Me propongo exagerarme un poco, afilar mejor mis puntos de vista, me propongo ser apostol de las verdades que duelen, por ende, resignarme a tener menos amigos, y cada día demostrarle a los que se queden que vale la pena.
Me propongo merecerme algunos adjetivos: difícil, cínico, mordaz, leal, puntual, incrédulo, consecuente. Me propongo ser más uraño e intolerante con el vacío, no pretender ser la monedita de oro, ni regalar mi tiempo a los halagos. Me propongo cuidarme más de tontos, frívolos y similares, y aprender más a ser un poco tonto, un poco frívolo y poco similar.
Me propongo dejar claro que he cambiado, aunque nunca se sepa cuanto.
Me propongo, ser más autocrítico para defenderme de la sinrazón. Ser más justo con el amor y sus etiquetas. Me propongo ser más escritor y menos copywriter, ser más lector que autodidacta, ordenar mis propias reglas, saborear mejor cada café, aferrarme nuevamente a la pantalla grande, aunque sea en una más chiquita.
Me propongo exagerarme un poco, como ya dije, quizá sea repetirme, cansar a la audiencia, parecer un agotado y conservador del mí-mismo, y me propongo que no me importe.
Eso me propongo. Quedan advertidos.
-------------------- * Sujeto a ediciones, correcciones, ampliaciones, actualizaciones, sugerencias y arrepentimientos.
Este es otro de mis dudosos recuerdos de infancia. El Tesoro. No hablo de mapas de piratas con líneas discontínuas hacia una equis en algún lado que indica un conjunto escondido de monedas o cosas preciosas, de cuyo dueño no queda memoria. Hablo de El Tesoro, la finquita de mi Tía Pilan, justo frente al puente de la Piedra Pacha, en la entrada del tristemente célebre pueblito de Guadalupe, en San Vicente, en el vulnerable país centroamericano que se hace llamar El Salvador. El Tesoro tenía una casita de bahareque, alta como son las casas que tienen tabancos, con techo de teja y piso de tierra. También había un árbol de Amate, grande, viejo, grueso, solitario y silencioso. Había también un abrevadero para vacas, una pilas donde tomaban agua unas vacas que mi papá tenía y que don Lencho pastoreaba y ordeñaba, las mismas vacas que la guerra sacrificó impunemente. En El Tesoro había un cafetalito con árboles de sombra, aguacates, zapotes, pepetos, paternas, zúnganos y alguno otro frutal de eso a los que siempre aspiré a subir, pero pocas veces me atreví, mi valor siempre ha sido intermitente y bipolar. Una vez pregunté porque se llamaba El Tesoro aquella finquita, y mi Tía Pilan, que era dueña de maravillosas respuestas, me contó que su nombre le fue puesto por la Historia, porque según contaban, el Amate mencionado y la casita habían sido los únicos testigos sobrevivientes de una correntada descomunal que a finales del siglo XIX arrasó con El Rincón Grande, un pueblito que yacía ingenuamente en la falda del Volcán Chichontepeq. Luego de tal catastrofe, el pueblo se trasladó, se ubicó exactamente apartir de esa finquita, a la que empezaron a llamar El Tesoro porque era el único recuerdo de aquel pueblito original y de su gente. Se pensaba ingénuamente que las correntadas no pasarían de El Tesoro y que al moverse a un costado de él estaban a salvo. El nuevo pueblo se llamó Guadalupe, porque decidideron ponerle patrona a la parroquia, y esta sería la representación mexicana de María, la virgen madre de Jesucirsto, según la tradición del santoral católico. Claro, mi Tía Pilan no es tan fría hablando de la Virgen de Guadalupe, pero yo me he hecho un poco descreído de un tiempo para acá. La cuestión es que, si son lectores detallistas, habrán notado que conjugo los verbos en pasado, y es así porque a El Tesoro se lo llevó la correntada recién pasada de principios del siglo XXI, esa del Ida, que bajó bajo la lluvia y tanta muerte y susto sembró por esos rincones olvidados de la previsión. El Tesoro de mi Tía Pilan es ahora una playa extraña sin aguas que lleguen a morirse en esas gruesas arenas que soportan peñones como de las ánimas. Quizá El Tesoro la tenía jurada desde finales del siglo XIX, quizá quedó ahí como aviso al futuro de que por ahí es el paso errático de la naturaleza sin dios que le dé piedad. El Tesoro de mi Tía Pilan es fue el principio y el final de un cuento largo, olvidadizo y fatal.
Hoy, después de leer algunas reflexiones de Ernesto Sábato, se me impuso una pregunta prestada: ¿Mi romanticismo extremo no me ha terminado por convertir en algo así como un ateo del amor?
¿Te esperaré? Este es sin duda un arranque de exagerado dramatismo quizá estimulado por el frío y el miedo al insomnio. Es que insomnio y frío no conjugan buenos verbos. ¿Te esperaré? Pues si me da por hacerle caso a las cartas de aquella gitana improvisada, sí te esperaré; si me da por hundirme en aquella mirada desamorada, no te esperaré. ¿Alquien tiene una margarita confiable?
No, no voy a asustarte con versos intensos y en exceso prematuros, más optimistas que merecidos, ni a escribir épicas románticas por una primera noche, no voy a reescribir ni el Génesis, ni mi biografía, ni el índice de mis patologías, ni mi testamento; tampoco voy a marcar fechas, ni a abrir un archivo de recuerdos, ni a vaciar portarretratos, ni a sumar almohadas, ni cepillos de dientes. No voy a alterar mi dieta, ni mis horarios cardiovasculares, ni mis nickname, ni mis estatus en redes sociales. No voy a hacer un plan, ni a deshacerlo. ... Ni siquiera voy a terminar este poema. ... .. .
En la Antigua Guatemala uno camina desconfiando de la historia, tropezándose con el desvarío propio y con el de una ciudad entregada al cliché de esa bohemia renovada de los turistas-salva-pobres, a la ataraxia impostada de los artistas repentinos, a la voracidad de sexópatas oenegeros. En Antigua Guatemala la belleza es falsa, escénica, desdentada, restaurada, indignada. En su ruina está su secreto públicamente inventado. En cada trozo de ciudad está su olvido. En cada fotografía que tomo está mi pecado.
Chalina, mascada, chales, colores de aquí, collares, pendientes, como colgantes tribales, mirada grande, mirada esquiva, uñas presentes y tobillos cubiertos. De habla recortada y risa contralto, boca de bolero y pluma en conflicto. Como la flor, la Flor a veces no está, solo es cuando llega su primavera anárquica sin horarios puntuales ni cita previa. Mamá con creces y mujer devota de lo que pudo ser. Mujer de nubes y mujer nublada, mujer de muchos dedales y de pocos dedos. No la conozco bien, solo la he visto pasar, a veces sentarse y confesarse por escrito sin decir ave-maría-purísima y sin querer absolución. Como la flor, la Flor sigue una luz, una fuente, el viento y quiere elevarse de la tierra y ser como una nube, una nube que quizá sea una Flor de cielo.
------------------ * Esta es la versión original de mi felicitación a Flor Aragón que no cupo en el formato del Raro editor... Pero sabemos que allá y aquí están las mejores mejores intenciones, mías y del editor en cuestión.
Cuando se está de este lado,
parece que a uno le tocó el lado más feo,
porque aquí nada es del todo cierto,
nadie se atreve a confiar del todo,
y cuando se quiere, se quiere demasiado;
los colores son impertinentes,
el adiós más frecuente,
las cigarras holgazanean
(entiéndase cantan)
todo el año.
Los del otro lado, a veces, dejan que uno se acerque,
pero siempre, generalmente cuando uno ya los quiere,
deciden que mejor siga uno aquí y ellos ahí.
Aquí la soledad es como el aire,
hay una gama inmensa de maneras de estar solo,
ya no depende de si hay alguien más o no.
Aquí los evangelistas tienen otros nombres
y el Mesías termina siendo uno mismo.
La fe no es tan necesaria,
es más necesario que haya estrellas cada noche.
Aquí es posible existir:
con plumas, lápices y papel;
café y voluntad... algunos podemos soñar.
Aquí lo que no hay es mucha lógica,
pero hay ganas de aprender,
hasta es posible que algún día estamos allá (quizá),
pero ellos aquí... quién sabe.
Lo cierto es que aquí se está,
no bien,
mal tampoco:
se está.
Aquí, de este lado,
del lado de los que no tenemos razón.
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* Este es un poema de otro tiempo, quizá de 1995, que viene hoy al cuento porque KR me los recordó en su comentario a mi post "Quizá sí", y aquí se lo dejo como una forma de agradecer su atención a mis palabras. Este poema es parte de un poemario que publiqué en 1997, que contiene poemas que nunca habían pasado por una computadora, ni por un editor parece (con el perdón de mi editor de entonces), y al transcribirlos los voy editando, corrigiendo y a veces aumentando. Es un ejercicio raro, pero lo disfruto, y por ratos lo resiento. La grabación del audio se realizó en 1998, en el estudio de Roberto Quezada, una producción doméstica que tenía la única intención de ser un recuerdo de una serie de recitales que junto con Tania Molina dimos en ocasión de su despedida.
Me aparece el sol como una franja perfecta y caliente sobre el piso que miro porque algo tengo que ver cuando no puedo cerrar estos ojos, tan pegados a mi cara como mi nombre a mi sombra. ¿Me va a aparecer la luna?
Hoy es un día en que dudo de mí y en lo más profundo. Por suerte tengo una Amiga, así con la A más mayúscula que pueda dibujarse, que siempre (22 años ya) ha sabido convencerme de que algunas cosas las hago bien. Lo que sigue es quizá un descarado acto de vanidad, un patético gesto de autocomplacencia, el post más ególatra que he escrito, un ridículo intento de reconstruír mi deslavada autoestima. Ella, que quizá posea el archivo más grande de mi producción literaria, me mandó un correo con una selección de sus frases (o versos) favoritas. Yo sé que es su manera de ponerme frente a su espejo, y al margen de que leyéndome así, a través de otra peronas, hasta he dudado si soy yo el que escribe, el que ha escrito. Quizá sí sea yo un escritor que vale la pena leer, ojalá que sí, porque así ustedes, queridos lectores y queridas lectoras no están siendo estafados por un charlatán.
Procedo al impúdico acto de publicar el gesto de halago más bonito que me han hecho en mi vida:
Algunas de mis frases favoritas de mi amigo y poeta Por Alicia Salum
"Sabe compañera vivo de su sonrisa y aprendo de la libertad de su lágrima lo que me hace falta para sentirme hombre"
"Lo peor del café, del buen café, son los buenos recuerdos"
"Hazte imposible. Dilúyete en distancias, esperas y silencios."
"Perdoname soledad, pero a veces no venís tan sola."
"Un día le entregué mi vergüenza... y me quedé sin las dos: desde entonces escribo."
"Propuse tu cuerpo al Sistema Métrico Internacional, porque últimamente es la referencia de todo lo que mido"
"El ayer es un niño solo que llora acurrucado en los poetas, esos que no entienden bien qué es eso del mañana."
"Leo los versos de la mañana y dudo seriamente beberme sus promesas."
"...¡Y si descolgamos la luna!"
"Hay veces en que no es el café, es la compañía, es la locura suelta en el manantial oscuro de olores y palabras."
"Declarate habitable para que yo pueda poblarte. Separá tus aguas de tus tierras, y bañá de bosque tu monte y tu valle. Liberá el cielo del fuego y reinventá cada pez en tu humedad."
"Te me antojás en mieles con cáscara, a veces tierno fruto, a veces maduro a punto."
"Nadie es poeta hasta que se da cuenta y el verso cae por la mejilla."
"Te quiero y lo digo así cuando estoy solo, porque guardo para mi solo lo cierto."
"La soledad es un punto y coma; continuar la vida sin perder la frase."
"Soledad, esa palabra que hace poetas."
"Soy en tu voz cuando me hablas."
"Tengo dos soledades enteras, la mía y la que vos me dejaste."
"Mi vida no es tan fácil como se lee."
"Tenemos un recuerdo, y nada más. Yo toqué su mano por accidente, y nos vimos en los ojos asustados del otro, y nos reímos para siempre, como en la fotografía de un único recuerdo."
"Solo sé que en tus ojos te llevaste algo mío envuelto en un siempre que creció en el vientre del tiempo..."
"No te vi y me sentí ciego."
"Cuando sé que venís es como si viniera con vos algo de otro tiempo, una belleza desconocida, una intriga motivante, un adjetivo rimbombante, una voz redentora una sonrisa nueva y mía."
"Nunca un sábado me había parecido tan domingo como este"
"Ella siempre tiene algo en las manos, a veces sus propias manos"
"Odio los automensajes del messenger, las contestadoras de casete, los buzones de voz, los recados en la refri, los post-it en la compu, odio la ausencia descarada."
"La espera tiene un sabor agridulce."
"El poder es una cosa que no entiendo, pero parece ser que sería como sería dios si fuera. Una aspiración inagotable y enajenante capaz de envilecer y santificar al mismo tiempo. ¿Ven como no lo entiendo?"
"Al final todos los distintos somos iguales."
"La poesía es una tibia sensación en las amígdalas, que está ahí y que a veces no duele pero que otras veces se desquita siendo una llaga despiadada que abre las pústulas del dolor e inunda de gemidos estentóreos cada trago de vida"
"Te vi atardecer mientras atardecía"
"Con la lejanía es más fácil, se siente con todo el cuerpo, y a pesar de todo el vacío no caben las dudas”
"¿Por qué será que a veces me resisto a contar lo maravilloso? Tal vez no sea resistencia, solo incapacidad."
"Es difícil ponerle buena cara a este mal tiempo."
"Todo tiempo pasado fue mejor" dicen por ahí. Quizá no sea, como no es ninguna, una verdad absoluta, y mucho menos objetiva, pero lo cierto es que se trata de una percepción que se llega a instalar, y cada vez con más fuerza, en la medida que más tiempo pasado se acumula. El tiempo nubla, desenfoca, difumina lo vivido, y a veces, en el presente de cada quien, esa imprecisión se hace cómplice de los deseos, de las frustraciones, de las aspiraciones en la actualidad de cada uno. Quizá sea porque lo vivido tiene esa magia: la de lo vivido. Quizá sea porque la memoria, a veces, escoge darnos, al menos, la sensación de felicidad trayéndonos solo lo bueno de lo vivido, o bien minimizando lo malo. Así se convierte el pasado en una tentación, en un posible refugio ante la incertidumbre de cualquier intento de procurarnos futuro. Es por eso, quizá, que a veces tentamos al pasado, lo invocamos, lo buscamos, lo acosamos con la esperanza de que no sea como fue, sino como quisimos que fuera, que haya sido.
Lo mas útil y complicado de los telefonos con wifi es escribir un post mientras se espera por alguien en un bar cubano en pleno San Salvador. Es lenta la escritura, casi al ritmo del son y el danzón que suena de fondo. Uno escribe con un palito con punta, por uno tiene dedos inexpertos para una pantalla touch. Pero lo lento es conveniente para la espera, por que se pasa el tiempo más rápido o uno le pone menos atención. Poner tildes es complicado, pero es divertido exigirse corrección en esras circunstancias.............. Asoma el objeto de la espera, hay que dejar de escribir y empezar a hablar: empieza lo más complicado...............
"Jamás" es un conjuro que hace problable lo prohibido, una forma de invitar a la insolencia, de salirse una vez más de algún encierro neuronal. "Jamás" es una trampa que no tiene cierres, ni filos, ni aldabas. "Jamás" es el miedo de la voluntad, la diplomacia en el espejo, una manera de sobrevivir, un deseo de borrar toda huella de imposibles. Es lo que sé, pero no lo repita jamás.
Hablaba anoche con Cristina Peri Rossi (la leía en voz alta pues) y me encontré de súbito palabreando este poema, de esos que me dan ganas de robar, de masticar y tragar para hacerlo visceralmente mío. Son de esas debilidades poéticas que me permito de vez en cuando...
LECTURA DEL DICCIONARIO
De pequeña, creía que el diccionario era un arca inmensa y de papel donde se guardaban todos los objetos de este mundo a escala reducida
Y rebuscando, podía encontrar el arcón en el fondo de la A la báscula en la B la moneda en la M
Ahora en los días melancólicos de tu ausencia
busco en el diccionario no ya los objetos que nos pertenecieron
(el faro de Eduardo Sanz la entrada de cine con vale para una almuerzo en Pans & Company los vasos de vidrio tallado que compraste en la última tienda de vidrio soplado, calle Valencia de Barcelona)
sino el nombre del perfil que dibuja la lluvia en mi ventana (lluvia de abril, lluvia de mayo)
garduño, mamífero carnicero de cabeza pequeña que busca alimento durante la noche en las crías de otros animales
origen incierto de la palabra garete
nuestro amor se fue al origen incierto o desconcierto: quiere decir que aquella partitura ya es en realidad un soliloquio
la soledad de un loco que mata sus recuerdos con palabras
o todo lo contrario: los alimenta, los cultiva,
como el garduño, pequeño mamífero que se alimenta de las crías de los otros.
Esto no quiso ser una necrología noticiosa, por eso se tomó su tiempo antes de dejarse escribir. Murió Mercedes Sosa, y su muerte me agarró con una tristeza previa en plena instalación que no dudó en recibir la compañía de una tristeza por la cantora. Mercedes Sosa es un lindo cliché de los que no sabemos bien si llegamos a la revolución por la poesía o a la poesía por la revolución, parafraseando a Dalton. Mercedes Sosa es un lindo lugar común en la historia de todos los que hemos ido y venido del futuro al pasado y viceversa. Mercedes Sosa es una inesquivable voz que satura mi conciencia de hoy con melancolías y esos remordimientos propios de un pequeño burgués arrepentido, parafraseando a Benedetti. Mercedes Sosa fue voz de maravillosos poetas y potente instrumento de músicos afortunados, no sé si alguna vez escribió alguna letra o compuso alguna música, nunca me importó para disfrutar del arte que le fue tan natural como fantástico. Mercedes Sosa duele de esa manera inexplicable y que se antoja como irracional, si solo la vi dos veces, y ella no me vio nunca, ella arriba en el escenario y yo abajo en la multitud de conmovidos. Pero yo la quería (o la quiero ¿uno deja de querer a los muertos?) por razones estéticas y por agradecimiento. Mercedes Sosa en mi vida fue revelación, compañía, consuelo, llanto, vino, fiesta, esperanza, indignación, belleza, olvido, reencuentro, guitarra, canto, vigilias, amores, despechos, amistad, vida. Y escribo con un nudo entre los dedos, y dejo que ella misma cante lo que siento, como tantas veces lo hace, poniéndole su viva voz a un poema de otros de mis amados muertos, Jaime Sabines. Los dejo en buena compañía.
Me sobra una Coca-Cola en mi refrigerador. Me sobran unas rosas secas en la pared. Me sobran las ganas de comprarte un mostro encantador. Me sobra un cepillo de dientes. Me sobra un puñado de poemas no deseados. Me sobran horas en el día, minutos de llamadas, películas malas que disfruto sin confesarlo, abrazos para abrazar la noche, pensamientos que gastar de día.
Me sobran buenas intenciones, y sesudas razones, una serie organizada de planes de futuros inmediatos. Me sobran viajes cortos y viajes largos, un manual de buenos modales y silencios de cortesía. Me sobran miradas, canciones, esperas y almohadas.
Y quitando lo que sobra, quedo sólo yo. Solo yo.
---------------------- * Poema sujeto a crecimiento cotidiano.
Te veo ahí, quieto, silente, tan parecido a lo ausente. Te veo. Te veo. Te veo y no sé. Y de tanto verte parece que no estás, que no estuviste, que no estarás.
Este es un día de esos, y de aquellos, en los que todo pasa, como en la vida misma, pero pasa en poco tiempo y abruptamente, que nada se puede disfrutar ni lamentar como se debe. Son días intensos y variopintos, tan largos que uno duda si el tiempo es el mismo para todos, si vivir significa algo similar para los demás, si vale la pena negociar el alma por un puñado de sueños ajenos. Este es un día de esos es que uno se queja de estar bien, pero no tan bien como se supone. Pero bueno, uno es así, en días como estos, y en el resto. Buenas noches.
Si alguien sabe una manera segura de escapar, una manera digna de renunciar al bienestar, a las contantes quincenas, a la facilidad de no tener que ser yo. Si alguien sabe donde quepo con mi ingenuidad diletante, donde se puede vivir articulando palabras, donde se puede perseguir sin miedo la belleza. Si hay alguien, tenga piedad y guárdese el secreto.
Le dispararon en la mirada, quizá uno de los tantos que tanto había visto, quizá uno desconocido que se vio en su mirada. Quizá fue una venganza, quizá fue desafío, quizá fue una iniciación de las que vio tantas veces. Quizá Christian Poveda sabía que era posible la muerte, pero no quiso que su mirada perdiera el optimismo. Yo no era amigo de Christian Poveda, ni conocido, quizá lo vi alguna vez, quizá me vio, quizá nos dimos la mano, yo solo vi lo que él hacía ver, y quizá me dio miedo lo que vi, miedo por lo que él veía, quizá miedo por él, quizá miedo por mí. Pero quizá Christian Poveda vio algo superior al miedo, quizá algo parecido a la esperanza, para poder seguir creyendo y viendo y siendo.
Cuando mi madre iba a ser madre por tercera vez, el doctor Navarrete, que era el doctor de la familia, le dijo que durante el parto la esterilizaría porque temía que un cuarto embarazo no fuera muy bueno para su salud. Mi madre no dijo mucho. Mi madre nunca dice mucho, ella siente, calla y hace. Mi madre y la próspera familia Menjívar Quintanilla vivía en Guadalupe, un pueblo en el fondo del Valle Jiboa, en San Vicente, y toda atención médica, incluyendo los partos, tenían que ser en la ciudad de San Vicente, la más cercana. Llegado el día 17 de septiembre de 1969, mi madre supo que había llegado el momento de parir, y muy callada tomó su vida y a solas con su hija que asomaba, viajó en sentido contrario a San Vicente, casi huyendo, viajó casi tres horas hacia San Salvador, llegó, como pudo, a un hospital de la Colonia Roma, donde atendían a maestras, y se internó de emergencia de parto. No dijo mucho tampoco. No dijo que tenía indicación de esterilización, ni dijo que estaba ahí con doctores desconocidos y sola, y no con el doctor Navarrete ni con la familia, precisamente porque no quería ser esterilizada, porque ella, aunque no lo dijo, quería tener su cuarto hijo: "yo te quería tener", me dice y me mira con brillos, cada vez que me cuenta esta historia real-maravillosa. Cinco años después me tuvo, un 23 de agosto, en la madrugada, en una hora imprecisa hasta para los signos: No tomé leche materna porque la sequé pronto (el "secaleche", me dicen en familia), fui intolerante a la lactosa y crecí con leche de soya, me diagnosticaron anemia crónica, usé zapatos ortopédicos, fui un niño llorón, consentido, frágil, caprichoso y berrinchudo, además un poco mentiroso-fantasioso y medio raterito, un travieso solitario, tuve perros, gatos, conejos-come-flores, pollos-azules y chompipes, que ponía a dormir juntos. Fui feliz sembrando geranios y claveles, odié el fútbol, fui acólito creyente, después fui un apóstata precoz pero con razón y causa, me hice rebelde, libertino, contestón y desobediente, fui subversivo y me salí del guacal, un poco inútil, fui otra cosa, siempre otra cosa de lo que mi madre quizá quería que fuera su cuarto hijo. Pero, a pesar de todo, cada año, cada agosto, mi madre que poco dice, me dice siempre "yo te quería tener", y aún lo dice sonriendo.
La gente de oficina, a veces, ríe escandalosa por cosas que a mí no me causan ni sonrisa, y eso que hago todo mi esfuerzo por ser gente de oficina. Claro, si esas cosas que a mí no me dan risa las dice un cliente, la risa esa escandalosa toma un tono de celebración desproporcionada, a manera de hacer sentir al cliente un humorista profesional. La risa fácil, o es un don, o es un mal hábito, depende la circunstancia quizá, lo cierto es que nunca voy a confiar del todo en las gentes portadoras de esas risotadas chillonas, acaso vulgares, invasivas y desconsideradas, propias de la prepotencia impostada para disimular la falta de inteligencia social y emocional. También es cierto que la risa fácil es rentable, trae y mantienen negocios, y eso hace a la gente de oficina buena gente de oficina. Yo quizá este condenado a ser un impostor entre gente de oficina, y un impostor de poca risa, eso sí.
Me pasaba siempre con los cielos, antes, cuando viajaba solo, y miraba al cielo en Guadalajara, en Panamá, en la Habana, en el Mediterráneo, en Cartagena de Indias, en Caracas, en Guatemala, me pasaba siempre que veía el cielo distinto, con otra luz, no sé, como más alto, no sé, como más bajo, no sé, siempre raro, distinto, siempre otro cielo, ni más ajeno, ni más mío, simplemente otro. Entonces teorizaba: el cielo también tiene fronteras, y cada país tiene un cielo propio y distinto, y esto ayuda a que los ciudadanos sepan ubicarse dentro o fuera de su país solo con mirar al cielo. Lo curioso es que yo era el único ciudadano que notaba esta diferencia, y, con el agravante de ser poeta (sic), cada vez que se lo mencionaba a alguien, ese alguien en cuestión me miraban con esa mirada de lástima, no sé, o de admiración, no sé, o de respeto, no sé, o de burla, no sé. Entonces lo dejé de mencionar y me sentí dueño de un secreto maravilloso que solo yo conocía, que solo yo comprendía. Pero resulta que por alguna razón que aún no conozco, dejé de mirar tanto al cielo cuando viajaba: creo que pasé un viaje entero por Bogotá sin ver el cielo, porque no recuerdo el cielo de por ahí, tampoco recuerdo el cielo de Frankfurt, ni recuerdo el de Nueva York, aunque ese sí lo vi porque tenía que ver como lo rascaban los edificios, pero el cielo fue entonces solo el fondo, no la forma. Así pasaron otros viajes, sin cielos extraños que recordar, hasta mi más reciente viaje a Guatemala, a la Antigua Guatemala, donde me volví a encontrar con otro cielo extraño, extranjero si quieren.
No era por las nubes oscuras, ni por los volcanes, era otra vez ese no-sé-qué que me hacía sentir lejos, extraño, extranjero si quieren, con cierta libertad, con cierta desconfianza, con cierta felicidad y cierta nostalgia.
Lo cierto es que fue un reencuentro con esa parte del cielo que me corresponde, y no hablo de religión, sino de helio, espacio e inmensidad, de un delirio de mi ego, de ese cielo que quizá esté adentro, no sé, o demasiado afuera, no sé.
No pude, ni quise, evitar el recuerdo del poema de Mario Benedetti que copio a continuación, porque explica, en la medida que esto es explicable, algo de esos otros cielos, que por lo visto acosan a algunos por ahí.
No existe esponja para lavar el cielo pero aunque pudieras enjabonarlo y luego echarle baldes y baldes de mar y colgarlo al sol para que se seque siempre faltaría el pájaro en silencio
no existen métodos para tocar el cielo pero aunque te estiraras como una palma y lograras rozarlo en tus delirios y supieras al fin como es al tacto siempre te faltaría la nube de algodón
no existe un puente para cruzar el cielo pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla a fuerza de memoria y pronósticos y comprobaras que no es tan dificil siempre te faltaría el pino del crepusculo
eso es por que se trata de un cielo que no es tuyo aunque sea impetuoso y desgarrado en cambio cuando llegue al que te pertenece no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar pero estarán el pájaro y la nube y el pino.
Si quieren oirle el poema al propio y siempre vivo Mario, y ver otros cielos también, les dejo este audiovisual que tiene ese no-sé-qué que tienen algunos audiovisuales que lo hacen a uno sentir nuditos ahí, aja, ahí donde se hacen nudo las emociones.
Hasta otro cielo.
----------------- PD: Las fotos las tomé con mi cel de apenas 2 megapixeles, pero algo se ilustra la cuestión. Y confieso que las tomé para traérselas aFlorque gusta de las nubes con ese no-sé-qué. Así que ahí están Flor. Ah, y bueno, también me acordé deMiguelque anda bajo otros cielos, pero no sé si se ha dado cuenta.
Escribir. Borrar. Escribir. Borrar. Escribir. Borrar. Las computadoras con su "delete" y su "backspace" han hecho que que los escritores actuales seamos seres inseguros (la pluma y el papel y hasta la máquina de escribir mecánica tenían esa contundencia que obligaba a estar seguro al empezar y terminar un texto). Escribir. Borrar. Escribir. Borrar. Escribir. Borrar. Nos decimos perfeccionistas, cuando, en realidad, lo que tenemos es miedo de publicar un mal texto, pero no resistimos la compulsión de publicar, aunque sea un pretexto. Escribir. Borrar. Escribir. Borrar. Escribir. Borrar.
Es viernes y sé que ya te despertaste, ya te oí claramente haciendo el itinerario diario que nos ha de poner frente a frente. Ya sé que hay gente que habla, ya sé que me escuchás y que te escucho. Ya sé que quiero aprenderte y que me aprendás, ya sé que lo fácil, lo dulce, lo mágico, lo sorprendente, lo inquietante, lo motivante es hoy, que vendrá poco a poco la realidad con sus grises y sus colores. Ya sé que estás aquí, ahí. Llegaste, está confirmado.
Y de pronto no te vi te quedaste allá al otro lado del permiso y me quedé aquí tan aquí que solo fue posible tu voz tu risa solo fue sonido tu beso fue una palabra
Hace años yo era de cartas. De papel y tinta de lapicero, o rapidograh, o plumas de tinta china, con dibujos conceptuales y recortes ingeniosos. A golpe de cartas aprendí a divulgarme, a buscar palabras que me pusieran enfrente a alguien parecido a mí. Creo que ahí me inventé, como un personaje que poco a poco se fue apoderando de mí voluntad vital. Me gustaba escribirle a ella, que me leía y me escribía cartas. Tantas cartas que ahora juntas cuentan de un "nosotros" inverosimil, poético, quizá profético. Ay de aquel no supo escribir cartas.
Supongamos que es lunes y que al despertarme lo primero que pienso es que seguro vos aún dormís y que ponerte un mensajito sería una descortesía. Sigamos suponiendo que el tal lunes avanza y llegada una hora prudente te mando el mensajito aún teniendo la seguridad que seguís durmiendo, y así suponiendo veo que dejaste tu último twitt a las 2:53 de la madrugada y que descubriste como subir fotos desde TweetDeck. Y mientras suponía me dice Miguel por el msn que escribió un post suponiendo cosas y haciéndo guiños a tu blog y me provoca una sonrisa nerviosa por suponer que este lunes va creciendo en suposiciones que llevan tu nombre como un tag que se va haciendo grande poco a poco, y por ahora no me queda más que suponer que no tardás en despertar.
Cuando sé que venís es como si viniera con vos algo de otro tiempo una belleza desconocida una intriga motivante un adjetivo rimbombante una voz redentora una sonrisa nueva y mía
Entonces abro cada puerta y abro mi vida y las ventanas y los grifos y abro la corriente a los bombillos y convoco a los insectos y alecciono a las cosas y sacudo los libros y afino los instrumentos
Cuando sé que venís me vuelvo a sorprender de cuanto me gusta estar en esta parte de la historia es decir cuando sé que venís
No es una suma, ni una resta. Es una forma imperfecta de complemetar un par insuficiente. Una fomar errática de separar el par vecino. Una multitud inoportuna que pone buyas en la insatisfacción. Tres, un número primo, un número natural que tiene únicamente dos divisores naturales distintos: él mismo y el 1. Euclides lo supo y lo puso encabezando el conjunto impar más misterioso de las matemáticas, que da origen a conjeturas centenarias, porque si se consideran números individuales, los primos parecen estar distribuidos aleatoriamente, pero la distribución global de los números primos sigue leyes bien definidas. Tres, un número primo y leyes que los poetas no entendemos muy bien, pero que nos deja una sensación exacta de soledad, de tristeza y de injusticia.
Pues bien, así salen a veces las cosas, y no es que salgan mal, salen como deben salir, si uno revisa la cuenta ya ve que todo suma correctamente. Pero es bueno hacer ficción romántica de vez en cuando, da pie a escribir, un par de post, uno que otro poema, alguna cena con desayuno, una gana de tener horarios, obligaciones sexuales y arranques de cursilería. Casi dan ganas de ser como ellos, siempre pares, insuficientes en su unidad, aceptablemente hipócritas y dispuestos a la adaptación en aras de la compañía. Pero no, al final del tunel, ahí está uno mismo esperándose con los brazos abiertos y esa sonrisa de padre pródigo recitándome las letanías profanas que van descubriendo el cable a tierra que eventualmente sirve para volver, una y otra vez, a este lado de la vida.
En esta hora, de lapsus, te escribo "hola", y me respondes "q onda", y pregunto obviedades y me respondes, entre afanes, con frases cortas, sin mucho espacio para los misterios. Un "te quiero ver" se dispara al aire, y procede un recital recíproco de agenda, y al final se lanza la propuesta para completar el día. Quizá incluya desayuno. Lo anoto en mi agenda, con lápiz.
Nunca un sábado me había parecido tan domingo como este, tiene el calor, el sociego, el tiempo muerto y la amenaza de lluvia pero de nostalgia en pleno sol. Quizá sea por estos labios resecos que no besan desde el miércoles. Quizá porque tu promesa de regreso incluía las palabra domingo, tarde y llamada.
La diferencia la hace el arma. Esa posibilidad injusta, injustificada e injustificable de matar. Ese poder animal de obligar a los desarmados a obedecer, a que crean lo que es mentira, que hacen que lo que no está prohibido sea obligatorio. Los hombres armados golpean para quebrar el orden, ordenan con la estúpida razón que les da su arma. Esos hombres armados están sueltos y sin ley en Honduras, como las bestias más insensatas con hambre de poder. En Honduras hay un golpe de Estado, a un Gobierno imperfecto si quieren, pero el Gobierno que miles de votantes eligieron, y que miles defienden hoy de estos hombres armados, de la ignominia, del pasado.
Más blanquinegro y más simple, EL INÚTIL DE LA FAMILIA se relanza más inútil que nunca. Pase adelante, póngase incómodo, lea y pierda su tiempo sanamente entrometiéndose en la delirante irrealidad de su anfitrión. La música sigue ahí, con ciertas novedades, pero tiene usted que darle "play" en consideración a las quejas de los que no les gusta que les invada sin permiso la parsimonia. Esto es para el que lea, que guste de la inutilidad y de esa peligrosa línea entre la confesión y la literatura. Si tiene quejas, sugerencias, comentarios, dudas o similares, déjelas por escrito, que como no nos cansamos de repetir aquí, todo acto inútil es bienvenido.
Ella siempre tiene algo en las manos, a veces sus propias manos. Sus dedos se mueven como moldeando el aire, o como dibujando, o como recordando. Mi recuerdo de sus manos huele a crema C de Pons, a lápiz, a yeso, y por la noches a té y a ajo. Sus uñas siguen siendo cortas, fuertes, brillosas. Sus manos siguen siendo hacendosas, milagrosas y creadoras. Sus manos rara vez me tocan, siempre están haciendo algo para mí, para otros, muy a veces para ella. Sus manos son silenciosas, susurran y rezan, acarician de lejos, y aplauden espontáneas. Sus manos enseñan, no paran, son vida y maravilla. Ella y sus manos son lo que apenas conozco de lo infinito, de mi madre.
Son dos poemas de Rosario Castellanos que me dieron los buenos días desde esa cercana lejanía de tiempo y geografía. Son ajenos, pero tienen mucho de lo que me hace dueño, al menos, de la emoción que me despiertan.
Nocturno
Amigo, conversemos. desde hace ¿cuántos años?, desde el día en que a un tiempo rompimos la tiniebla y con vagido entramos en el reino del aire; desde que los mayores nos pusieron la sal sobre la lengua y nos soplaron al oído un nombre (no de amor, de destino), un nombre que repites todavía y que repito yo y repetiremos hasta el fin, hasta el fin, sin entenderlo hemos estado juntos.
Elegía
Nunca, como a tu lado, fui de piedra. Y yo que me soñaba nube, agua, aire sobre la hoja, fuego de mil cambiantes llamaradas, sólo supe yacer, pesar, que es lo que sabe hacer la piedra alrededor del cuello del ahogado.
Intento obligarme a escribir algo, y pongo música y fumo, y trato de que la lluvia me conmueva, o la brisa, o el gueko que besuquea al sinsentido. Incluso me pongo a leer cosas que me gustan como para entrar en ambiente creativo, me levanto y camino en círculos como en danza de invocación, me detengo y apreto con la fuerza de la frustración el respaldo blanco de la silla de mi comedor, y veo como quedan mis dedos marcados en la textura de la tela. Me siento, veo mi reflejo en el vidrio de mi mesa, llevo mis manos a mi frente, luego pongo los dedos sobre el teclado. Pero nada, nada pasa.
Siempre me había rehusado a escribir un post sobre papás (mi papá), pero un post de mi amigo Miguel me hizo pensar (no siempre sé distinguir entre pensar y sentir) en que mi papá se murió aún siendo perfecto, o sea, murió cuando yo apenas entraba en la pubertad y no me habían entrado las ganas de contradecirlo porque para mí seguía siendo perfecto: era tierno conmigo, creo más que con mis hermanos y hermanas, creo que me veía frágil (lo era: el menor de cinco hermanos, anémico, cascorvo, intolerante a la lactosa, llorón, sensible, preguntón). Mi papá me contaba fábulas que se inventaba cuando tenía que regañarme porque yo decía mentiras (y eso que no tuvo chance de darse cuenta que le salí poeta), o cuando robaba tostones de la gaveta de la panadería, o cuando no me quería bañar, o cuando chillaba histérico porque mi hermana se acostaba en mi hamaca –que no era mía–. También me llevaba, alguna tarde en verano, a una piedra en medio del cañal, desde donde se veía el pasar impresionante de las espesas nubes de golondrinas mientras el sol se iba poniendo rojo y grande y se iba cayendo atrás de El volcancito. Él era perfecto, y así quedó en mi memoria, aunque de sobra sé que era humano, que probablemente yo no sería como soy si él siguiera vivo, no sé si mejor o peor, pero sí sé que yo sería diferente. Sí sé que nos hubiéramos peleado mucho, y se me hace un nudo en donde se hacen los nudos sentimentales cuando me pongo a pensar que quizá hubiera terminado descubriéndole –o poniéndole– miles de defectos, y que, quizá, en algún momentos de nuestros caracteres hubiéramos roto eso que nos unía. No lo sé. Lo cierto es que casi toda mi vida es post-papá, y todo lo demás es ganas de suponer cosas, de cruzar la delgada línea que separa la confesión de la literatura.
Mi papá, yo y parte de mi familia saliendo o llegando, no sé.
1. Que tu ex ligue con uno de tus amigos (porque sabés que es el orgullo el que te duele, nada más)
2. Que a tu mejor amigo no le importe preguntarte como te sientes respecto al numeral uno (porque sabés que también tus mejores amigos tienen sus nececisades)
3. Que en la mañana sí importe (porque sabés que no sos tan fuerte como quisieras)
"¡Sonrían!". Se abrazan, se besan. Se aman. Quieren fotos, todas la fotos posibles, como en un desesperado intento de hacer eterno lo que viven, lo que sienten. Pero la eternidad es para los dioses, y los dioses no existen, solo existe su imagen, como las fotografías. Y un día ya no se amarán, porque dejaron de abrazarse hace tiempo, y ya no se besaron con amor. El tiempo y la vida pasó, el amor, si es que estuvo, pasó. La fotografía quedó linda, tan linda, que duele.
¿Por qué siempre tenés tanta seguridad de que sos vos quien protagoniza mis más amargos post? ¿Acaso no pude conocer otras pesonas que dejaran semejantes cicatrices sin lugar? ¿Acaso es inconfundible el dolor que me dejaste? ¿Acaso sabés tan bien como yo lo que me falta por decir? ¿Acaso no sabés, también, que solo son palabras que buscan que algo pase, por fin, de pronto? ¿Acaso no sabés que solo vos tenés la llave para cerrar esté círculo demencial? ¿Acaso no entendés que todo lo que digás se pierde en la madrugada por una sola cosa que no hacés? ¿Acaso no sabés qué es dar la cara, qué es crecer, qué es cumplir, qué es hacer?
------------ PD: Post basado en hechos casi irreales.
Me hace gracia imaginarte así, asustado, al descubierto, preguntando y acusando: ¿A quíen le dijiste? ¿Qué te dijo? ¿Por qué le dijiste? Ya decía Sócrates, creo, algo así como "La mentira nunca vive hasta llegar a vieja" y, Terencio le agregaba "Por que una mentira va pisándole los talones a otra"... Me hace gracia imaginarte, de verdad.
Una escena del próximo lanzamiento mundial por cortersía de MSN Messenger Live
Chilam dijo (12:26 p.m.): te siento grosero fijate quiza sea la conexion
- Me llamo Elmer y tengo un plan... dijo (12:27 p.m.): aja, quizá, ya me quejé con Telefónica: "Quiero reportar problemas de grosería con mi conexión"... jiji
Yo, principe buscando un reino vacante en las antípodas de la realidad, yo, fuerza agotada de las horas productivas, yo, amigo de pieles exportadas de animales extintos, yo, dibujante manco de futuros marrones, yo, anacoreta fingiendo pertenencia, yo, víctima del mí-mismo, yo, culpable de su inocencia, yo, dueño de un ego sobreesdrújulo, yo, genial administrador de argumentos, yo, modesto virtuoso de la pantomima, yo, hipérgrafo súbito, yo, decadente escritor de autobiografías varias, yo, primera persona del más singular de los espantos, yo, delirante exhibcionista de domingos desolados, yo declaro esta hora mi hora del silencio. Y ahora sí, digan que estoy loco.
Con un beso se entrega el hijo de un hombre
con un beso llega
con un beso se va
con un beso perdona
con un beso acusa
con un beso dialoga
con un beso escribe
miente
delinque
finge que finge lo siente
traiciona
invade
se esconde
se ata
Es como levantarse sin dudas, sin nada que descubrir, toda la luz en la cara, sin espacios para el misterio, sin otros cielos, ni telones, ni abismos, ni paréntesis, ni suburbias, solo la muerte sin otras sorpresas: Mario Benedetti ha muerto.
Tenemos un recuerdo, y nada más. Yo toqué su mano por accidente, y nos vimos en los ojos asustados del otro, y nos reimos para siempre, como en la fotografía de un único recuerdo.
Como todo lo que sube tiene que bajar, así los aviones, los ánimos, las ganas, lo que empieza tiene que terminar, y ahí para los novios de lejos no hay geografías que eviten lo inevitable. Un guía para transitar, en la lejanía, un buen final.
1. Revisar el diccionario y comprobar que palabras como distancia, paciencia, tiempo, prioridad, soledad, empatía, domingo, noche, deseo, presencia siguen teniendo su significado preciso y exacto.
2. Contemplar seriamente la posibilidad de que hay ocasiones en que no toca ser la excepción de la regla.
3. Mirar un mapa mundi con la intención de identificar nuevos destinos turísticos.
4. Sentarse en una banca de algún centro comercial con circulación exterior y comprobar como la gente tiende a ser real en la medida que uno establece contacto sensorial.
5. Acérquese a usted mismo oyendo música de esa que lo vuelve vulnerable y capaz de reconocerse finito, mortal y errático.
6. Y, por último, si le da por los malos excesos considere que, quizá, esté usted sufriendo.
No sé si reís a lo mejor hacés pucheros o movés la boca/ de esa graciosa/ e involuntaria manera/ cuando tu concentración ha encontrado un ancla/ en medio del océano impersonal/ de las ideas vagas.
No sé si llorás, porque tus ojos se humedecen/ también con las carcajadas. Quizá mordés tu labio con ese miedo que da morir sin haberlo dicho todo, sin haberlo dicho a tiempo.
Nunca supe cuanta falta me hace tu boca hasta hoy que llevás esa máscara porque la gripe de hoy acecha, y a mí me acecha la angustia porque no sé qué dice tu boca cuando vos no decís nada, porque no sé cuándo querés mi beso, cuándo me das tu risa.
Odio los automensajes del messenger, las contestadoras de casete, los buzones de voz, los recados en la refri, los post-it en la compu, odio la ausencia descarada.
No me mintás por la tardes,
porque será inútil,
después del mediodía suelo mirar fijamente a los ojos,
y escuchar cada articulación de cada frase con cautela
porque tengo ya instalados los instintos
y el conocimiento infalible de la estafa.
Tratá mejor por las mañanas,
cuando soy más ingenuo
porque vengo del sueño
creyendo que todo, incluso mi vida, es posible.
Dejame a mí mentirte por la noches,
antes del sexo, antes de dormir,
cuando quiero que todo sea distinto,
que la verdad no sea verdad,
y que vos y yo seamos otros,
que queramos querernos para siempre,
aunque sepamos bien que no queremos.
La espera tiene un sabor agridulce.
Un color pardo.
Una voz aguda.
Una silueta difusa.
Una cara de pena.
La espera tiene un olor a hielo.
Una sombra larga.
Unas manos callosas.
Un cabello infame.
Unas uñas cobrizas.
Un paladar herido.
Una mirada de luto.
La espera tiene un aliento astringente.
Un cuello truncado.
Unos labios resecos.
Una mirada marchita.
Un caminar encorvado.
Un sexo mullido.
Unas horas lamidas.
Un codo sangrado.
Una costilla plantada.
Una esperanza inventada.
Una soledad comprometida.
La espera solo tiene el corazón y la nada.
El síndrome del "El post en blanco" no podía hacerse esperar para venir a darnos a los blogueros del mundo una metáfora sofisticada para nombrar a la pereza mental tachándola de crisis creativa. Y eso que un post, se supone, no debiera acongojar tanto, pues, se supone, se trata más de un divertimento literario que de un ejercicio serio con aspiraciones de trascendencia. Pero no, muchos creemos que siempre debemos publicar post que nos hagan sentir orgullosos, y ahí aparece el problema, que no somos siempre tan divertidos, tan ingeniosos, tan originales, tan punzantes, tan lúcidos, tan empáticos, tan interesantes, tan reveladores. Entonces nos sentamos frente a la pantalla de la computadora y vemos el espacio este del formulario para crear entradas y pasan los minutos sin saber qué postear, y es ahí cuando empezamos a caricaturizarnos con el fin de poner en evidencia que hasta en plena crisis creativa podemos, al menos, reirnos de nosotros mismos y disimular así esa heridita, fina como las que hace el papel en los dedos, en el corazón del orgullo.
La crisis no es tuya, ni es mía. La crisis es una sola y absoluta, y anda como Juan por su casa, por su mundo, metiéndose en los miedos de la gente, en la alcoba de los maridos que no quieren tener sexo porque las deudas a veces no permiten la erección, y para qué arriesgar la hombría en plena crisis. La crisis se sienta en la mesa y pide el menú completo, se baña en la leche fría y luego vomita para no engordar y seguir pareciéndose a la muerte. La crisis tiene todos los apellidos y anda en tacones altos, y es hombre y es mujer, tan niña como un viejo, y tan permisiva que deja sueltas sus intimidades por doquier. Ay la crisis.
Tengo una amiga. Una amiga que me enseñó a ser esto que soy, que me bordó cicatrices en el alma que me encontró. 22 años hoy de que nos vimos en nuestros pupitres bajo un techo improvisado, de que nos miramos y quizá nos desagradamos. 22 años y fuimos todo, nos hicimos uno al otro, como compañeros en un viaje escabroso que se fue haciendo hermoso bajo la mirada del otro, siempre evitando las despedidas. Inventamos tantas frases para que no nos entendieran los demás, nos escondimos para hablar todas la horas, y nos peleamos con los que nos quisieron separar. Nos creimos imvencibles, y resultamos siéndolo. Hoy a 22 años sabemos leernos frente al espejo, frente a la vida que nos hicimos de tal manera que nos hiciera posible sobrevivir a la distancia. Sayam.
Hoy en día, gracias a los medios y canales de comunicación disponibles, la distancia es un concepto relativo, y es cada vez más común que se establezcan relaciones entre personas que no comparten cotidianamente el espacio físico. He aquí unos tips que puede hacer de usted un novio lejano competente: 1. Aprenda un poco sobre los husos horarios y luego búsque un buen conversor porque el tiempo viene a ser el sucedáneo del espacio en estos menesteres.
2. Tome mucha agua porque dicen que ayuda a prevenir ojeras, y no está demás averiguar la diferencia entre la crema preventiva de Clinic y la correctiva de Biotherm.
3. Trate de que el objeto de su afecto tenga una rutina diaria parecida a la suya: por ejemplo, que al igual que usted trabaje 8 horas, que vaya al gimnasio, que tenga vida social activa y coma sano. De esta manera tendrá usted idea de como se mantiene físicamente y, lo más importante, ambos tendrán tiempo libre directamente proporcional, lo cual evita la sensación de abandono cuando no hay comunicación porque uno está ocupado y el otro no.
4. Dótese de medios electrónicos de comunicación, si son móviles mejor, porque así podrá mantener comunicación más espontánea durante el día para dar rienda suelta a esas necesarias expresiones de afecto, y mantener así presencia emocional en la contraparte.
5. Familiarícese con el concepto de WEB 2.0 y WEB 3.0 explore todas las posibilidades que estas ofrecen para la interacción.
6. En su perfil en las redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram o similares asegúrese de dejar constancia de que tiene una relación, porque recuerde que omitir el dato es como negarlo, y la distancia tiende a enfatizar la susceptibilidad.
7. Siempre nombre por su nombre a la gente con la que convive para generar efecto de cercanía y presencia, además de confianza. No use nunca genéricos como "un amigo" o "un compañero de trabajo", porque cualquier anomalía o presencia no identificada puede despertar recelo.
8. Hay planes para llamadas telefónicas internacionales que le amortiguaran el presupuesto, y pregunte por el servicios de líneas IP que puede resultar conveniente.
9. Busque amigos o conocidos que estén en su misma situación, porque ayuda poder compartir con alguien algunas cosas que otros no entienden bien o simplemente les causa gracias, cuando no risa.
10. Afíliese, si no lo está, a un programa de millas de viaje, y haga un plan para financiar viajes a corto plazo. Esta es una premisa obligatoria de un novio lejano responsable.
11. Use una webcam de alta definición porque el contacto visual sigue siendo un estimulante emocional sin competencia.
12. Si dice que va a llamar a una hora, llame a esa hora, o avise antes que no lo hará. Este es un tema sensible.
13. Quiera mucho y viva la relación, no la lejanía.
14. No trate de ponerse gracioso con el tema porque puede termina haciendo un post ridículamente serio y digno de una revista Cosmo o Vanidaes, o con suerte, de un libro de superación.
Hay información inútil que me deslumbra, inútil para mí al menos. Di con los nombres por los que pasa un toro antes de llamarse toro. Es como el desarrollo de su potencia nominal, o algo así, si nos queremos poner filosóficos para enfatizar con descaro la inutilidad de este post.
Al toro de un año se le llama añojo; hasta dos, eral; y hasta tres, novillo. A partir de ahí ya recibe siempre el nombre de toro. Con tres años pueden ser también utrero y con cuatro cuatreño. También existe el femenino novilla aplicable a hembras hasta el primer parto.
Y la cosa no acaba ahí, pues ya cuando entramos en las especialidades y nacionalidades esto se pone más exquisito.
En tauromaquia, se llama también novillo a un tipo especial de res de lidia que no alcanza el nivel exigido para la corrida de toros. Generalmente, es el ganadero quien lo desecha en la tienta por falta de bravura o por algún defecto físico y son destinados a las novilladas.
En Chile se llama novillo a los machos castrados de aproximadamente tres años que están en edad para el consumo humano, los toros recien nacidos son llamados terneros. Para la práctica del rodeo chileno son usados novillos entre 350 y 500 kilos.
Las palabras, todas, son maravillosas, sorprendentes, misteriosas y a veces milagrosas. A veces tan inútiles como hermosas, no sé, me enamoran y me desenamoran, a veces me hacen sentir solo un añojo y otras un toro sacrificado en una lidia cruel.
Mi
tía Margo vendía pescado seco. Ella pasaba largas temporadas con
nosotros en el pueblo, pero se regresaba a su pueblo durante tres
temporadas al año: una, para el día de San Andrés, porque le hacían un
rezo cada año en su casa; otra, dos meses antes del 2 de noviembre,
porque ella hacía flores y coronas de papel crespón encerado que ya eran
las tradicionales en su pueblo; y la otra, unos días antes de empezar
la cuaresma, porque ella vendía el pescado seco que se come los viernes
sin carne.
Mi tía margo se iba a buscar el pescado a San
Miguel varios días antes del miércoles de cenizas, para "encontrar los
más galanes", y decía que por eso la gente la buscaba a ella y no a las
que solo vendían "el puro cuero con espinas". De lo que ganaba me
llevaba dos billetes cafecitos, de dos colones, y también se compraba
alambres y papel crespón de colores para prepararse para la temporada de
flores de muerto.
Mis hermanas y yo odiamos el guiso tradicional de pescado
seco, pero, por suerte, teníamos a mamá Ana, la hermana mayor de mi tía Margo
–quien crió a mi mamá–, que preparaba unas tortas de pescado seco en su
puesto del mercado, esas tortas escondían el trozo espinoso de pescado
seco en un torta de masa de maíz, lo envolvía en huevo y era servido en
una sopa con guisantes y arroz: esa era la única forma en que mis
hermanas y yo nos animábamos a probar el pescado seco. Pero aún así era
un plato difícil para nosotros hasta que mi mamá encontró la
forma de mejorar la receta de la abuela, es decir, hacerla para mis hermanas y yo comiéramos pescado seco en cuaresma: le quitaba las espinas al
pescado seco –tarea difícil–, le quita la piel –que parece cuero–, luego
desmenuza la carne y lo integra a la masa de maíz, luego lo fríe
envuelto en huevo para ser servido como en sopa con arroz, guisantes y
aguacate al gusto. Cada viernes de cuaresma comemos las tortas de
pescado de mama Ana mejoradas por mi mamá, la única forma en que mis
hermanas y yo comemos pescado seco sin posibilidad de rechazarlo, y vamos por la vida convidándoselo a los que vamos conociendo y queriendo.
***
PD:
A pesar de todos los cuidados y mimos que lleva la receta, yo siempre mastico con
cuidado, porque mi tía Margo, que bien me conocía, siempre me
canturreaba: "mentir y comer pescado quiere mucho cuidado".
12 medidas para llevar con éxito una relación en condiciones económicas adversas.
1. Finja sus encantos y sus buenos modales, su dominio de la cultura general, su caballerosidad, pero no finja disponer de más dinero del que dispone
2. Asuma el discursos de la igualdad y la equidad: cada quien paga lo que consume.
3. Promueva la libertad de movimiento y el respeto a la independencia: que cada quien llegue por sus propios medios.
4. Véndase como un aficionado a la antropología social y apasionado de las masas y sus hábitos culturales: vaya al cine los miércoles.
5. Hable de solidaridad con los amigos: salga a comer en grupo y aproveche los banquetes familiares que se ofrecen por ahí, los happy hours, los 2x1 y similares.
6. Plántese como consumidor responsable que no se deja llevar por las publicidad: no regale nada si no es fecha de estricta necesidad.
7. Abogue por la ternura de la comunicación cara a cara: no base su relación en mensajitos ni en llamadas por celular.
8. Vístase de orgullo patrio y aventurero: en vacaciones haga turismo interno como mochilero.
9. Declárese contra los abusos de las transnacionales: cómprele películas al compañero de la oficina que las "consigue" baratas.
10. Proyéctese como hogareño y buen amo de casa: pase los fines de semana que pueda en casa y cocine usted mismo.
11. Presuma su diagnóstico de migraña: alegue dolor de cabeza cuando haya invitaciones de terceros a celebraciones de cuenta compartida.
12. Anuncie su devoción por el minimalismo: imponga su lema "menos es más": todo su guardarropa puede ser 5 camisas blancas sin estampados, dos negras sin estampados, 3 jeans de azul parecido y sandalias.
El poder es una cosa que no entiendo, pero parece ser que sería como sería dios si fuera. Una aspiración inagotable y enajenante capaz de envilecer y santificar al mismo tiempo. ¿Ven como no lo entiendo?
Se dice que no hay forma de conocer a alguien del todo. Se dice que cada cabeza es un mundo. Se dice que todos somos especiales. Se dice que cada uno es cada cual. Se dice que no somos diferentes ante la ley. Se dice que todos somos hijos de algún dios. Se dice que todo depende de la vara con que se mida. Al final todos los distintos somos iguales.