jueves, julio 31, 2008

De parte de un escritor equivocado

"El periodista es un hombre que se ha equivocado de carrera". Frase del bueno de Otto Von Bismarck. Más que gustarme la frase, me golpea, y eso es parte de su encanto. Pues yo me equivoqué, y es un hecho de todos conocido. Ahora bien, me puse a buscar un significado preciso para mi equivocación, y, como buena costumbre, recurrí al diccionario de la Real Academia, y ahora les cuento como me fue:
equivocación.
(Del lat. aequivocatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de equivocar.
2. f. Cosa hecha con desacierto.
Bueno, dije, vamos por el desacierto:
desacierto.
1. m. Acción de desacertar.
2. m. Dicho o hecho desacertado.
Obvio, los verbos entonces:
equivocar.
(De equívoco).
1. tr. Tener o tomar algo por otra cosa, juzgando u obrando desacertadamente. U. m. c. prnl.
2. prnl. Dicho de dos o más cosas: Semejarse mucho y parecer una misma. Ese muro se equivoca con la fachada.

desacertar.
(De des- y acertar).
1. intr. errar (‖ no acertar).
Otro verbo:
errar.
(Del lat. errāre).
1. tr. No acertar. Errar el blanco, la vocación. U. t. c. intr. Errar en la respuesta. Era u. t. c. prnl.2. tr. desus. Faltar, no cumplir con lo que se debe. Disculpáronse los vasallos, si en algo habían errado a su señor.
3. intr. Andar vagando de una parte a otra.
4. intr. Dicho del pensamiento, de la imaginación o de la atención: divagar.
Entonces:
divagar.
(Del lat. divagāri).
1. intr. vagar.
2. intr. Separarse del asunto de que se trata.
3. intr. Hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado.
Y para terminar:
vagar.
(Del lat. vagāri).
1. intr. Andar por varias partes sin determinación a sitio o lugar, o sin especial detención en ninguno.
2. intr. Andar por un sitio sin hallar camino o lo que se busca.
3. intr. Dicho de una cosa: Andar libre y suelta, o sin el orden y disposición que regularmente debe tener.
Así pues, hoy que es día del periodista el diccionario me lleva por caminos inesperados para un homenaje de parte de un escritor equivocado a los muchos y muy queridos amigos periodistas, y como bien dice Hugo Ojetti, "El periodista es sólo un escritor que cuando toma la pluma, no espera la inmortalidad". A saber.

sábado, julio 26, 2008

Afuera


A veces, cuando voy a tomarme un café —a veces a solas y a veces no tanto— me siento afuera, en las mesas que están afuera. Hay una ventana enorme, una vitrina, que deja ver hacia adentro, adentro del café. Y me gusta ver a la parejas solas, y me gusta recordar a José Hierro apuntando vistas en su Cuaderno de Nueva York. Las parejas se me han hecho fáciles de reconocer, siempre son dos que se miran (o no) de manera delatora. A veces son parejas que hacen juego, que se ven bien juntos, sus cuerpos se contestan fisonómicamente, a veces no. Se hablan (o no) de manera particular. No los oigo, solo veo sus rostros y sus gestos, sus maneras y sus ojos, los pronunciamientos de sus cejas y los ligeros ademanes de sus labios. Entonces imagino. Suelo tratar de descubrir quién quiere más, quién necesita menos, quién no está en paz, quien ya no quiere. Hay parejas más expresivas que otras. Las peleas son las más obvias, se sabe fácil quién reclama y quién se defiende, y suelo tomar partido, dependediendo de lo que mi imaginativa intuición me dicta. Veo pláticas cotidianas también y, luego de un momento de observación, les voy dando consejos que no les digo: sé más tierno, sé menos demandante, sé más tolerante, sé menos racional, sé más delicada, sé más atento, dejalo hablar, sonreíle, hablá, dejalo. Nunca me propongo descifrar el contenido de las pláticas, me interesa más el género, la intensidad, el grado de definitivas que puedan tener. Y así paso viendo desde afuera, imaginando y reconstruyendo, novelando. Veo a las parejas y sus amores, amores que no son sentimientos, sino relaciones, porque creo haber descubierto, con un prudente márgen de error, que el amor de pareja no es un sentimiento, no es abstracto, no es romántico, no es mágico. El amor de pareja es concreto, es humano, son relaciones y necesidades, son deseos individuales, son prolongaciones, adivinanzas, apuestas, acuerdos, inconstancias. Sin embargo, solo veo las parejas ahí adentro, y paso el tiempo contemplando. Y cuando mi café se ha terminado y me traen la cuenta y me tengo que ir, anoto en ninguna parte una conclusión eterna. Ningún amor se entiende desde afuera.

jueves, julio 24, 2008

Coincidamos


Cristina Peri Rossi llegó a mi noche, la trajo Elena, desde Huelva, llegó con Habitación de hotel, y en una sábana venía Noche de insomnio:

No me digas tampoco
que tendría que hacer algo contra el insomnio
porque no me quedan muchos años de vida
de modo que cada noche que duerma
será una noche menos de vida
y no es cuestión de estar echando por la borda
(dobra)
estas ganas locas que tengo
de estar despierta
de no dormir
de no envejecer jamás.
Una vez perdí una guerra
perdí un ciudad
perdí un país
perdí una casa
perdí cinco mil libros
perdí a mis amigos
perdí un amor.
No es cosa de ahora, a los cincuenta,
de perder también el insomnio
que me da la vida.

Sergio lo encontró un día en el asiento de atrás de mi carro, y nos lo leyó a Elena y a mí que veníamos en los asientos de adelante. Todos con ganas de ser insomnes, quizá no de cincuenta, pero insomnes. Mario me escribió anoche en mi muro: "[...} ok ok ya estoy desvariando. Tengo suenio pero no me puedo dormir, que raro. Escriba un blog al respecto.jajaja [...]". Hoy algunos insomnes se durmieron, y yo, un presunto rehabilitado, estoy despierto leyendo en mi cama Habitación de hotel, de Cristina Peri Rossi, y en la sábana 47 encontré de nuevo Noche de insomnio. Me siento y tecleo "Coincidamos". Lo demás ya lo leyeron.

sábado, julio 19, 2008

Cubrecamas de mamá


Mi mamá hace cubrecamas. Hace cualquier cosa con tela e hilos. Tiene montones de telas que compra compulsivamente desde hace décadas, no lo puede evitar, dice. En gustos no coincidimos mucho, a mí no me gustan los estampados, menos los de flores, y a ella le encantan, porque dice que las telas sin estampados (sin flores) son tristes. Sin embargo, a veces uso un cubrecama estampado, cuando tengo que lavar el edredón negro que mantengo, uno de flores en tonos de azul y con ribete. A mi mamá no le gusta mi edredón negro, le asusta, dice.

Creo que me gusta ese cubrecamas estampado con flores en tonos azules, y es muy suave ya, y tiene su juego de sábanas y forro de colchón, también obra de mi mamá, y son las sábanas más suaves que tengo. Hoy mientras lo ponía —creo que siempre que lo pongo— pensaba en mi mamá. Dura puesto dos o tres días, mientras el edredón negro vuelve de la lavandería. También cuando pongo de nuevo el edredón negro pienso en mi mamá, pienso en que, a pesar de que no le gusta, me hizo el forro y las sábanas. Por supuesto que no las hizo negras, pero las hizo sin estampado. Siempre ha sido así, un canje permanente de tolerancia y amor floral.

jueves, julio 17, 2008

Recuerda uno | Nueva York


Recuerda uno que hay una soledad irrenunciable, una calle sin tránsito comprensible y ciertas ganas volver a todos lados. Recuerda uno que no es de aquí, pero que allá tampoco es de allá y que nunca ha sentido ganas de no irse de ningún sitio. Recuerda uno que las mentiras son tan bonitas y casi imprescindibles para asegurar alguna alegría. Recuerda uno que duele en las rodillas estar perdido y que por más que se sepa cómo salir y cómo entrar, lo de perdido se lleva por dentro, y por eso es que no hay modo de encontrar caminos correctos. Recuerda uno que de la lástima al amor se puede ir uno a pie cantando, o no, una canción amortajada. Recuerda uno que cuando pasan los lustros solo somos hermosa piedra y que el cielo solo se dispone como un gato para que le rasquemos la panza con el abuso de la soberbia. Recuerda uno que hubo un tiempo de odiosos amores cabalgándole a uno las ilusiones hasta el final de un muelle como este o como aquel, en verdad como cualquiera, siempre y cuando sea de esos que revelan que hay límites y miedo y vertigo y suicidas supervivientes como uno, como este y como aquel. Recuerda uno lo fácil que es esperar que un semáforo diga si puedo o no dar el paso que sigue, que la belleza se anuncia gigantesca en agudas esquinas como de tiempo. En Nueva York recuerda uno a la ciudad que nunca conoció piel adentro, llena de palabras de trescientos pisos y luces que no se apagan nunca porque siempre es de noche, con un parque en el centro mismo del absurdo, demasiado grande como para llenarlo de una sola alma. En Nueva York recuerda uno que hay que viajar de vez en cuando, y que algunas veces el destino debe ser hacia adentro. Recuerda uno que si Nueva York te besa, puede que no sea tan voraz la metropolis que cargas por Nueva York.

(Del 20 de abril de 2006, foto en el Central Park)

El sexo mañanero


Ayer leía en El Universal, de México, un artículo de esos que lo remiten a uno a maravillarse del cuerpo humano y sus maneras. Les dejo aquí un resumen, hoy yo me acuesto temprano.

Un estudio de la Universidad de la Reina de Belfast, en Inglaterra, asegura que el sexo “mañanero” puede disminuir el riesgo cardíaco y aliviar la artritis. Eso sí, para que dé resultado debes hacerlo, al menos, tres veces a la semana. La investigación sostiene que dos relaciones por semana incrementa el llamado anticuerpo “IgA”, que provee protección contra microbios. Y como si fuera poco, también alivia la artritis y la migraña. Eso sin mencionar que, además, se queman cerca de 3 mil calorías por hora, además de disminuir el riesgo de diabetes, con el sexo a la mañana. En el caso de las mujeres, por ejemplo, el estudio demostró que las mujeres sexualmente activas por la mañana son menos propensas a caer en la depresión. Y en los hombres, aumenta la producción de testosterona, que permite tener huesos y músculos más fuertes, lo que ayuda a prevenir la osteoporosis. Por último, el “sexo mañanero” posibilita tener un cabello y piel más brillosos ya que estimula al estrógeno y otras hormonas asociadas con este aspecto. Finalmente, investigadores de la Escuela de Medicina de Yale, afirman que tener relaciones por la mañana protege a la mujer de contraer endometriosis, es decir, la aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero.

Que pasen buenos días.

Innombrable (fin)


Y nunca volvió.

Innombrable (interrumpido)


"Yo no sé si pueda contarles. Lo que había afuera es innombrable, no hay palabras que puedan articularse y unirse a otra, en una segunda articulación, para dar sentido a una frase que, a su vez, pueda guardar coherencia y cohesión con la siguiente para armar un solo párrafo que lleve a otro y al siguiente con el fin de dar cuenta clara y con sentido de lo que hay afuera. Yo casi no quiero ni recordarlo. Ni siquiera sé decir si era espantoso, asqueroso, impúdico o bochornoso, fue tal mi impresión, mi total desconcierto, mi absoluta disonancia cognitiva —cómo me gusta esa expresión— que por poco dejó a mi inconciente a cargo de mí, cosa que no sería en lo absoluto fácil, dada la manía obsesiva de mi mí de estar a cargo de sí mismo todo el tiempo. La sorpresa ha jugado un papel importante en mi exaltación, porque uno anda por la vida sin imaginar siquiera que a la vuelta de la mirada uno se convierta en testigo presencial de semejante cosa. No, no, no. Y no hay modo de establecer comparación para que me entiendan, ni forzándolos a imaginar que al abrir su refrigerador descubren a un osito celeste de 9.8 libras y con corazón latiente ivernando en medio de las cajas tetrabrik de leche descremada y deslactosada. Pues ni esa sorpresa, que seguro lo sería para cualquiera, es parangón. Quiero empezar a contarlo, pero no puedo. Reconstruir mentalmente las imágenes para elaborar el relato ya me cuesta revivir el susto, y quizá sea demasiado. Pero bueno, tal vez contarlo sea bueno, me ayude, me haga superarlo y pueda salir de este trauma en dos años al menos, y con ayuda de un buen psicoanalista en unos meses menos —tan chic que es tener psicoanalista—, lo cual sería conveniente pues mis vacaciones en Ibiza son para dentro de dos años, y las vacaciones de un traumatizado no son reales vacaciones, son como terapia, y yo no estoy ahorrando para una terapia, sino para irme de reales vacaciones. En fin, voy a poner de mi parte, por eso quiero decirles lo que me ha pasado de una vez. Venía yo caminando, ya no recuerdo de dónde. Ah, sí, venía de mi carro, que lo tuve que estacionar a dos cuadras porque hoy empezaron a reparar esta calle, y ya era tiempo, porque con el invierno queda llena de huecos enormes y nadie le responde a uno por las averías que eso provoca en los carros. Es que aquí no es como en Estados Unidos, donde uno puede demandar a todo el mundo por lo que le pasa a uno causa de un mal servicio público, aquí no, aquí no hay modo, solo toca sacar la tarjeta y pagar uno mismo. A una tía mía, le dieron quince mil dólares porque se dobló un tobillo en una grieta que tenía en pavimento en un paso cebra, allá en Brooklyn. Bueno, pero por qué me acuerdo de mi tía si lo que quiero es desahogarme ahora mismo para evitarme el trauma y poder irme, dentro de dos años, a Ibiza en pleno uso de mi salud mental. Bueno, justo ahora que estaba en condiciones, me llama mi jefe para algo que se le ocurrió que sería interesante que yo hiciera. Ya vuelvo", dijo.

martes, julio 15, 2008

Irreal


Hoy bien podría contar aquí que el sábado recién pasado tuve un percance de carretera, que a nadie le pasó nada malo, que solo mi carro tuvo un ligero golpe, que tuve que negociar con el interfecto responsable civil para que se hiciera responsable de arreglarme el golpecito, que logré que se hiciera responsable, y que daba miedo porque no tenía él cara de ser muy buen amigo de la ley. A eso, en consecuencia, agregar que he pasado sin carro dos días porque está en un taller lejano. También podría contar que luego del percance llegué a la playa, que era el destino final, y que la pasé entre amigos y muy divertido. Pero a veces contar las cosas que simplemente pasan, lo real, no es tan motivante.
Lo que quisiera contar es lo que hoy no puedo contar. Lo que se mantiene en el limbo de lo irreal, y lo irreal es un dilema de la realidad: lo irreal existe, porque afecta a la inteligencia sentiente, como diría Zubiri, como los sueños, como la fantasía, como el arte, como las emociones, como los mensajes de texto de buenos días que llevan y traen besos, como el deseo, como la ilusión y la posibilidad de la costumbre, como el talvez, como los planes, como el ojalá sin el despecho de la canción, como yo cuando escribo.
En fin, no voy a contar nada real hoy. Por si les preguntan, este post es irreal.

jueves, julio 10, 2008

Alarmas


A mí no me gusta el sonido de las alarmas de los despertadores. Mejor dicho, no me gusta despertarme por el sonido de las alarmas. Por mucho tiempo creí que no necesitaba despertador porque mi reloj biólogico siempre había funcionado bastante bien, hasta que dejó de hacerlo tan bien. Me resigné a usar despertador. Lo cierto es que desde que lo uso duermo mal. Sufro una suerte de estrés pre-alarma, es decir, siempre me despierto antes de que suene, unos 40 minutos antes y no me logro dormir, es como si mi instinto me advierte que ya va a sonar la alarma y que debo estar prevenido para no sobresaltarme (es que odio sobresaltarme en ayunas). De esa truculenta manera mi reloj biológico se ha reactivado, pero únicamente cuando he activado mi alarma ¿Quiero ser un caso para el Dr. House?

Por otra parte, la alarma de mi carro anda rara también. Desde hace 4 días el control remoto no desactiva la alarma por la noches cuando prentendo irme del trabajo a mi casa, no al primer intento, ni al segundo, ni al tercero. Debo esperar un rato, pasearme por el parqueo, sentarme en la banca de la parada del bus unos minutos, y luego, intentar un par de veces, tomarme otros minutos divagando por ahí, y luego, caprichosamente vuelve a funcionar todo muy normal. Mientras yo sospecho que mi carro (con todo y alarma) está adquiriendo personalidad y que yo había encontrado el ritual para complacer sus caprichos, un buen amigo me dice que no es nada del otro mundo, que simplemente hay que cambiarle la pila al control remoto. Es que hay gente que sabe quitarle a uno el delirio con sugerencias demasiado realistas.

Y por otra parte, hoy por la mañana, muy temprano, 7:30 a.m., el msn: "Quiero verte!!!", dijo. "Yo también quiero verte", dije. Eso me alarma.

miércoles, julio 09, 2008

8:03


Son las 8:03 de la mañana de hoy. Tengo 7 mimutos para decir algo que valga la pena decir a esta hora de la mañana. Y solo se me ocurre una frase del Diaro de John Stuart Mill, que bien podría contarse entre los prototipos de los blogueros de hoy. Este señor decía algo así: Vivo para que al final de cada día pueda decir algo importante. Me gusta la frase, me gustó el Diario completo. Y como yo no tenía algo importante que decir, me resultó prudente decir algo importante que alguien dijo ¿Se vale?

martes, julio 01, 2008

A 4 metros sobre el suelo

El fin de semana pasado me fui a Guatemala. En bus. En el segundo piso de un bus. En el primer asiento del segundo piso de un bus. Una ventana enorme me daba una vista a 270 grados del viaje, de la carretera y de lo que las carretera suele contener. A mí me impresionó, quizá sea una tontería para la mayoría, pero a mí me impresionó, hasta me conmovió. He viajado en aviones, pickups, y hasta en camiones enormes, pero esta vez fue diferente. Iba en un asiento que bien pudiera ser la butaca de un cine y la ventana era enorme. Fueron casi 5 horas de viaje, y poco a poco me fui acostumbrando a esa perpectiva de la vida. Todo pasaba abajo, los otros vehículos, los peatones, los árboles eran los que me mantenían conciente de que la altura no era demasiado: ramas chocaban agresivamente contra la ventanta, imagínense el susto que me daba cada vez creyendo que la rama se estamparía en mi cara. Pero uno va aprendiendo que la ventana nos cuidan.

De pronto empezó a llover. El agua sobre la ventana hacía juegos apsaionantes. Las gotas corrían hacia arriba, los chorros de agua no caían, subían y bajaban por la velocidad (sé que hay un término físico más preciso, pero lo ignoro). Me hipnotizaba el agua en la ventana. Fue entonces que se me ocurrió usar mi teléfono nuevo para grabar en video lo que veía. El efecto del agua en la ventana no quedó registrado (apenas dos 2.4 megapixeles) pero la perspectiva se aprecia, no sé si mi impresión, pero aceptenme el intento.

La ciudad a ras de piso también fue entretenida, pero no me dio ninguna perspectiva nueva que pueda contar aquí. La compañía sí fue muy buena, y mi sentido de pertenencia tuvo algunas reafirmaciones oportunas. Los reencuentros a ras de suelo siempre hacen que uno aprecie de otra manera los viajes, y sobre todo si uno tiene una ventana enorme enfrente mientras viaja a 4 metros sobre el suelo.

jueves, junio 26, 2008

Ex and the City / Ex y la ciudad


Son Ex ¿que ya no son? Ser el Ex de alguien es sin dudas la condición no-sanguínea más duradera que puede uno adquirir. Se es Ex para siempre. Los Ex siempre son. Lo malo —para los ávidos de exclusividad— es que son rarísimos los casos de Ex únicos, y suelen ser casos graves. Uno es un Ex entre otros Ex, y claro, uno tiene varios Ex también ¿se tienen los Ex?

[Pausa para comentario, aclaración, inquietud o guiño dramático del autor: Aunque todos sepamos que los Ex con mayúscula por antonomasia son los Exnovios, valga aclarar que el ex es un prefijo que se puede pegar a casi todo, pero aquí nunca nos vamos por las minúsculas.]

La relación con los Ex tiene lo suyo. No son normales, no. A veces son relaciones hostiles, que van desde la incomunicación total, hasta el permanente acoso mediante el ejercicio de algunos derechos supuestamente caducados con el noviazgo mismo. Hay Ex que te odian, te ignoran, te maldicen, te martirizan, y hay Ex que te celan, te provocan, te seducen, te boicotean. Aquí el amor no tiene nada que ver. Casi nunca. Casi siempre es cosa de orgullo, de posesión, de (mal-entendida)dignidad, de capricho, y hasta de costumbres. Los Ex están llenos de muchos Casi, casi siempre. Son adictivos, a veces.

Los Ex, además, casi siempre están en la misma ciudad. Uno siempre está a punto de encontrárselos, y a veces, para bien o para mal, se los encuentra. Los efectos de estos encuentros son variados, algunos muy predecibles y otros no tanto. Hay encuentros con Ex muy normales y cotidianos, hasta amistosos. Esos últimos dan un disfrue muy particular: uno se siente ma-du-ro. Es que sí, la buena amistad con los Ex tendría que ser un signo de madurez. Yo no creo que lo sea tanto, no siempre.

Esta ciudad, no importa cual, está llena de Ex, no todos son míos conste. Los Ex, diría yo, son como la nomenclatura emocional de nuestras ciudades: algunas calles y avenidas tienen nombre de Ex, aunque solo sea para nosotros, pero significan más que calles y avenidas por los Ex, son direcciones donde encontramos algún momento vital, bueno o malo. Los semáforos nos detienen por los Ex, nos hablan de precaución y de cuando podemos seguir. Todos hemos evitado sitios precisos de la ciudad por los Ex, también buscamos sitios precisos por la misma razón. A veces hasta huimos de la ciudad, no importa cual, por un Ex, y a veces volvemos por un Ex.

Y paremos ya, que los Ex son eso, parar. Son lo que no son. Casi. Siempre. Yo voy por ahí, casi siempre, entre Ex, y a veces buscando intrigado a mi próximo Ex.

lunes, junio 23, 2008

"Sé feliz"


"Sé feliz", me dijeron anoche —por escrito—, en imperativo y a modo de inocente e ingeniosa despedida nocturna, o sea, a modo de "buenas noches", luego de una agradable conversación. Bueno, dije ¿por qué no ser feliz?
Me dormí pensando en ser feliz. Es que es de esos imperativos que uno recibe, y que hasta dan ganas de hacer caso, y uno trata pues, pese a esa rebeldía cada vez más tardía que uno arrastra como sombra. Amanecí y quise ser un obediente feliz.
Pero no es tan fácil la cosa. Más cuando en el trabajo mi jefe me dice que tengo que ser más creativo ("docientos por ciento" me dijo que tenía que ser) y más concentrado (de eso, menos mal, solo me pidió el cien por ciento) y era para evitarme(le) errores de esos como las eres y las eses y las enes que tanto problema causan a quien vive del valor monetario de cada letra.
Con este regaño asolapado (con las mejores maneras posible la verdad) ya no podía yo dedicarme a ser feliz, ya tenía que dedicarme a ser más creativo y a concentrarme más, que la felicidad no paga cada quince días. Y hasta ahí llegó mi disposición a ser feliz. Al volver a mi casa, después de pasar al gimnasio por casi tres horas, me senté a leer a Mafalda y a Calvin y Hobbes, como cada vez que busco una manera audaz de ser infeliz. Solo espero que hoy nadie me mande a hacer cosas tan complicadas, y si lo hacen, espero haber fortalecido mi desobediencia existencial.

viernes, junio 20, 2008

Sobre piloerecciones, termitas y Elenas


La conocida historia de Elena y las termitas, aparte de provocarme una inicial indignación que se fue tranformando en la risa que provocan las comedias melodramáticas, me provocó un efecto fisiológico que me sorprende. Les cuento: Resulta que la imagen –mental y real– de las termitas comiendo y dejando esos huecos en lo que comen me provocan instantáneas piloerecciones, es decir, "pelos que se erizan debido a la acción de los músculos erectores del pelo, llamados piloerectores o pilomotores, a causa de una estimulación nerviosa del sistema simpático, que provoca contracción de los músculos erectores ubicado en la base de los pelos, esto hace que los pelos se eleven desde la base", es decir, piel de gallina. Nada que ver con otro tipo de erecciones. La cuestión es que el efecto es fantástico e incontrolable, solo digo la palabra termitas y viene la imagen y viene la piloerección, la piel de gallina.
No sé la causa, y ese efecto nunca me lo había provocado nada nunca. De hecho, cada vez que he escrito la palabra termita aquí sucede. Mi cuerpo y mi mente están entablando relaciones extrañas últimamente. Cualquier información útil, o inútil, para ser consecuente, será bienvenida.

jueves, junio 19, 2008

Variaciones sobre una conversación tensa (IV de X)


La decisión

— ¿Los amigos son las personas siempre sinceras e incodicionales que permanecen a tu lado?
— No.
— ¿Los amigos son las personas que te hacen más fácil la vida diaria?
— No.
— ¿Los amigos son los que te visitan y te cuidan cuando estás enfermo, que te animan cuando estas deprimido, que te acompañan cuando necesitas compañía?
— No.
— ¿Los amigos son los que saben distinguir y respetar tu modo particular de pensar, que no te juzgan, pero te enfrentan cuando piensan que estás haciendo algo mal?
— No.
— ¿Los amigos son los que creen en ti?
— No.
— ¿Los amigos son los que no hablan con otros sobre tus defectos y errores si antes no los han hablado contigo?
— No.
— ¿Los amigos son los que están dispuestos a soportarte y están atentos a las verdaderas causa de tu comportamiento?
— No.
— ¿Quiénes son los amigos?
— Los amigos son esos que tú decides que sean tus amigos a pesar de lo que no son.

martes, junio 17, 2008

Flores y padres

Hoy que es día del padre, hablaba con Miguel por el iChat sobre nuestra condición: su mamá y mi mamá fueron hoy al cementerio a enflorar a nuestros padres...
Es como un noviazgo, la muerte, se cumplen meses, años, de vez en cuando flores– dijo.
Te voy a citar en mi blog–le dije.


Servicio, Servicio, Servicio, Servicio, Servicio, Servicio, Servicio, Servicio, Servicio...

El valor de una r

Publicación en 140 000 ejemplares de prensa, 200 afiches, más de 50 banner... y casi, casi en 50 000 hojas volantes. Saquen cuentas y recuérdenme el resto de mi vida que por muy escritor que uno se crea, siempre viene bien disciplinarse con la mecanografía y la lectura correctiva... Bueno, yo me excuso en mi diagnóstico de caso leve de dislexia, claro está. Para donaciones ya saben donde ...

lunes, junio 16, 2008

Variaciones sobre una conversación tensa (III de X)


Sensaciones

— Los amigos son sensaciones.
— ¿No son personas?
— Son sensaciones que uno asocia a personas.
— Pero ¿existen esas sensaciones sin esas personas?
— Eso no es el punto.
— ¿Cuál es el punto?
— Pues que ¿Qué es lo que pasa cuando existen esas personas sin esas sensaciones?

domingo, junio 15, 2008

Variaciones sobre una conversación tensa (II de X)

Desvelos
Les cuento. Desde hace algún tiempo, para mí, compartir el desvelo era la ecuación inequívoca de una exacta amistad. La noche procuraba esa intimidad única, en la que la vulnerabilidad es una prebenda y el supuesto sacrificio del desvelo era prueba inefable de lealtad e interés sin mediastintas. Yo buscaba en la noche a mis amigos y a mis amigas, y solía encontrarlos. Eran días de noche, a veces de estudios varios, y a veces de confesiones programadas. Luego se fueron haciendo noches de ebriedad, de Baudelare. Después las noches se volvieron pareja, cama, y películas hermosas y somnolientas. Luego de la ruptura empezaron las noches de fiesta, de alcohol, de búsqueda y encuentro, de puntos suspensivos y rostros para olvidar. Poco a poco llegaron los lugares comunes, algunos más comunes que otros, unos más poblados que otros, y la misma charla, el mismo ron y la repetición se hizo regla. Lo cierto es que hoy que he empezado a tomarle gusto al desvelo a solas, me pregunto alarmado qué parte de la ecuación se volvió prescindible.

Variaciones sobre una conversación tensa (I de X)


Teatro

— A mis amigos no les gusta ir al teatro.
— ¿Y estás seguro de que tienes amigos?

Variaciones sobre una conversación tensa (Presentación)

Conversación tensa

¿Qué hacer si sus peores enemigos
son infinitamente mejores que usted?
Eso no sería nada. El problema surge
cuando los mejores amigos
son peores que usted.
Lo peor es tener sólo enemigos.
No. Lo peor es tener sólo amigos.
Pero,
¿quién es el Enemigo?
¿usted o sus enemigos?
Hasta la vista, amigo.

Roque DaltonUn libro levemente odioso


No sé si les ha pasado a ustedes, que de tanto vivir empieza uno a querer vivir más lento. Quizá no sea "lento" el término correcto, quizá sea "con cuidado", "con paciencia", "más inteligentemente", a saber. La cuestión es que de tanto vivir, uno vive, una y otra vez muchos episodios, muchos finales y muchos principios. A mí me encantan los principios, soy adicto seguramente. Y con los finales soy romántico, contundentemente pasional, compulsivamente autodestructivo. Un día haré ese recuento siempre prematuro de finales. Hoy solo quiero iniciar un monólogo reflexivo, con cierto ánimo dramatico, sino dramatúrgico, sobre los amigos, esos seres fantasmales que nos rondan y tienen la mala costumbre de hacerse imprescindibles. La amistad, como el amor, es una abstración, una necesidad expresiva de la limitada autosuficiencia con que venimos dotados. Quizá un sucedáneo feliz de muchas experiencias vitales que necesitamos para que nuestro vivir tenga algo parecido al sentido. Así pues, me lanzo a este principio, con un paraguas por armadura, porque bien sabemos todos a lo que se expone aquel que escupe para arriba.

Nueva temporada


Digámoslo en pop: empezamos otra temporada de esta poco exitosa serie melodramática, pero esta vez con menos pretenciones, más relajados, porque estábamos estresando mucho a los guionistas.

miércoles, marzo 19, 2008

Te borraré



"Te borraré con una esponja de vinagre, con un poco de asco. Te borraré con una lágrima importanteo, con un gesto de descaro. Te borraré leyendo metafísica, con un telefonazo o los saludos que doy a la ceniza; con una tos o un cárdeno minuto. Te borraré con el vino de los locos, sacándome estos ojos; con un varón metido aquí en mi tumba. Te borraré con juegos inocentes, con la vida o la muerte; con un parrafraseo alevoso de Carilda; ¡aunque me vuelva monje o me haga puta!"

miércoles, marzo 12, 2008

Uno espera


A veces, uno espera, y luego solo queda llorar cuando se ve las manos vacías. Uno espera, y el espejo reclama insistente en cada oportunidad que le damos, y es implacable. Uno espera, y el tiempo se vuelve en contra, y empiezan a doler cada segundo muerto. Uno espera, lleno de esperanza y termina vacío, agotado, pensando sin parar en que uno siempre espera todo, y nunca espera verse tan solo como antes de esperar. A veces, uno espera, y luego solo llora.

martes, enero 29, 2008

The end



Y no vivieron juntos, ni felices, ni para siempre.

domingo, diciembre 02, 2007

Santiago


Tenía un ángel entre mis brazos y de pronto me miró y me dijo Ten cuidado, que no existo.

miércoles, marzo 29, 2006

Sirve

Mi tía Pilar, una tía mía, muy tía, muy de palabras y de cuentos y ciencia para niños y que, además, era dueña de una grabadora muy suspicaz. Mi tía Pilar era una de mis tías favoritas porque hablaba conmigo, no jugaba, hablaba y eso era la maravilla. En muchas de esas habladas éramos tres en una mesa redonda, de madera, fuerte, esa misma mesa que salvó la vida a mi tía cuando un terremoto sacudió la vieja casa de las habladas mientras ella desayunaba, entonces ella se hizo así, y se deslizó de su silla y se puso de bajo de la mesa redonda, de madera, fuerte, y la pared de adobe y la vigas y las tejas no alcanzaron a mi tía, y ella está viva ahora, aunque le dolió la espalda todo ese día y también le dolió la casa y las muertes y los años y las historias. Pero en muchas de aquellas habladas sin terremotos a la vista éramos tres en aquella mesa redonda y salvadora, éramos mi tía, yo y una grabadora. Ella grababa nuestras habladas y después las oíamos juntos, y luego hablábamos otra vez de lo que oíamos. Pero yo me fui del pueblo y ella se quedó y la grabadora con ella. Unas cintas quedaron ahí, no sabemos donde, pero mi tía las recuerda como que se las hubiera comido y las palabras hubieran pasado por el intestino delgado y sus paredes hubieran absorbido los nutrientes, tal como me lo explicaba mi tía cuando dibujábamos sistemas digestivos en la mesa redonda de madera fuerte y salvadora. Sí, mi tía las recuerda y, a veces, me dice cosas que dijimos, que dije y que ella dijo. Muchas de las cosas que hablábamos salían entre preguntas didácticas y respuestas caprichosas. Ella me dijo hace cinco días que yo ya era poeta cuando teníamos aquellas habladas cuando yo era un niño y aquel pueblo no era escombros. Cuando me lo dijo yo le dije que todavía quiero serlo, ser poeta. Pero ella me dijo que lo supo siempre, y me dijo que todo está grabado, como esa vez en que ella me preguntó, mientras dibujábamos el sistema circulatorio del cuerpo humano sobre la mesa redonda de madera fuerte y salvadora, "¿Para qué sirve el corazón?", dice que me dijo, y dice que le dije: "Para cuando alguien está lejos". Dice ella que ese fue un poema que la hizo llorara quedito y en el baño para que no la viera nadie. Yo no sé si creerlo, porque ella me quiere y me quiere poeta. Sin embargo, ahora que vos estás lejos, que mi tía sonríe muy segura de su precoz descubrimiento, me sirve, como una verdad incuestionable, que yo haya dicho eso que mí tía dice que dije. Sirve de verdad.

martes, marzo 14, 2006

Gardenias

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0S-DspoVK8dMtP2ewLNfVUDpZ0J82ndUCxW1aK59CuWgjicluM7lh20oXUfsSTyRgwXzgjZkf9WRhF13yBUvxCPVwNSgckqHfCLvA3t4__jUFHJoqP00ouNLS3WfSI_Qe4KPL/s1600/flor+marian.jpg
Punto. Temible cuando se trata del final. Y si es de la vida, quizá, sólo quizá, es peor. Pero, justo antes de ese están otros signos que me dan más miedo. Es que la vejez está llena de signos. Yo no quiero ser viejo. El pudor y la corrección política me hacen muecas: eso no se dice. Quizá ofenda a alguien, pero siempre he sabido que, en este caso particular, el peor ofendido es mi propio personaje de (pseudo)intelectual –tan formado y decorado él–. Pero teme ser el intelecto de un cuerpo viejo que funciona cada vez menos y que se ve cada vez peor. La vejez ha obsesionado mis pesadillas más frívolas. Qué le voy a hacer. Tal vez la sinceridad sea un buen sucedáneo de la culpa para lograr redención. No voy a describir mis temores ni los signos que los despiertan. La verdad, lo que quiero es hablar de Ibrahim Ferrer, un viejo que se murió hace algunas horas y que tenía la voz de la vejez. Una voz que me intrincaba en una de mis infinitas contradicciones: fascinación es la palabra clave. Él y los otros viejos que el juego frívolo de la fama los trajo a mí –pobre snob que a veces soy– en un disco revelador, Buena Vista Social Club. El son y el bolero cubano que abrió el siglo XX lo cerró. Cuando escuché esas canciones por primera vez y supe que ya las había escuchado en otra voz, así de fascinante, la de Margarita Quintanilla, mi "Tía Margo" para los allegados. Era mi tía, que también murió con más años de los que quiero para mí. Con ella vi el video (en VHS) de Buena Vista Social Club, y la vi ponerse sus gruesos lentes, ponerse la mano en la quijada e inclinarse para poner su prieto codo sobre su rodilla, mientras con la otra mano moldeaba instintivamente los carrizos de su pelo negro y apenas cano. De pronto cantaba con una voz intensa y temblorosa, y silvaba con un trémolo inimitable. Por ella fue supe del bolero, del son, del tango y del amargo encanto de la música que me hace recordar que no he vivido nada. Mi tía murió un día muy triste. Yo no quise ir al velorio. Ya nos habíamos despedido siete días antes, en su cama, ella de blanco y yo de azul. Me heredó su voz y sus cuentos. Por la loca manía de mi memoria, Ibrahim Ferrer fue desde entonces una voz vieja que me hacía sentir la vida como era, por tanto, con miedo. Lo escuchaba a veces para reconstruir mis horas con mi tía Margo, esas que tanto me dieron para escribir, para contar y para saber de la vejez sin vivirla. Si quieren fechas, obituarios, lugares y anécdotas sobre el sonero cubano, seguro los encuentra mejor en otro texto. Aquí solo hay dos voces muertas, dos miedos, dos lutos y dos gardenias. Ah, y un punto. 
[Publicado originalmente en www.elfaro.net el 08/08/2005]

viernes, marzo 10, 2006

El inútil de la familia


No fui útil nunca. Nunca traje ni produje provecho, comodidad, fruto o interés. Estudié porque me supe inteligente y me gustaba hacerlo notar. Aprender era fácil y superar lo aprendido me fue natural. Pero las cosas útiles terminaban aburriéndome. Todo perdía su encanto cuando dejaba de ser puro gusto y se convertía en necesario. No me gustan las cosas necesarias, las personas necesarias, las palabras necesarias, los horarios necesarios. Amé a mis maestros más inútiles, los más enamorados de lo menos productivo. Me enfrenté siempre a los que aspiraban memoria y agradecimiento. Solo respeté a los que sabían más de lo que yo llegaría a saber. Fui un mal alumno de obligaciones. No supe ocultar mi desprecio cuando lo mejor era sonreír y prestar el espejo. Mal lo han llevado mis jefes y mis amantes: no hay nada más insoportable que un inútil que se niega a ser imprescindible. Mis amigos tuvieron mejor suerte. Siempre hace falta un inútil que ocupe tiempo muerto, que piense en lo que ellos no piensan y que dedique inútil tiempo a observarlos bien para saberlos y calcularlos en sus acciones, pensamientos y omisiones. Así me hice sabio en amigos, sabio en personas, en los otros, por eso escribo textos inútiles que en sí mismos no sirven para nada. Sin embargo, sé que existe la utilidad involuntaria de la palabra escrita. Siempre hay alguien que lee y llora, que lee y sonríe, que lee y se enoja, que lee y se suicida, que lee y se excita, que lee y se sonroja, que lee y compra, que lee y vende. La utilidad acecha, de eso no tengo dudas, y negarlo es inútil, por eso gozo negándola. Trabajo, claro, porque mi inutilidad tiene que sobrevivir, y uso la palabra, y digo que mi trabajo es bueno, que mi trabajo es importante, que quiero mi trabajo, así finjo inútilmente que soy útil. Qué inutilidad suprema, innecesaria y soberbia. Entonces quise ser el creador inútil que emborrona papel y levanta vidas, y paisajes, y ciudades, y emociones, todo tan inútil como un libro cerrado. "¿Qué decís? ¿Que es inútil?", decía Cyrano, "Ya lo daba por hecho. / Pero nadie se bate para sacar provecho. / No, lo noble, lo hermoso es batirse por nada". Soy, pues, el inútil de la familia. Y no me ha sido fácil. Nada fácil.

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