos,
apenas descendemos, apenas martillamos,
apenas amortizamos, apenas descontamos,
apenas parecemos, apenas intrigamos,
apenas elucubramos, apenas resplandecemos,
apenas ocultamos, apenas ofendemos,
apenas insistimos, apenas palidecemos,
apenas horneamos, apenas pulimos,
apenas sublimamos, apenas masticamos,
apenas deletreamos, apenas dividimos,
apenas recordamos, apenas hostigamos,
apenas dispensamos, apenas recorremos,
apenas coloreamos, apenas apretamos,
apenas barnizamos, apenas adoramos,
apenas destornillamos, apenas surcamos,
apenas condenamos, apenas enhebramos,
apenas invertimos, apenas fornicamos,
apenas fraguamos, apenas enamoramos,
apenas comprendemos, apenas curamos,
apenas vilipendiamos, apenas capturamos,
apenas zurcimos, apenas compadecemos,
apenas contentamos, apenas esmerilamos,
apenas posteamos, apenas, apenas, apenas.
Sueño sin soñar
pero no consigo dormir,
ni soñar
todos los sueños que tengo.
martes, octubre 07, 2008
Fiestas

A veces voy a fiestas. Suelo salir huyendo. Las fiestas me recuerdan las misas de mi infancia de pueblo: rodeado de gente, de mucha gente, demasiada gente. Casi siempre perdía la conciencia y al recobrarla estaba en la entrada de la iglesia con mi tía Margo dándome aire con un diario, y poniéndome agua en la frente y las mejillas. "Te desvaneciste", me decía, "te dio ahogo el gentío". Nunca me diagnósticaron claustrofobia, pero poco a poco mi devota madre tuvo que dejar de llevarme a misa, y cuando me llevaba, ya viviendo en la capital, nos quedábamos en las bancas más cerca de la puerta, y casi siempre mediaba la promesa de ir a comer a la Pizza Boom, porque íbamos a Don Rúa. Comer pizza me gustaba, y la misa con puerta de salvación a dos metros era una experiencia menos asfixiante. Pero volviendo a las fiestas, también las fiestas me costaron siempre, las fiestas como tales, anónimas, sociables. Ir a discotecas con amigos lo llevo bien, una contradiccón que por un tiempo creí una cura, hasta que me vi en una fiesta de nuevo. Cuando digo fiestas me refiero a multitudes, con un buen porcentaje de desconocidos, o bien conocidos que no me interesan, música fuerte y mucha gente hablando más fuerte aún.
No puedo. No sé, no puedo. Ya no puedo. He podido, pero quizá ya no me interesa poder. Precisamente vengo de una fiesta. Salí huyendo. Llovía. Al llegar a mi casa, tomé agua mientras me comía una bolsa de congamix. Hoy no esperaba correo (igual no había). Me puse a escribir esto, y al mismo tiempo hablaba con uno de mis mejores amigos, al que le contaba sobre la agudización de mi insociabilidad. Él insistía en que yo no era insociable:
— Yo he visto como te llevas con la gente Elmer, y eso no es ser "insociable"... ay bueno eso puede ser, pero me parece que nada más andas apático y eso es normal en todos.Iremos. Supongo. Disfruto de su compañía, de la compañía, incluso me gustan las "reuniones", es decir, grupo moderado de gente platicando con música de fondo, alcohol, cigarros, risas, anécdotas, algún gracioso, algún vulgar, algún tonto. Claro, también las reuniones terminan fastidiándome cuando son la misma repetida. Entonces me ausento, y terminan ausentándome. Y todo tiende a empezar, para llegar inevitablemente a estas conclusiones. Supongo que por eso escribo, porque es una manera solitaria de existir, de comunicarse, de recrear el mundo a mi antojo, de inventarme a este que se confiesa como si fuera yo.
— Que más da.
— Ay, vamos Elmer, yo sé que no es que te interese menos ser sociable, ¿qué tenes?
— No creo tener "algo", es que soy más así, no sé, uno crece, y se va haciendo más como es.
— Ok... bueno, pues si te aceptás así yo también lo haré :) jejeje como que si me estuvieras diciendo que volviste a entrar al closet jejejeje.
— Jaja... a uno de los tantos closet que uno tiene en la vida.
— Sí, son varios, pero así pasa.... Mirá, cuando me pase la gastritis vamos de nuevo al Buffalo Wings, como la vez pasada.
Hasta aquí mi discurso de hoy, este "after party" solemne y desganado, que hace que me guste tanto Marcel Proust cuando dice que "todas las desdichas de los hombres derivan de su incapacidad de vivir aislados en una habitación".
El playlist

Si usted es observador y escuchador, habrá notado, querido lector, querida lectora, que hace unos días agregué allá abajo de este mi blog un playlist (¿una playlist?) con la intención de presumir mi gusto musical, del que estoy orgulloso como de un hijo triste. Pero lo hice también con la intención de compartir. Soy de los que de pronto detiene a la gente y le pone una canción y exige plena atención. No todos me toman en serio, hacen como que oyen, pero no les importa, y yo me doy cuenta, y ellos me importan menos. Mis amigos reniegan burlones de mi iPod: "¡deprimente!" me acusan con su felicidad de top 10, mientras yo casi me alegro de aburrirlos con mis canciones. Es que mis canciones y yo tenemos algo entre manos, quizá un plan de suicidio a plazos, o un largo viaje de contado, una confesión escandalosa, o simplemente ganas de vivir atormentándonos los días. Mis canciones se repiten y repiten y repiten, y de pronto se me olvidan, quedan ahí sonando para nadie, hasta que las reencuentro maravillado. Pues eso, mis canciones, una cuantas, suenan en mi playlist, así que escúchelas por vafor, como si usted de verdad me quisiera.
lunes, octubre 06, 2008
La importancia
------------------------------------------------------
RAE:
Importancia: 1. Cualidad de lo importante, de lo que es muy conveniente o interesante, o de mucha entidad o consecuencia. 2. Representación de alguien por su dignidad o cualidades.
sábado, octubre 04, 2008
Capsulitas

Hoy me dijo un doctor que estoy sano, que solo tengo una glándula retorcida, que mi dolor se cura con capsulitas. Creo que me puse contento porque no me gusta el dolor, pero también no me puse contento porque no me gustan las capsulitas. Luego empezó a llover, llegué a mi casa y busqué ese correo que no va a llegar. Entonces me acordé de las capsulitas y me tomé una. Uno de los dolores se me quitó.
miércoles, octubre 01, 2008
El viento

El viento tiene fama —fundamentada— de llevarse cosas. Se las lleva, sí, a veces de forma sutil y hasta poética, y a veces de forma desatrosa y cruel. El viento es lo más parecido al tiempo: no lo vemos, siempre está ahí, pero lo sentimos, aunque no lo pensemos. Dice la Real Academia de la Lengua que viento es "Corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales", y también dice once acepciones más, y entre ellas dice "Cosa que mueve o agita el ánimo con violencia o variedad". Quien decía del viento también era Juan Rulfo, en "Luvina" quizá es cuando más dijo, quizá lo dijo todo. Eso pensé anoche que lei "Luvina" de nuevo, quizá deba decir hoy porque ya había pasado la media noche, y ya era octubre y octubre trae el viento a la mente, aunque el clima se empeñe en no odebeder tradiciones, y menos a literatos. Estoy resistiendo la tentación de contar —o inventarme— anécdotas con piscuchas y de citar a Alfredo Espino, pero es demasiado fácil ser costumbrista para conmover sin esforzar la creatividad. Quizá prefiera al viento provocando turbulencias en los aviones, o retrasos de tres horas volando —en avión, claro está— de Madrid a Miami, lo prefiero llevándose a Rhett Butler, en las o tildadas de Pessoa, en Campo de Criptana, desde el mar, y sobre todo insolente en mi ventana, gritando y golpeando como si supiera las cosas que pasan adentro.
viernes, septiembre 26, 2008
Nuncamuerto
Lo del negocio propio, querida mía, es tan impropio para novios como yo, tan dados a soltarse de las manos en medio de las tiendas de buen vestir, agencias de viajes y estantes llenos de papel impreso.
Me ofrezco sin dudas a saltar con vos de cama en cama, sin apellidos, ni revuelos, ni venias, sin darte los buenos días, siempre y cuando empecemos de nuevo cada jueves santo. Yo no quiero ser nunca necesario, pero quiero necesitarte a mi antojo. Yo no quiero ser suficiente, ni aunque me veás juntando ramitos rosados para llevarlos tempranito cada dos de noviembre de cada año que te sobreviva.
Para más señas: Siempreviva.
lunes, septiembre 22, 2008
Desayuno sucedáneo

Este lunes amaneció como yo. Insistente, gris y frío. Pesado también. Hoy no hubo desayuno, y con la más descarada intención de evadir al lunes en cuestión, llegué a mi trabajo y me puse a leer blog y periódicos. Los blog que leo a veces y los periódicos que leo siempre estaban hoy confabulados en mi causa. El post de fin de verano de Xavier Velasco me dio compañía, una especie de abrazo comprensivo, llenó esa necesidad de "sentirme parte de" que tanto mencionaba mi dedicado psicólogo mientra yo pensaba entre risas mentales "lo que necesito es 'sentirme todo' querido psicólogo". Con Velasco convercé durante su gira promocional como Premio Alfaguara, con "El Diablo Guardián", y me pareció el que parece ser, por eso la confianza. Luego pasé a la política foránea en las crónicas decisivas de Héctor Feliciano, que recién volvió luego de varios meses de ausencia para hablar de Obama, McCain, Clinton, Palin, votos, encuestas desde su oficio de observador y cronista, siempre sereno, informado e informándose mientras se pasea en el múltiple lobby literario y periodístico de Nueva York. Me gusta su estilo, fue mi maestro, valga la presunción. Y como a mí me gusta saber cosas, sobre todo entender, la lectura me hizo sentir importante, creo que mi psicólogo mencionaba algo así como "compensar un déficit atencional", mientras yo lo veía con mucha atención como anotaba y anotaba y seguía anotando en su libreta sin mirarme nunca. Después me fui al recién inaugurado Cuaderno de Saramago, donde el señor se pone duro y dice de todos, y bueno, me divierte el intelecto, por decirlo de alguna manera, y me da esa ridícula sensación de viejo conocido, no solo por haberlo leído bastante, sino porque —¡ay, presumido de mí!— lo entrevisté hace un par de años. Enojón y cándido, don José es de esos tipos luminosos, como abuelo (que lugar común, pero ni modo), como para recordarlo hablando y moviendo los brazos afanadamente cuando uno lo lee. Y ahí paré esas imaginarias visitas a esas amistades imaginarias, porque, aunque ellos son reales, amigos no somos, si acaso conocidos por puro oficio, pero hoy, tal cual, me supieron decir alguna cosa, y crear, pantalla de por medio, esa intimidad reconfortante de un desayuno , que de otra manera, hoy no pudo ser.
domingo, septiembre 07, 2008
Llamadas
Dicen que las madrugadas se prestan a las llamadas prohibidas. Sobre todo cuando la madrugada lo pone a uno tan libre y la conciencia lo deja a uno ahí, suelto, valiente, irresponsable e irreverente. No sé bien si el alcohol tiene algo que ver, yo sé bien que todos dirán que sí, pero yo no le echaría la culpa. Por mucho alcohol que tenga la madrugada, uno no llama si no hay alguien a quien llamar, si no hay algo que decir, si no hay alguien a quien golpear. Uno sabe que no contestarán, y por eso no tiene ningún discurso que encumbrar. Es como cuando los perros salen corriendo y landrando ferozmente tras los carros que pasan ¿Qué harían los perros con los carros si los alcanzarán?
Y al amanecer, a veces, las llamadas las recibe uno, y en las mañanas después de esas madrugadas, uno está ya indefenso, con sueño, apenas lúcido, y quizá avergonzado. Entonces uno solo quiere dormir. Dicen.
martes, agosto 26, 2008
"Desde mi vida se ve el mar" ("Vida con vistas", el poema)
Desde mi vida se ve el mar
con su imposible betún plateado
y la huella de último creyente
perturbándolo desafiante
y se ve la plaza imaginaria
en esta ciudad desplazada
se ve como rebotan las golondrinas en las ventanas del viento
y esa fuente marchita
donde caen recuerdos que nadie tiene
se ve el sol que no se pone
y las montañas sin fe que las mueva
el camino del hombre
y la mueca de la risa del desgraciado
se ve el tintero y las ganas de amar del asesino
se ve tan claro el tiempo
y sus tabiques de historia
la muralla flotante de la utopía y el absurdo
se ve tan lejos el suelo
y la mujer que llega
se ven los bosques del pintor
el niño que mira alto
y el baile torpe de un hipopótamo
y la mirada del indolente insomne
que está allá
desde su vida
viendo como se ve el mar
con su imposible betún plateado
domingo, agosto 24, 2008
domingo, agosto 17, 2008
A caballo
A caballo. Así anduve hace unos días, en medio de unos parajes otrora inhóspitos, y hoy turísticos. Guazapa. El cerro ese que dicen que parece una mujer dormida, y que no se despertó ni con la guerra que tuvo en las entrañas. Yo tuve un caballo de niño, un caballo blanco que se llamaba, si mal no recuerdo, Ángel Blanco, porque era blanco, y porque mi abuelo se llamaba Ángel, y mi hermano mayor se llama así también y la finca familiar se llama El Angelito. Escribo esto y empiezo a dudar de la veracidad de mis recuerdos, pero bueno, tómenlo por el lado literario y con el único objetivo de entretenerlos con una historia más interesante que cualquiera de mi vida verificable, o no sé. De mi caballo recuerdo su lengua sobre la palma de mi mano comiendo lo que le daba, a las vacas les daba sal, al caballo no recuerdo bien. También me recuerdo en overoles azules montado en el caballo, primero con mi papá o con don Lencho, el señor que pastoreaba las vacas a caballo. También recuerdo cuando estuve solo yo sobre el Ángel Blanco, y que aprendí a llevarlo, o él aprendió a llevarme. De pronto mis recuerdos se truncan, y no tengo modo de saber que pasó con el caballo, y hasta el cierre de este post mi mamá no me contesta el celular, ni el fijo, así que ahí les cuento después. Sí recuerdo que las vacas se las robaron, eran los ochenta, y eso era así. Pero volviendo a caballo a Guazapa, comprobé que andar a caballo es como andar en bicicleta, que no se olvida, pero que tampoco es que se recuerde lo suficiente. Pero por ahí anduve a caballo, con una sensación animal y ajeno del suelo. Como a veces me pasa, recurrí a mi teléfono y su cámara de apenas 2.2 mega píxeles y grabé unos segundos de mi travesía , y aquí está por si alguno o alguna quiera ver como se ve la vida a galope de caballo.
Hay días tan pequeñitos
miércoles, agosto 13, 2008
Sobre emoticons, emos, ventanitas y otras importantes trivialidades
En mi oficina uso el Meebo cuando quiero comunicarme con mis contactos de MSN Messenger, porque en mi oficina no nos dejan usar el MSN Messenger no sé por qué razones de esas que razonan los técnicos-todopoderosos-informáticos, y que secundan los de recursos humanos, y que avalan los gerentes y así, hasta que joden al pueblo del Señor. Pero la cuestión es que en ese sitio encontré unas estadísticas para nada importantes, pero sí interesantes, o al menos motivantes para un humilde post. Publicaban los del Meebo un ranking de los emoticons más utilizados entre sus usuarios. Luego de preguntarme cómo diablos saben que emoticons usamos los incautos usuarios, decidí no alimentar mi paranoia, y dejar pasar a la curiosidad, confiado en que no soy gato.Según estos señores (o señoras) del Meebo, este es el ranking de sus emoticons, que son muy similares a los que todos conocemos en el MNS Mesenger salvo unas variantes.
Besos - 14.2 %
Cara alegre - 12.5 %
Carcajadas - 8.5 %
Guiños de ojo - 7.7 %
Sonrisa - 6.3 %
Lengua - 4.7 %
Llorar de la risa - 4.5 %
Triste - 4.0 %
Lengua con guiño de ojo - 3.4 %
Amor y paz - 3.3 %
Emo - 1.5%
Un intento de conclusión que sacan es que los usuarios de meebo son, en su mayoría, gente enamorada y feliz. También destacan el hecho de que el menos usado es el emoticons que representa a un Emo (que ellos se inventaron recientemente). No sé si este ranking solo era una pieza más de la inusitada campaña contra los Emos que se ha soltado por todos lados, probablemente sí. La intolerancia que han despertado estos jovencitos (los Emos ) en una parte de la humanidad me pareció digna de atención desde que tuve noticias de las persecuciones, golpizas, asesinatos y disparates que se dicen por uno y otro medio. A mí por lo general me gusta no estar de acuerdo, y quizá por eso me caen bien los Emos, incluso me divierto provocando a los Antiemos comparando a los Emos con los Hippies, ante lo cual, los exhippies, neohippies, yuppies, gruppies y demás herederos de aquellos Emos sesenteros, hacen gestos ácidos y sueltan frases llenas de indignación, acusándome casi inmediatamente de ignorante. Yo me río. También me asombro. Todo el mundo habla de los Emos, pero nadie quiere saber sobre ellos, solo quieren opinar desde ese odio que despierta lo que no se entiende, o no se quiere enteneder.
Las conclusiones de Meebo respecto a la felicidad y el amor en sus usuarios a partir del ranking de los emoticons me hacen pensar también que puede ser que la gente en efecto se enamore y sea feliz en Meebo, y solo ahí. Estas ventanitas en las pantallas de las computadoras —patrocinadas por MSN, Yahoo!, Google, y demás— han creado una forma de relacionarse única y nunca antes vista en la historia de la humanidad. Frente a estas ventanitas y escribiendo en ellas todos podemos ser comunicativos, encantadores, sexys, divertidos, románticos, trágicos, emocionales, guapos, interesantes, y también mezquinos, cínicos, vulgares, degenerados. Podemos ser todo esto solo ahí, frente a las ventanitas, con los emoticons apoyándonos para expresarnos y volviéndos tiernos y ocurrentes. Hay amores que surgen de ahí, que se quedan ahí, porque ahí, por ejemplo, somos siempre solteros si queremos, y estamos protegidos e impunes, ahí somos dueños absolutos de nuestra imagen, y lo mejor, es que contamos con que todos los usuarios están al tanto de como funciona la cosa, por lo tanto nos sentimos exculpados, y que el más tonto se joda. Y todo esto es comunicación, y siempre se ha dicho que la comunicación es lo más importante para las buenas relaciones humanas, pero ¿qué pasa cuando solo hay comunicación y falta todo lo demás?
Ya me puse serio y así no me gusto tanto. Además ¿cómo es que me tomé tan en serio un ranking de emoticons? Mejor me voy a engañar a alguien a la otra ventanita.
sábado, agosto 09, 2008
Ni es cielo ni es azul
ni es cielo ni es azul.
¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!"
Lo escribió Lupercio Leonardo de Argensola, que vivió en España desde 1559, y murió en Nápoles, en 1613. Luego, uno se pregunta si Lupercio trataba de solidarizarse estéticamente con Copérnico y Kepler, que, con la ciencia bajo el brazo, recién un siglo atrás habían demostrado que el sol no gira alrededor de la tierra y que el cielo no es azul, deshabilitando para siempre dos ideas de fe basadas en afirmaciones bellas y de fácil comprobación, en apariencia, pero equivocadas. Después de la pregunta, uno se siente un poco tonto. No, Lupercio, se sentía como uno hoy mirando al cielo: engañado.
Con esta dramática conclusión, uno toma su teléfono con cámara digital de apenas 2.2 megapixeles y apunta al acusado. Y ahí está el cielo y una gran historia entre una nube pequeñita y una gigantesca que uno nunca lograría contar. Pero si ustedes se toman dos minutos para ver este remedo de instalación en video, verán como las dos nubes, de manera maravillosamente imperceptible, se van acercando románticamente para deformarse y borrar la escena sin dejar un solo rastro. Detuve la grabación dos minutos después y vi la escena en la pantalla de mi teléfono, y cuando volví la vista nuevamente al cielo solo había ese azul que no es. Me dio algo como un miedo triste. Y uno desea que Lupercio sea científico y no poeta.
lunes, agosto 04, 2008
Aviones
Pocas máquinas enorgullecen tanto a la humanidad como los aviones. Vuelan. Los humanos no. Pero los aviones nos separan de la tierra, nos elevan por encima de nosotros y nos hacen transitar el espacio y el tiempo en condiciones que no nos son propias como especie, pero que conseguimos utilizando una capacidad propia de nuestra especie: somos creadores. O quizá solo imitamos —la epistemología, la metafísica, la antropología, la ciencia, la teología, la poesía han dicho mucho sobre las posibilidades, posibles e imposibles, según el ánimo de la época.¿Alguno de ustedes ha deseado tocar la cola de un avión? Yo nunca antes de que alguien que lo hizo me lo contó. Ahora lo deseo. Pero esos son otros vuelos. Pero los aviones son así, se involucran en la vida de uno de maneras incalculables. Cuando yo era un niño de 4 años, cada vez que pasaba un avión por el cielo del pueblo me decían "Julio se fue en un avión como ese", Julio era un primo mío, que nunca conocí, porque se fue en un avión, presuntamente a Brasil, pero en realidad se fue a otro lado y nunca regresó. Durante mucho tiempo, cada vez que veía un avión alzaba los brazos saludando a mi primo Julio, y los aviones empezaron a significar algo muy humano, yo recuerdo sentir cariño por los aviones, que era la imagen que tenía de mi primo Julio. Cuando tenía 6 años mi hermano mayor, que sí conozco, también se fue en un avión, y desde entonces saludaba a los aviones por partida doble. A los 11 años subí por primera vez a un avión, y descubrí que ni mi primo ni mi hermano estaban dentro de ese avión, y asumí que tampoco dentro de ninguno de los que había saludado antes. Los aviones perdieron todo mi afecto. Desde entonces he ido y venido muchísimas veces en aviones, y mi relación con ellos ha sido eminentemente utilitaria, con una excepción. La excepción fue viajando a La Habana, que me dio por sentirlos cómplices de mi huida, huía de un dolor.
Los aviones, ya sea abordo o no, nos separan de la tierra, nos alejan, nos disuelven, nos cambian. Los aviones se han llevado a mucha de mi gente, a veces la traen de regreso, pero también se la vuelven a llevar, y uno se acostumbra.
Hace una cuantas horas hablaba por teléfono con vos, Claudia, y me dijiste que nunca había escrito aquí de vos. Vos te fuiste en un avión, y volvés, a veces, y te volvés a ir, siempre, y siempre que hablamos, vos allá y yo acá, recién te has vuelto a ir en un avión, siempre te pregunto "¿Cómo va el aterrizaje?", y empezamos a hablar como aviones, sintiendo el golpe del tren de aterrizaje sobre la pista, la mortal fricción de las llantas, el estremecimiento, la angustia, las decisiones, la vida en tierra, la lejanía, lo bueno, lo duro. "Y vos", me preguntás, "¿Cómo te quedás?", y nunca sé qué decirte, y solo te digo "Pues así, quedándome". Luego nos reconocemos. La llamada se cortó, y ni vos ni yo volvimos a marcar. El aterrizaje se completa.
Yo ya no saludo a los aviones.



