miércoles, diciembre 10, 2008

Cada diez de cada mes

Durante un año entero, cada de diez de cada mes fue un día difícil. Era mi día para buscar explicaciones, para sentirme estafado, para maldecir con el recuerdo, para sentirme perdidamente enamorado, para invadirme con ternura, para sentirme poca cosa, para sentirme mucha cosa, para quejarme de la perversión humana, para buscar sentidos, para perderlos, para encontrar más mentiras, para rescatar las pocas verdades, para arrepentirme, para llorar el tiempo perdido, para saborear los besos proscritos, para sentirme indefenso, para reconocerme violento, para dolerme violentado, para sentir vergüenza, para sentirme humano, tirano, un fulano cualquiera. Un año entero, cada diez de cada mes buscaba una razón, buscaba salvación y condenas. Pero no soy dios ni demonio, solo un hombre más que se pone triste y escribe por cada diez de cada mes de todo un año. Hoy supe que un año puede ser suficiente. Quizá nunca sepa si valió la pena, pero confío en ese verso de Bumbury que oigo obsesivamente en estos días: "El tiempo solo te sana lo que no importa ya".

Las siete menos cuarto

Esta tarde tiene de tarde lo que quizá tuvo aquella tarde en la que Roque Dalton escribió: "Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto como hoy. Siento deseos de reír o de matarme". Es una tarde lúdica y suicida, fresca eso sí -es diciembre-, oscura -es el trópico-, y solitaria -soy yo, supongo. Veo más de lo que quiero ver, y he pensado demasiado hoy. Crear a veces es un fastido, no se termina nunca la creación, aunque llegue el domingo y se descanse, siempre está el lunes a la vuelta, y este martes llegó sin dar tregua. Crear por un salario es gratificante, pero a veces le temo al desgaste creativo, no sé, cosas que hoy me ha dado por pensar. Por eso las escribo, para que salgan a la tarde y se diluyan, como me diluyo yo recordando poemas de tardes y suicidios, a la hora exacta de la decisión: he reído.

jueves, diciembre 04, 2008

Infidencias sobre Miguel


Me dijo Miguel, entre otras cosas, que yo me olvido del sentido de un blog, que según él es para escribir cualquier cosa sin la presión de escribir algo bueno. Esto a raíz de mis prolongadas ausencias de últimamente. Quizá Miguel tenga razón, aunque recientemente también me acusó (con un deje compresivo y tierno) de inseguro con motivo de mis comentarios faltos de sutileza en nuestra cotidiana amistad. Miguel siempre pone cara de duda conmigo, y a veces creo que de verdad duda de mí, y yo no estoy muy acostumbrado a la duda ajena aplicada a mí, y confieso que me afecta, pero lo tomo también con entusiasmo filosófico: las ideas solo crecen cuando se les aplica la duda. Yo no soy una idea ¿o sí?, pero las dudas me ponen a repensarme, y no siempre hay resultados complacientes, pero a a veces (solo a veces) creo que salgo más crecidito ¿será?
Ahora mismo me pongo a calcular qué dirá y qué pensará Miguel sobre este post, quizá le cause gracias, quizá se sienta atacado por mi inseguridad (y así le cause ternura), quizá lo enoje, quizá lo amargue, quizá lo endulce, quizá yo nunca sepa qué dirá ni qué pensará Miguel sobre este post, por eso calculo. Lo cierto es que, a fin de cuentas, un blog permite esto, decir cualquier cosa a un presunto inseguro como yo: gracias Miguel (y perdón por el abuso).

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infidencia.

(De in-2 y el lat. fidentĭa, confianza).

1. f. Violación de la confianza y fe debida a alguien.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados



viernes, noviembre 28, 2008

Un palpo y la ataraxia

Sergio: Ya no tomés, ni fumés. Ya no amés, ni odiés. Ya no esperés, ni busqués. Ya no reporteés, ni verifiqués. Ya no cafeteés, ni sorbeteés. Ya no trasnochés, ni escandalicés. Ya no firmés, ni endosés. Ya no trasncribás, ni sinteticés. Ataraxia, Sergio, ataraxia.

martes, noviembre 25, 2008

Secretos

Los secretos entre dos son como esos rincones que uno busca para alejarse de los otros. Los secretos unen a dos personas con lacitos delicados y casi invisibles, y los involucran en la vida mutua de manera particular. Los secretos son una forma de comunicación que consiste precisamente en cortar la comunicación con el mundo para recrear un mundo íntimo y distinto a partir de la información exclusiva. Me gustan los secretos de dos, especialmente si soy uno de esos dos, y cuando no lo soy también me gustan, un gusto con color de envida, eso sí. Pero solo me gustan los secretos cuando son de dos, cuando hay más de dos, ya son otra cosa, una cosa vulgar, digo yo. Mi tía Margo y yo teníamos secretos. Yo no cumplía los 10 años. Me encantaba cuando me decía suavecito con su voz grave y su pelo en carrizos con olor a vaselina con olor "Le voy a contar un secreto". Yo abría los ojos así, me acercaba, y entonces ella me contaba un secreto -que por supuesto no voy a contar aquí, porque era un secreto de dos- y yo me sentía amarrado a mi Tía por una emoción intensa y por la complicidad que en ese entonces no llegaba a concepto en mi temprano entendimiento. No sé bien si en verdad eran secretos que solo me contaba a mí, pero en esos días yo estaba convencido de que así era, y no quiero creer ahora otra cosa. Yo nunca le contaba secretos, por mucho tiempo yo no sabía nada que pudiera llegar a la categoría de secreto, cuando ya tenía secretos, no tenía el valor de compartirlos, ni con mi Tía Margo. Así he sido con los secretos, de muy poco dar. Por eso quizá me importan tanto los secretos, los de dos, porque me llevan a otro por un camino que solo ese otro y yo conocemos. Pocas cosas me saben tanto a traición como cuando un secreto de dos se rompe con un tercero, ya el cuarto, quinto y los etcéteras son lo de menos. Es una copa que se rompe por el cuello, una mancha de aceite en los zapatos nuevos, una carcajada en un funeral. Me duele, pero ese dolor es mi secreto, pero un secreto solo de uno: mío. Mi Tía Margo entendería.

jueves, noviembre 20, 2008

Mi retiro

Ayer fue el miércoles de Postsía, ese invento de Elena y yo, y estuvo divertido, cómodo, amigable y sobre todo entre lectores y escritores. Hoy tuve un día largo y trabajoso, llegué a mi casa ya avanzada la noche y vi que tampoco Elena había escrito en su blog, entonces se me ocurrió proponerle a Elena que nos retiráramos so pretexto de haber triunfado la noche de anoche, y así emular a los grandes que se retiran en su apogeo. Nos hizo gracia la idea, pero solo eso. Y aquí estoy escribiendo esto para no creerme ningun retirado. Buenas noches.

martes, noviembre 18, 2008

lunes, noviembre 17, 2008

Cuando no se escribe

Cuando no se escribe da un poco de vergüenza dar la cara, porque uno lleva en el DUI como profesión y oficio "ESCRITOR", y para poder ponerlo ahí no me pidieron títulos universitarios ni certificaciones notariales, solo me creyeron con cara fruncida y haciendo consultas entre risas, me dejaron ponerme "ESCRITOR". Hace tres día fui a verificar mi reporte crediticio al tristemente célebre DICOM porque los señores de Telecom me estaban cuestionando porque los señores de DICOM me tenían reportado, y yo, aunque soy escritor, soy disciplinado con mis cuentas y sumamente sensible a los cuestionamientos materiales. Me atendió una señora muy amable y me mostró en una pantalla mi radiografía de deudor, no sin antes hacerme firmar un par de documentos en los que hacía yo constar que ellos eran amables y que no me cobraron por mostrarme mi reporte, aunque solo lo podía ver en la pantalla de su computadora, no dan el reporte impreso, pero sí dejan anotar. Me pidió mi NIT y mi DUI, y al revisar la información se rió y me miró con la cara fruncida y disimulando una risa, "No sabía que podía ponerse escritor en el DUI", a lo que yo respondí "¿Y por qué no, si escribiendo me gano la vida?", y ella dijo como con culpa, "Ah, no, yo le pregunto porque nunca había visto eso", y yo le pregunté "¿Y eso me afecta como sujeto de crédito?", y ella: "No, no, de hecho usted tiene clasificación A1, la mejor, solo tiene un reporte por 28 centavos que no ha pagado a ServiCredit, y quizá en eso se fijaron los de Telecom", me dijo. Y yo muy orgulloso de ser un escritor A1, le di las gracias y me fui, y me apresuré a pagar esos 28 centavos que quién sabe cómo quedaron en esa deuda. Luego releí un reportaje publicado hace unos años en Enfoques, donde yo fungía de Escritor/Periodista, donde se contaba que en la base de datos del Registro Nacional de Personas Naturales (RNPN) habíamos 52 escritores en todo el país, no sé si a la fecha habrá más que se animaron a ponerse semejante profesión u oficio.
Pero, y he aquí el motivo principal, que no era limpiar mi honra crediticia, tener "ESCRITOR" en el DUI como profesión u oficio no lo hace a uno ESCRITOR, por eso, hoy que amaneció el viento de nuevo gritando en mi ventana, me sentí un poco charlatán, porque hace ya demasiado tiempo no escribo como profesión u oficio. Incluso este blog, que me sirve de paliativo y pretexto, había sido abandonado por más días de los que me permito, y me pensé con vergüenza, y se me ocurrió denunciarme, burlarme de mí, desmentirme y acusarme en público: Cuando no se escribe no se puede llevar ESCRITOR escrito en el ego, ni en honra, ni en el DUI. He dicho.

martes, noviembre 11, 2008

Temblando

Tiembla antes de las 9 de la mañana. Yo estoy ya frente a mi computadora y me detengo a sentir, porque me gusta sentir como se mueve al mundo y me mueve a mí. Después de las 9 de la mañana tiembla otra vez, pero no es el mundo, sos vos allá donde te leo, donde te has ido, desde donde me escribís, desde donde me enfrentás con comas y pausas y citas estratégicas. Yo no me sé defender cuando soy lector, ni cuando me da miedo ser escritor. "I dont wanna talk if it makes you feel sad..." se me ocurre cantar en mi mal inglés, pero no sé cantar, ni sé inglés, y esto no es un musical. Pero hablemos y digamos lo que nos duele oir, y recetémosnos con urgencia una diálisis (o hemodiálisis) emocional para seguir viviendo entre letras y canciones, bailando como vos, mirando como yo. Sobreviviendo los dos. Temblando.

viernes, noviembre 07, 2008

Preguntas claves


¿El tiempo cura o simplemente hace que todo importe menos?

¿Existe la posibilidad de no perder cuando no se gana?

¿En guerra avisada no hay muertos?

¿Cuántas verdades se necesitan para la mentira perfecta?

¿Cuándo se llega a entender que ya no hay nada que buscar?

¿Por qué casi siempre se prefiere creer algo distinto a la verdad?

¿Los blog son un pretexto para no hablar de frente?

¿En qué momento la vida deja de ser una pregunta?

domingo, noviembre 02, 2008

Breve noviazgo de domingo (el simulacro)

Cocinamos. Trajo un par de ingredientes y la plática. Era el almuerzo. Pasta, aceitunas, albahaca, pan, mango. Luego la televisión, sin zapatos, en la cama, una serie. Después al cine, una de terror, sobresaltos, risas, no bajamos el brazo del asiento entre los dos, apenas nos tocamos. Al termina, afuera hacía frío, volvimos a la cama, sin zapatos, otro capítulo, dormitamos, apenas nos tocamos. Se hizo tarde, es domingo. "Buenas noches. Hablamos". Beso. En la mejilla. Mañana será otro día.

viernes, octubre 31, 2008

31 de octubre

Fue en una fiesta de disfraces
usted andaba de usted
y yo andaba de mí
y aún así nos reconocimos
yo lo retaba a descifrarme desde mi camisa
y usted lleva ya tres años
explicándome como soy

Yo supe todo de usted
con alevosía y ventaja
lo encontré casi anónimo
y usted solo respodió
un almuerzo italoamericano
luego una cena y un beso robado
y el prólogo empezó

Lo demás lo contamos a diario
como se cuentan la historias que hacen dos
y usted sigue de usted
y yo sigo de mí
tan distintos y tan iguales
y aún así nos reconocemos
diciéndonos usted en medio de todos
como código secreto de intimidad

jueves, octubre 30, 2008

30 de octubre

Hay ruido
como silbidos de gigantes
y no hay nada que se quede quieto
es frío en piel viva
en las cosas
y en los sueños
es el viento

El viento
es como vos
mi princesa lejana
que silbás desde el imperio
las canciones que te mando
y recorrés impertinente
y sin perderte
los vericuetos de mi memoria
desordenando todo
dejando como al descuido
tus joyas más preciosas
esparcidas en cualquier lugar
siempre olvidada
pero certera cuando se trata de encontrarme

El viento es como vos
amiga íntima de mi palabra
el Auryn de mi historia finita
que nos retrata eternos hasta que dure
como el ingenuo perfume de mandarinas
que buscaste ilusionada al cerrar el libro
que nos hizo entender que amar es devorarse
y ya no hubo vuelta atrás

El viento hoy es como vos
este 30 de octubre
de un año calquiera
que golpea mi vida completa
como queriendo poner el mundo en fiesta
y yo solo te pienso
y sonrío
y te escribo
amiga íntima de mi sonrisa

miércoles, octubre 29, 2008

29 de octubre

A veces quiero decirte quien sos
porque solo yo lo sé
porque yo te inventé
yo te puse cada gesto y cada urgencia
sin mí no estarías en cuentos ni poemas
yo te di cada milímetro de memoria
te instalé en la eternidad de mis catedrales
yo dibujé tus cicatrices como labios
y marqué ritmo a tus pasos
dispuse tus tropiezos y puse lágrimas en tus ojos
boceté tu boca y le indiqué como besar
diseñé tus defectos y tus miradas de rabia
yo te enseñé a mentir con el silencio
a no gastar palabras de amor
a plantarte con soberbia ante la duda
yo te enseñé como quererme
a permanecer ahí aquí antes y después
y a llegar puntual cada 29 de octubre a mi calendario

Y a veces quiero decirte quien soy
pero eso solo vos lo sabés
porque vos me inventaste

Transiciones

Son varias y distintas, con el agravante de ser simultáneas. Una transición es la "Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto", dice la RAE. Yo digo que son momentos de pureza: uno se despoja de lo que piensa que es y se va de donde uno cree que está. Y así sin la propia mediación, uno es lo que de verdad es, pero no hay modo de darse cuenta.

De un trabajo a un proyecto
De la lluvia al viento
De la pasión al dinero
De la voluntad al desconcierto
Del desvelo a más desvelo
De la paz a la guerra
Del desencanto a la indiferencia
Del desayuno a la vida
De la palabra al cenicero
De la soledad a la sonrisa
Del saludo al silencio
Del compañero al enemigo
Del amigo a la ausencia
De la distancia a lo imposible
Del talvez al nunca
De la ilusión al frío
De vos a mí
Del tango al miedo

domingo, octubre 26, 2008

45 minutos antes de mañana

Sigue siendo domingo, pero solo por 45 minutos más. No fue un día de muchas respuestas acertadas, pero como bien decía Scarlett O'Hara, "Mañana será otro día".

A quien interese: Playlist ampliada

Eso mismo: que he ampliado mi Playlist, al final encontrarán lo nuevo.
Disfrutémoslo, apaguémoslo, bajemosle el volumen, lo que gusten.

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PD1: Rafa, agregué Ni usa sola palabra. Clu, ya está por ahí Amiga mía. Jordeke, también puse Algo contigo.
PD2: No son dedicatorias actuales, conste. Valga la aclaración por aquello de las parejas y los parejos en extremo suspicaces.
PD3: Sospecho que no soy objeto de lectura de las parejas y parejos aludidos, pero no sabe uno los alcances de la suspicacia parejil.
PD4: Ningún parecido con la realidad es coincidencia.
PD5: Solamente.

sábado, octubre 25, 2008

Post de un domingo ¿cualquiera?


Es domingo, casi termina octubre, hace sol, dicen que hoy empieza el verano, es decir, aquí en Centroamérica, donde el verano es un ficción absurda. Es que aquí no tenemos verano, ni invierno, ni otoño y menos primavera. Tenemos Estación Seca y Estación Lluviosa, que se distribuyen en el año cada vez más caprichosamente: calentamiento global. Pero sí tenemos domingos, casi todos son como este, lleno de horas prometedoras, pero demagógicas. Un buen domingo siempre amanece con preguntas que se van despertando con un buen café y una alemanita Lido: ¿Hay que llamar o no hay que llamar a quién te llamó de madrugada para tomarse un par de tragos más? ¿Hiciste bien en tomártelos? ¿Qué fue exactamente lo que siguió a los dos tragos más? ¿Debo seguir mi vida como que no hubo llamada, ni dos tragos más, ni lo que siguió? ¿Podría?
Es domingo, y me da por entender con lucidez divina que, si existiera un dios, parar un domingo la creación para descansar eternamente era la mejor opción posible.

jueves, octubre 23, 2008

La gota


Que me vaya de aquí, me decís.
Pero no me llevás.
Que no estás, me decís.
Pero no te vas.

Es como cuando llueve (ahora) y oigo llover, pero está oscuro y la lluvia no se ve, pero llueve, porque juro que oigo llover.

Que me vaya de aquí, me decís.

Es como cuando llueve (ahora), que quiero ser la gota del otro lado del cristal.

Que me vaya de aquí, me decís.
Y yo me quiero ir.

martes, octubre 21, 2008

Mi vida no es tan fácil como se lee

Hoy lo dije (escribí): "Mi vida no es tan fácil como se lee". Cosas que uno dice (escribe) por pura gana de resultar ingenioso, pero algo pasa en algún rincón de los sesos con el ingenio que frases como esta van adquiriendo fuerza de realidad. Es cierto, mi vida no es tan fácil como se lee, porque resulta que al escribir episodios de mi vida, nunca es mi vida, se parece, eso sí, me tomo la libertad de hacer ficción, inspirada en mí, pero ficción, y resulta fácil lo que se lee, al menos eso creo. Quizá creo eso porque yo sé como es mi vida, y es mucho más dificil de lo que leo que escribí. Quizá escribo por eso, para aligerar. A veces escribo compulsivamente, divirtiéndome, desahogándome, martirizándome, y no me puedo contener (quizá sea yo un hipocondriaco: leí sobre la hipergrafía y ya estoy creyéndome Dostoievsky). Conciente soy de que estas líneas, ni otras por aquí cerca, no pasarán a la historia de la literatura, con suerte pasan ante los ojos de quien se toma el rato de leerme, y a veces me pregunto "¿por qué me lee quien me lee?", y las respuestas no son claras, entonces sigo escribiendo, me es fácil, aunque a veces me haga daño, o haga daño. Lo más dificil de mi vida quizá sea este embrollo de la vida misma desde mí mismo, no siempre estoy bajo la sombra, y el sol me quema o la lluvia me ahoga, duermo poco y suelo estar solo. Estar solo ya no me molesta tanto, me alivia la incomprensión, me la evita, también me evita la frustración de buscar compañía. Quizá por eso escribo, porque al menos quiero ser un solitario profesional, porque según Gabriel García Márquez “escribir es el trabajo más solitario del mundo”, entonces quizá “escribo porque para mí no hay otro destino”, como decía Jorge Luis Borges, aunque mi destino y el de Borges no tengan absolutamente nada en común, y sea yo solo un delirante egocéntrico con la autoestima venida a más, “hay que ser un neurótico para dedicarse a esta tontería", le dice un amigo por teléfono a Augusto Monterroso refiriéndose a la angustia de escribir. Escribo y mi vida se lee fácil, pero eso es porque escribo, pero mi vida no es tan fácil como se lee. Créanme, aunque me lean.

lunes, octubre 20, 2008

"Contra los bloggers"

Por favor pulsen aquí y lean.

Bueno, lean la revista entera que no tiene desperdicio.

Solamente.

Excluyentes


Somos excluyentes. De alguna manera todos somos excluyentes cuando nos sentimos incluidos, cuando nos sentimos parte, indentificados, gregarios, nosotros frente a ellos. Excluimos, a veces, sin intención, otras con alevosía. Apartar a los otros es una manera de saltar en medio de la fila, de procurarnos atención cuando somos fuertes, cuando somos plural. La exclusión es simbólica: hablar en otro idioma que los demás no entienden, hablar en códigos de vida en común, hablar de temas de incunbencia limitada, gritar en grupo, hablar en secreto, dar la espalda, no hablar, hablar sin dirigirse a los demás, son muchas formas en que se puede ser excluyente, y quizás son más abundantes que las de ser incluyente. Somos excluyente y es hermoso ver, a veces, a los excluyentes defendiendo su derecho a construir su nosotros, sin nosotros, y es difícil no caer en la tentación de decírselos así, aunque no nos importe, solo para pintar la raya. Ustedes nos sabrán disculpar.


miércoles, octubre 15, 2008

Él

Él tiene un discurso. Detallado, específico, egoista, descarado y demoledor. Él no se gusta, pero se admira así. Inaccesible, frío, utilitario, insensible, calculador y perturbante. Así es especial. Así exhibe su temple inquebrantable. Él no es feliz, pero prefiere no ser uno más. Él es así, un solitario desdichado, y sufre, pero se admira así, y es lo que más necesita, mucho más que ser uno del montón que necesita verse en la mirada de otro. Él.

A veces


A veces, sin saber por qué, es de madrugada. Es de madrugada y empiezo a pensar. A pensar en alguien que no conozco, que nuca he visto, pero sé su nombre, su talla de pantalón, la marca de su champú y el color exacto de sus ojos. Sus ojos es lo primero que veo, que me ven, que no están ahí, pero que lo saben todo. Saben todo lo que pienso y lo que voy a pensar, que no quiero volver, que no quiero salir otra vez sin querer ir donde voy. Donde voy siempre hay preguntas y tareas confusas. Confusas también son las ideas que se levantan sin gravedad de mi teclado, que flotan por ahí como si fueran importantes. Importantes digo, y no sé lo que digo, solo a veces.

Perdido y encontrado


Peor que sentirse perdido es sentirse encontrado. Ahí donde todos saben donde está uno, y uno sin moverse, sin hacer muecas demás como esperando que le tomen la foto, la foto no, que lo retrate un pintor calvo con bigote, con ojos chiquitos y manos regordetas: quieto, no se mueva que no va a quedar bien. Antes, cuando tenía esa facilidad para sentirme perdido, también me sentía libre y reía a gusto, no por nervios. Es que era lindo sentirse un tal Jesús de 13 años, hijo de dios, vagando libre de los ojos del padre putativo y la madre virgen, era lindo andar perdido en el templo hablando y sorprendiendo a los maestros de la ley que preguntan cosas —quién sabe qué cosas— que no se le preguntan a un niño de 13 años, aunque este niño sea el hijo de dios, era lindo sentirse perdido así, en pleno uso del bendito albedrío. No era tan lindo estar y ser encontrado, regañado, vilipendiado y, por sobre todo, incomprendido, borrado y vuelto a encontrar ya con 33 y ya para matarlo —¡vaya guionista!.
Ahora, precisamente ahora, por todo esto es que digo que peor que sentirse perdido es sentirse encontrado.

lunes, octubre 13, 2008

¿Qué será?


Los buenos publicistas quisieran ser artistas,

pero los verdaderos artistas no quieren ser publicistas.

viernes, octubre 10, 2008

La escritura, el lenguaje, los ausentes y Sigmud Freud


"La escritura es el lenguaje del ausente", frase bendita de Sigmud Freud (no tiene blog Miguel), este señor sospechoso que nos metió la desconfianza en el espejo, dejó escrita esta frase en "El malestar de la cultura", quizá uno de mis textos favorito, al que le dediqué algún ejercicio académico en mis momentos de pseudosesudo intelectual estudiante de filosofía y si le hacen clic a la parte coloreada podrán leerlo tal cual fue digno de un 10.
Pero bueno, el punto no es mi 10, es que la frase en cuestión la tiene mi amiga histórica (histérica, estoica) es su nick. Dicha amiga, es mi amiga desde hace 22 años, es mi primer amor, 9 años de novios desde los 13 años. Es decir, nos hicimos uno al otro, porque no había nadie más que los dos en esos años de tribulaciones adolescenciales. Fue la primera novia y amiga que se fue del país. Se fue así, derepente, y durante un año más seguimos como novios distanciados, y otro más como ex conflictuados (y distanciados) saboteándonos a control remoto todo intento de relacion amorosa. Al final supimos ser los amigos que siempre fuimos, y ahí estamos, siempre escribiendo. El cuento viene a que con ella empecé a escribir y recibir cartas, escritas a mano, sobre papel y enviadas por correo que tardaban unos 12 días en llegar. Del primer año tengo 36 cartas, del siguiente unas 20, cartas largas, llenas de historias, de distancia y de ausencia. Ella es psicóloga, de escuela psicoanalítica, y Freud siempre fue un tema recurrente. Nos hacía gracia como el índice de sus obras completas nos describía. Nos escribíamos así, casi obsesivamente, hasta que un buen día apareció el Internet y el email. Dejamos el papel y el lapicero, y nos dedicamos a teclear. Algo pasó. Antes, acumulábamos la vivencia de 15 días en una carta, con el email, podíamos enviar y recibir a diario nuestras historias, pero dejaron de ser las eran. A veces eran forzadas, como escritas porque había que escribir. La posibilidad diaria de comunicarnos nos rompió el encanto de la correspondencia, de la distancia, de la ausencia. Nos fuimos haciendo otros, muy parecidos, pero distintos a los que nos hicimos en tinta y papel, que ya eran distintos a los de carne y hueso. Cuano vi su nick el otro día, tuvimos una breve comunicación:

Elmer: yo soy un ausente pues :D
Alicia: un ausente? ah.... sí
Elmer: porque uso la escritura pues
Alicia: a poco no está lindo?... y muy cierto
Elmer: sí
Alicia: en aquellos tiempos
Elmer: sin messenger
Alicia: sí, eso nos pasó a perjudicar y le da a Freud la razón... del engaño de la tecnología
Elmer: cree?... no, no es un engaño
Alicia: sí, nos hace creer más cerca, pero finalemnte nos comunicamos menos no? entonces no acorta la distancia sino la comunicación... me refiero en el engaño a la tecnología, no a la escritura
Elmer: ...
Alicia: ...
Y sí, algo tienen de razón Freud y Alicia. Y buscando escontré a otro señorm, M. Escola (tampoco tiene blog Miguel), diciendo cosas que le ponen un poco de orden a las ideas estas:
La “autenticidad” de una carta/letra, lo que constituye su valor, reside en esa distancia, que quiere (en mi lugar) que diga siempre más de lo que “yo” quería inicialmente. El “Yo” se deja allí desbordar. Por eso precisamente la palabra epistolar no puede ser un sustituto del intercambio oral: lejos de ser inmediata, la expresión de sí misma que pretende está poderosamente mediatizada por la ausencia del otro y el ritmo mismo de la escritura. ¿Por qué debería mi práctica epistolar obedecer a convenciones tan immutables, sino para conjurar el vértigo de ese desborde?
Lo cierto es que escribir una carta, un email, en el msn, un post, un blog entero, nos declara ausentes ¿Adictos a la ausencia?


jueves, octubre 09, 2008

Apenas un poema

Apenas lloramos, apenas volamos,
apenas volvemos, apenas silbamos,
apenas goteamos, apenas ingerimos,
apenas tenemos, apenas transgredimos,
apenas decantamos, apenas penetramos,
apenas descendemos, apenas martillamos,
apenas amortizamos, apenas descontamos,
apenas parecemos, apenas intrigamos,
apenas elucubramos, apenas resplandecemos,
apenas ocultamos, apenas ofendemos,
apenas insistimos, apenas palidecemos,
apenas horneamos, apenas pulimos,
apenas sublimamos, apenas masticamos,
apenas deletreamos, apenas dividimos,
apenas recordamos, apenas hostigamos,
apenas dispensamos, apenas recorremos,
apenas coloreamos, apenas apretamos,
apenas barnizamos, apenas adoramos,
apenas destornillamos, apenas surcamos,
apenas condenamos, apenas enhebramos,
apenas invertimos, apenas fornicamos,
apenas fraguamos, apenas enamoramos,
apenas comprendemos, apenas curamos,
apenas vilipendiamos, apenas capturamos,
apenas zurcimos, apenas compadecemos,
apenas contentamos, apenas esmerilamos,
apenas posteamos, apenas, apenas, apenas.

Sueño sin soñar

Tengo todo el sueño del mundo,
pero no consigo dormir,
ni soñar
todos los sueños que tengo.

martes, octubre 07, 2008

Fiestas


A veces voy a fiestas. Suelo salir huyendo. Las fiestas me recuerdan las misas de mi infancia de pueblo: rodeado de gente, de mucha gente, demasiada gente. Casi siempre perdía la conciencia y al recobrarla estaba en la entrada de la iglesia con mi tía Margo dándome aire con un diario, y poniéndome agua en la frente y las mejillas. "Te desvaneciste", me decía, "te dio ahogo el gentío". Nunca me diagnósticaron claustrofobia, pero poco a poco mi devota madre tuvo que dejar de llevarme a misa, y cuando me llevaba, ya viviendo en la capital, nos quedábamos en las bancas más cerca de la puerta, y casi siempre mediaba la promesa de ir a comer a la Pizza Boom, porque íbamos a Don Rúa. Comer pizza me gustaba, y la misa con puerta de salvación a dos metros era una experiencia menos asfixiante. Pero volviendo a las fiestas, también las fiestas me costaron siempre, las fiestas como tales, anónimas, sociables. Ir a discotecas con amigos lo llevo bien, una contradiccón que por un tiempo creí una cura, hasta que me vi en una fiesta de nuevo. Cuando digo fiestas me refiero a multitudes, con un buen porcentaje de desconocidos, o bien conocidos que no me interesan, música fuerte y mucha gente hablando más fuerte aún.

No puedo. No sé, no puedo. Ya no puedo. He podido, pero quizá ya no me interesa poder. Precisamente vengo de una fiesta. Salí huyendo. Llovía. Al llegar a mi casa, tomé agua mientras me comía una bolsa de congamix. Hoy no esperaba correo (igual no había). Me puse a escribir esto, y al mismo tiempo hablaba con uno de mis mejores amigos, al que le contaba sobre la agudización de mi insociabilidad. Él insistía en que yo no era insociable:

— Yo he visto como te llevas con la gente Elmer, y eso no es ser "insociable"... ay bueno eso puede ser, pero me parece que nada más andas apático y eso es normal en todos.
— Que más da.
— Ay, vamos Elmer, yo sé que no es que te interese menos ser sociable, ¿qué tenes?
— No creo tener "algo", es que soy más así, no sé, uno crece, y se va haciendo más como es.
— Ok... bueno, pues si te aceptás así yo también lo haré :) jejeje como que si me estuvieras diciendo que volviste a entrar al closet jejejeje.
— Jaja... a uno de los tantos closet que uno tiene en la vida.
— Sí, son varios, pero así pasa.... Mirá, cuando me pase la gastritis vamos de nuevo al Buffalo Wings, como la vez pasada.
Iremos. Supongo. Disfruto de su compañía, de la compañía, incluso me gustan las "reuniones", es decir, grupo moderado de gente platicando con música de fondo, alcohol, cigarros, risas, anécdotas, algún gracioso, algún vulgar, algún tonto. Claro, también las reuniones terminan fastidiándome cuando son la misma repetida. Entonces me ausento, y terminan ausentándome. Y todo tiende a empezar, para llegar inevitablemente a estas conclusiones. Supongo que por eso escribo, porque es una manera solitaria de existir, de comunicarse, de recrear el mundo a mi antojo, de inventarme a este que se confiesa como si fuera yo.

Hasta aquí mi discurso de hoy, este "after party" solemne y desganado, que hace que me guste tanto Marcel Proust cuando dice que
"todas las desdichas de los hombres derivan de su incapacidad de vivir aislados en una habitación".

El playlist


Si usted es observador y escuchador, habrá notado, querido lector, querida lectora, que hace unos días agregué allá abajo de este mi blog un playlist (¿una playlist?) con la intención de presumir mi gusto musical, del que estoy orgulloso como de un hijo triste. Pero lo hice también con la intención de compartir. Soy de los que de pronto detiene a la gente y le pone una canción y exige plena atención. No todos me toman en serio, hacen como que oyen, pero no les importa, y yo me doy cuenta, y ellos me importan menos. Mis amigos reniegan burlones de mi iPod: "¡deprimente!" me acusan con su felicidad de top 10, mientras yo casi me alegro de aburrirlos con mis canciones. Es que mis canciones y yo tenemos algo entre manos, quizá un plan de suicidio a plazos, o un largo viaje de contado, una confesión escandalosa, o simplemente ganas de vivir atormentándonos los días. Mis canciones se repiten y repiten y repiten, y de pronto se me olvidan, quedan ahí sonando para nadie, hasta que las reencuentro maravillado. Pues eso, mis canciones, una cuantas, suenan en mi playlist, así que escúchelas por vafor, como si usted de verdad me quisiera.

lunes, octubre 06, 2008

La importancia

Un día, no muy lejano, en un lugar, demasiado cercano, pensé que podía prescindir de la importancia. Importar y que me importen. Pero quizá me falta saturar mis prioridades hasta eliminar por completo esas ganas locas de ganar. Talvez un buen día pase, pero ya no va a importar.


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RAE:
Importancia: 1. Cualidad de lo importante, de lo que es muy conveniente o interesante, o de mucha entidad o consecuencia. 2. Representación de alguien por su dignidad o cualidades.

sábado, octubre 04, 2008

Capsulitas


Hoy me dijo un doctor que estoy sano, que solo tengo una glándula retorcida, que mi dolor se cura con capsulitas. Creo que me puse contento porque no me gusta el dolor, pero también no me puse contento porque no me gustan las capsulitas. Luego empezó a llover, llegué a mi casa y busqué ese correo que no va a llegar. Entonces me acordé de las capsulitas y me tomé una. Uno de los dolores se me quitó.

miércoles, octubre 01, 2008

El viento


El viento tiene fama —fundamentada— de llevarse cosas. Se las lleva, sí, a veces de forma sutil y hasta poética, y a veces de forma desatrosa y cruel. El viento es lo más parecido al tiempo: no lo vemos, siempre está ahí, pero lo sentimos, aunque no lo pensemos. Dice la Real Academia de la Lengua que viento es "Corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales", y también dice once acepciones más, y entre ellas dice "Cosa que mueve o agita el ánimo con violencia o variedad". Quien decía del viento también era Juan Rulfo, en "Luvina" quizá es cuando más dijo, quizá lo dijo todo. Eso pensé anoche que lei "Luvina" de nuevo, quizá deba decir hoy porque ya había pasado la media noche, y ya era octubre y octubre trae el viento a la mente, aunque el clima se empeñe en no odebeder tradiciones, y menos a literatos. Estoy resistiendo la tentación de contar —o inventarme— anécdotas con piscuchas y de citar a Alfredo Espino, pero es demasiado fácil ser costumbrista para conmover sin esforzar la creatividad. Quizá prefiera al viento provocando turbulencias en los aviones, o retrasos de tres horas volando —en avión, claro está— de Madrid a Miami, lo prefiero llevándose a Rhett Butler, en las o tildadas de Pessoa, en Campo de Criptana, desde el mar, y sobre todo insolente en mi ventana, gritando y golpeando como si supiera las cosas que pasan adentro.

viernes, septiembre 26, 2008

Nuncamuerto

Yo no quiero darte flores, mientras vivas, ni padecerte como virgen lujuriosa, siempreviva. Quizá tampoco quiera ser tan libre como para desafiar permisos, ni vestirme para circos, y menos postrarme en sillones familiares a devorar telenovelas en horas muertas de la vergüenza.
Lo del negocio propio, querida mía, es tan impropio para novios como yo, tan dados a soltarse de las manos en medio de las tiendas de buen vestir, agencias de viajes y estantes llenos de papel impreso.
Me ofrezco sin dudas a saltar con vos de cama en cama, sin apellidos, ni revuelos, ni venias, sin darte los buenos días, siempre y cuando empecemos de nuevo cada jueves santo. Yo no quiero ser nunca necesario, pero quiero necesitarte a mi antojo. Yo no quiero ser suficiente, ni aunque me veás juntando ramitos rosados para llevarlos tempranito cada dos de noviembre de cada año que te sobreviva.


Para más señas: Siempreviva.

lunes, septiembre 22, 2008

Desayuno sucedáneo


Este lunes amaneció como yo. Insistente, gris y frío. Pesado también. Hoy no hubo desayuno, y con la más descarada intención de evadir al lunes en cuestión, llegué a mi trabajo y me puse a leer blog y periódicos. Los blog que leo a veces y los periódicos que leo siempre estaban hoy confabulados en mi causa. El post de fin de verano de Xavier Velasco me dio compañía, una especie de abrazo comprensivo, llenó esa necesidad de "sentirme parte de" que tanto mencionaba mi dedicado psicólogo mientra yo pensaba entre risas mentales "lo que necesito es 'sentirme todo' querido psicólogo". Con Velasco convercé durante su gira promocional como Premio Alfaguara, con "El Diablo Guardián", y me pareció el que parece ser, por eso la confianza. Luego pasé a la política foránea en las crónicas decisivas de Héctor Feliciano, que recién volvió luego de varios meses de ausencia para hablar de Obama, McCain, Clinton, Palin, votos, encuestas desde su oficio de observador y cronista, siempre sereno, informado e informándose mientras se pasea en el múltiple lobby literario y periodístico de Nueva York. Me gusta su estilo, fue mi maestro, valga la presunción. Y como a mí me gusta saber cosas, sobre todo entender, la lectura me hizo sentir importante, creo que mi psicólogo mencionaba algo así como "compensar un déficit atencional", mientras yo lo veía con mucha atención como anotaba y anotaba y seguía anotando en su libreta sin mirarme nunca. Después me fui al recién inaugurado Cuaderno de Saramago, donde el señor se pone duro y dice de todos, y bueno, me divierte el intelecto, por decirlo de alguna manera, y me da esa ridícula sensación de viejo conocido, no solo por haberlo leído bastante, sino porque —¡ay, presumido de mí!— lo entrevisté hace un par de años. Enojón y cándido, don José es de esos tipos luminosos, como abuelo (que lugar común, pero ni modo), como para recordarlo hablando y moviendo los brazos afanadamente cuando uno lo lee. Y ahí paré esas imaginarias visitas a esas amistades imaginarias, porque, aunque ellos son reales, amigos no somos, si acaso conocidos por puro oficio, pero hoy, tal cual, me supieron decir alguna cosa, y crear, pantalla de por medio, esa intimidad reconfortante de un desayuno , que de otra manera, hoy no pudo ser.

domingo, septiembre 07, 2008

Llamadas

Dicen que las madrugadas se prestan a las llamadas prohibidas. Sobre todo cuando la madrugada lo pone a uno tan libre y la conciencia lo deja a uno ahí, suelto, valiente, irresponsable e irreverente. No sé bien si el alcohol tiene algo que ver, yo sé bien que todos dirán que sí, pero yo no le echaría la culpa. Por mucho alcohol que tenga la madrugada, uno no llama si no hay alguien a quien llamar, si no hay algo que decir, si no hay alguien a quien golpear. Uno sabe que no contestarán, y por eso no tiene ningún discurso que encumbrar. Es como cuando los perros salen corriendo y landrando ferozmente tras los carros que pasan ¿Qué harían los perros con los carros si los alcanzarán?
Y al amanecer, a veces, las llamadas las recibe uno, y en las mañanas después de esas madrugadas, uno está ya indefenso, con sueño, apenas lúcido, y quizá avergonzado. Entonces uno solo quiere dormir. Dicen.

martes, agosto 26, 2008

"Desde mi vida se ve el mar" ("Vida con vistas", el poema)

Vida con vistas

Desde mi vida se ve el mar
con su imposible betún plateado
y la huella de último creyente
perturbándolo desafiante
y se ve la plaza imaginaria
en esta ciudad desplazada
se ve como rebotan las golondrinas en las ventanas del viento
y esa fuente marchita
donde caen recuerdos que nadie tiene
se ve el sol que no se pone
y las montañas sin fe que las mueva
el camino del hombre
y la mueca de la risa del desgraciado
se ve el tintero y las ganas de amar del asesino
se ve tan claro el tiempo
y sus tabiques de historia
la muralla flotante de la utopía y el absurdo
se ve tan lejos el suelo
y la mujer que llega
se ven los bosques del pintor
el niño que mira alto
y el baile torpe de un hipopótamo
y la mirada del indolente insomne
que está allá
desde su vida
viendo como se ve el mar
con su imposible betún plateado

domingo, agosto 24, 2008

"Desde mi vida se ve el mar" (la foto)


Así vi, desde mi vida, el mar el día de mi cumpleaños.

domingo, agosto 17, 2008

A caballo




A caballo. Así anduve hace unos días, en medio de unos parajes otrora inhóspitos, y hoy turísticos. Guazapa. El cerro ese que dicen que parece una mujer dormida, y que no se despertó ni con la guerra que tuvo en las entrañas. Yo tuve un caballo de niño, un caballo blanco que se llamaba, si mal no recuerdo, Ángel Blanco, porque era blanco, y porque mi abuelo se llamaba Ángel, y mi hermano mayor se llama así también y la finca familiar se llama El Angelito. Escribo esto y empiezo a dudar de la veracidad de mis recuerdos, pero bueno, tómenlo por el lado literario y con el único objetivo de entretenerlos con una historia más interesante que cualquiera de mi vida verificable, o no sé. De mi caballo recuerdo su lengua sobre la palma de mi mano comiendo lo que le daba, a las vacas les daba sal, al caballo no recuerdo bien. También me recuerdo en overoles azules montado en el caballo, primero con mi papá o con don Lencho, el señor que pastoreaba las vacas a caballo. También recuerdo cuando estuve solo yo sobre el Ángel Blanco, y que aprendí a llevarlo, o él aprendió a llevarme. De pronto mis recuerdos se truncan, y no tengo modo de saber que pasó con el caballo, y hasta el cierre de este post mi mamá no me contesta el celular, ni el fijo, así que ahí les cuento después. Sí recuerdo que las vacas se las robaron, eran los ochenta, y eso era así. Pero volviendo a caballo a Guazapa, comprobé que andar a caballo es como andar en bicicleta, que no se olvida, pero que tampoco es que se recuerde lo suficiente. Pero por ahí anduve a caballo, con una sensación animal y ajeno del suelo. Como a veces me pasa, recurrí a mi teléfono y su cámara de apenas 2.2 mega píxeles y grabé unos segundos de mi travesía , y aquí está por si alguno o alguna quiera ver como se ve la vida a galope de caballo.

Hay días tan pequeñitos

Hay días tan pequeñitos que se les pierden a los calendarios. A uno le toca andar preguntándole a los gatos, y en caso extremo a las ardillas –que son expertas en buscar y encontrar– para poder gastarse las pequeñitas horas que conforman esos días tan pequeñitos. Son días, además de pequeñitos, repletos de estampitas de colección, unas de colores sin nombre y otras con acordes para guitarras desafinadas. También hay ahí estampitas con fotografías de bodegones en los que posan desnudas las emociones unas encima de otras, de lado, de frente, de costado e iluminadas por la luz de aquella estrella que estaba allá ¿la ves?, no, esa no, aquella, sí, justo esa. La cuestión es que si uno, por fortuna de las plegarias de los otros –esas que se quedan flotando porque no llegaron a ninguna parte– dan con el camino violeta boreal que lleva a uno de esos días, entonces uno debe de darse por enterado de que la vida le está dando a uno pistas porque hay algo que debemos averiguar. Entonces ayuda mucho examinar detenidamente esos instante que lleva uno en la bolsa izquierda del pantalón, ahí, seguro, habrá otra pista que conduzca a la entrada misma del laberinto de paredes risueñas que se ríen de los perdidos. Uno debe de dejar las alas en la entrada y quitarse los zapatos para poder sentir los besos que los rojos labios de la alfombra dan en cada paso. Si uno mira hacia arriba cuando se ha andado lo suficiente, justo sobre nuestra cabeza, y justo debajo de aquella estrella, estará puntual un colibrí transparente recitando en colibriano los poemas del tiempo. Entonces uno sabe que tiene que desnudarse desde adentro y tenderse pacientemente sobre la hierba para escuchar hasta entender exactamente esos balbuceos felices que emanan en el parto de las palabras maravillosas. Ahí estuve yo, y fue entonces, solo luego de trescientas veintisiete horas, con trece minutos y en el segundo 59, que por fin se reveló contundente en mis oídos el secreto de la vida: escuché tu nombre.

miércoles, agosto 13, 2008

Sobre emoticons, emos, ventanitas y otras importantes trivialidades

En mi oficina uso el Meebo cuando quiero comunicarme con mis contactos de MSN Messenger, porque en mi oficina no nos dejan usar el MSN Messenger no sé por qué razones de esas que razonan los técnicos-todopoderosos-informáticos, y que secundan los de recursos humanos, y que avalan los gerentes y así, hasta que joden al pueblo del Señor. Pero la cuestión es que en ese sitio encontré unas estadísticas para nada importantes, pero sí interesantes, o al menos motivantes para un humilde post. Publicaban los del Meebo un ranking de los emoticons más utilizados entre sus usuarios. Luego de preguntarme cómo diablos saben que emoticons usamos los incautos usuarios, decidí no alimentar mi paranoia, y dejar pasar a la curiosidad, confiado en que no soy gato.

Según estos señores (o señoras) del Meebo, este es el ranking de sus emoticons, que son muy similares a los que todos conocemos en el MNS Mesenger salvo unas variantes.

Besos - 14.2 %
Cara alegre - 12.5 %
Carcajadas - 8.5 %
Guiños de ojo - 7.7 %
Sonrisa - 6.3 %
Lengua - 4.7 %
Llorar de la risa - 4.5 %
Triste - 4.0 %
Lengua con guiño de ojo - 3.4 %
Amor y paz - 3.3 %
Emo - 1.5%

Un intento de conclusión que sacan es que los usuarios de meebo son, en su mayoría, gente enamorada y feliz. También destacan el hecho de que el menos usado es el emoticons que representa a un Emo (que ellos se inventaron recientemente). No sé si este ranking solo era una pieza más de la inusitada campaña contra los Emos que se ha soltado por todos lados, probablemente sí. La intolerancia que han despertado estos jovencitos (los Emos ) en una parte de la humanidad me pareció digna de atención desde que tuve noticias de las persecuciones, golpizas, asesinatos y disparates que se dicen por uno y otro medio. A mí por lo general me gusta no estar de acuerdo, y quizá por eso me caen bien los Emos, incluso me divierto provocando a los Antiemos comparando a los Emos con los Hippies, ante lo cual, los exhippies, neohippies, yuppies, gruppies y demás herederos de aquellos Emos sesenteros, hacen gestos ácidos y sueltan frases llenas de indignación, acusándome casi inmediatamente de ignorante. Yo me río. También me asombro. Todo el mundo habla de los Emos, pero nadie quiere saber sobre ellos, solo quieren opinar desde ese odio que despierta lo que no se entiende, o no se quiere enteneder.

Las conclusiones de Meebo respecto a la felicidad y el amor en sus usuarios a partir del ranking de los emoticons me hacen pensar también que puede ser que la gente en efecto se enamore y sea feliz en Meebo, y solo ahí. Estas ventanitas en las pantallas de las computadoras —patrocinadas por MSN, Yahoo!, Google, y demás— han creado una forma de relacionarse única y nunca antes vista en la historia de la humanidad. Frente a estas ventanitas y escribiendo en ellas todos podemos ser comunicativos, encantadores, sexys, divertidos, románticos, trágicos, emocionales, guapos, interesantes, y también mezquinos, cínicos, vulgares, degenerados. Podemos ser todo esto solo ahí, frente a las ventanitas, con los emoticons apoyándonos para expresarnos y volviéndos tiernos y ocurrentes. Hay amores que surgen de ahí, que se quedan ahí, porque ahí, por ejemplo, somos siempre solteros si queremos, y estamos protegidos e impunes, ahí somos dueños absolutos de nuestra imagen, y lo mejor, es que contamos con que todos los usuarios están al tanto de como funciona la cosa, por lo tanto nos sentimos exculpados, y que el más tonto se joda. Y todo esto es comunicación, y siempre se ha dicho que la comunicación es lo más importante para las buenas relaciones humanas, pero ¿qué pasa cuando solo hay comunicación y falta todo lo demás?

Ya me puse serio y así no me gusto tanto. Además ¿cómo es que me tomé tan en serio un ranking de emoticons? Mejor me voy a engañar a alguien a la otra ventanita.

sábado, agosto 09, 2008

Ni es cielo ni es azul

Junto a mi cama hay una ventana. Una ventana franca. Uno se acuesta —solo o acompañado— con la espalda sobre el edredón negro y con la cabeza junto a la ventana y ve hacia arriba y lo que ve es el cielo, y uno, ingenuamente, se conmueve, y lo primero que uno —si ese Uno se atreve a ser yo— recuerda son unos versos endecasílabos del siglo XVI:

"Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul.
¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!"

Lo escribió Lupercio Leonardo de Argensola, que vivió en España desde 1559, y murió en Nápoles, en 1613. Luego, uno se pregunta si Lupercio trataba de solidarizarse estéticamente con Copérnico y Kepler, que, con la ciencia bajo el brazo, recién un siglo atrás habían demostrado que el sol no gira alrededor de la tierra y que el cielo no es azul, deshabilitando para siempre dos ideas de fe basadas en afirmaciones bellas y de fácil comprobación, en apariencia, pero equivocadas. Después de la pregunta, uno se siente un poco tonto. No, Lupercio, se sentía como uno hoy mirando al cielo: engañado.

Con esta dramática conclusión, uno toma su teléfono con cámara digital de apenas 2.2 megapixeles y apunta al acusado. Y ahí está el cielo y una gran historia entre una nube pequeñita y una gigantesca que uno nunca lograría contar. Pero si ustedes se toman dos minutos para ver este remedo de instalación en video, verán como las dos nubes, de manera maravillosamente imperceptible, se van acercando románticamente para deformarse y borrar la escena sin dejar un solo rastro. Detuve la grabación dos minutos después y vi la escena en la pantalla de mi teléfono, y cuando volví la vista nuevamente al cielo solo había ese azul que no es. Me dio algo como un miedo triste. Y uno desea que Lupercio sea científico y no poeta.

lunes, agosto 04, 2008

Aviones

Pocas máquinas enorgullecen tanto a la humanidad como los aviones. Vuelan. Los humanos no. Pero los aviones nos separan de la tierra, nos elevan por encima de nosotros y nos hacen transitar el espacio y el tiempo en condiciones que no nos son propias como especie, pero que conseguimos utilizando una capacidad propia de nuestra especie: somos creadores. O quizá solo imitamos —la epistemología, la metafísica, la antropología, la ciencia, la teología, la poesía han dicho mucho sobre las posibilidades, posibles e imposibles, según el ánimo de la época.

¿Alguno de ustedes ha deseado tocar la cola de un avión? Yo nunca antes de que alguien que lo hizo me lo contó. Ahora lo deseo. Pero esos son otros vuelos. Pero los aviones son así, se involucran en la vida de uno de maneras incalculables. Cuando yo era un niño de 4 años, cada vez que pasaba un avión por el cielo del pueblo me decían "Julio se fue en un avión como ese", Julio era un primo mío, que nunca conocí, porque se fue en un avión, presuntamente a Brasil, pero en realidad se fue a otro lado y nunca regresó. Durante mucho tiempo, cada vez que veía un avión alzaba los brazos saludando a mi primo Julio, y los aviones empezaron a significar algo muy humano, yo recuerdo sentir cariño por los aviones, que era la imagen que tenía de mi primo Julio. Cuando tenía 6 años mi hermano mayor, que sí conozco, también se fue en un avión, y desde entonces saludaba a los aviones por partida doble. A los 11 años subí por primera vez a un avión, y descubrí que ni mi primo ni mi hermano estaban dentro de ese avión, y asumí que tampoco dentro de ninguno de los que había saludado antes. Los aviones perdieron todo mi afecto. Desde entonces he ido y venido muchísimas veces en aviones, y mi relación con ellos ha sido eminentemente utilitaria, con una excepción. La excepción fue viajando a La Habana, que me dio por sentirlos cómplices de mi huida, huía de un dolor.

Los aviones, ya sea abordo o no, nos separan de la tierra, nos alejan, nos disuelven, nos cambian. Los aviones se han llevado a mucha de mi gente, a veces la traen de regreso, pero también se la vuelven a llevar, y uno se acostumbra.

Hace una cuantas horas hablaba por teléfono con vos, Claudia, y me dijiste que nunca había escrito aquí de vos. Vos te fuiste en un avión, y volvés, a veces, y te volvés a ir, siempre, y siempre que hablamos, vos allá y yo acá, recién te has vuelto a ir en un avión, siempre te pregunto "¿Cómo va el aterrizaje?", y empezamos a hablar como aviones, sintiendo el golpe del tren de aterrizaje sobre la pista, la mortal fricción de las llantas, el estremecimiento, la angustia, las decisiones, la vida en tierra, la lejanía, lo bueno, lo duro. "Y vos", me preguntás, "¿Cómo te quedás?", y nunca sé qué decirte, y solo te digo "Pues así, quedándome". Luego nos reconocemos. La llamada se cortó, y ni vos ni yo volvimos a marcar. El aterrizaje se completa.

Yo ya no saludo a los aviones.

jueves, julio 31, 2008

De parte de un escritor equivocado

"El periodista es un hombre que se ha equivocado de carrera". Frase del bueno de Otto Von Bismarck. Más que gustarme la frase, me golpea, y eso es parte de su encanto. Pues yo me equivoqué, y es un hecho de todos conocido. Ahora bien, me puse a buscar un significado preciso para mi equivocación, y, como buena costumbre, recurrí al diccionario de la Real Academia, y ahora les cuento como me fue:
equivocación.
(Del lat. aequivocatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de equivocar.
2. f. Cosa hecha con desacierto.
Bueno, dije, vamos por el desacierto:
desacierto.
1. m. Acción de desacertar.
2. m. Dicho o hecho desacertado.
Obvio, los verbos entonces:
equivocar.
(De equívoco).
1. tr. Tener o tomar algo por otra cosa, juzgando u obrando desacertadamente. U. m. c. prnl.
2. prnl. Dicho de dos o más cosas: Semejarse mucho y parecer una misma. Ese muro se equivoca con la fachada.

desacertar.
(De des- y acertar).
1. intr. errar (‖ no acertar).
Otro verbo:
errar.
(Del lat. errāre).
1. tr. No acertar. Errar el blanco, la vocación. U. t. c. intr. Errar en la respuesta. Era u. t. c. prnl.2. tr. desus. Faltar, no cumplir con lo que se debe. Disculpáronse los vasallos, si en algo habían errado a su señor.
3. intr. Andar vagando de una parte a otra.
4. intr. Dicho del pensamiento, de la imaginación o de la atención: divagar.
Entonces:
divagar.
(Del lat. divagāri).
1. intr. vagar.
2. intr. Separarse del asunto de que se trata.
3. intr. Hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado.
Y para terminar:
vagar.
(Del lat. vagāri).
1. intr. Andar por varias partes sin determinación a sitio o lugar, o sin especial detención en ninguno.
2. intr. Andar por un sitio sin hallar camino o lo que se busca.
3. intr. Dicho de una cosa: Andar libre y suelta, o sin el orden y disposición que regularmente debe tener.
Así pues, hoy que es día del periodista el diccionario me lleva por caminos inesperados para un homenaje de parte de un escritor equivocado a los muchos y muy queridos amigos periodistas, y como bien dice Hugo Ojetti, "El periodista es sólo un escritor que cuando toma la pluma, no espera la inmortalidad". A saber.

sábado, julio 26, 2008

Afuera


A veces, cuando voy a tomarme un café —a veces a solas y a veces no tanto— me siento afuera, en las mesas que están afuera. Hay una ventana enorme, una vitrina, que deja ver hacia adentro, adentro del café. Y me gusta ver a la parejas solas, y me gusta recordar a José Hierro apuntando vistas en su Cuaderno de Nueva York. Las parejas se me han hecho fáciles de reconocer, siempre son dos que se miran (o no) de manera delatora. A veces son parejas que hacen juego, que se ven bien juntos, sus cuerpos se contestan fisonómicamente, a veces no. Se hablan (o no) de manera particular. No los oigo, solo veo sus rostros y sus gestos, sus maneras y sus ojos, los pronunciamientos de sus cejas y los ligeros ademanes de sus labios. Entonces imagino. Suelo tratar de descubrir quién quiere más, quién necesita menos, quién no está en paz, quien ya no quiere. Hay parejas más expresivas que otras. Las peleas son las más obvias, se sabe fácil quién reclama y quién se defiende, y suelo tomar partido, dependediendo de lo que mi imaginativa intuición me dicta. Veo pláticas cotidianas también y, luego de un momento de observación, les voy dando consejos que no les digo: sé más tierno, sé menos demandante, sé más tolerante, sé menos racional, sé más delicada, sé más atento, dejalo hablar, sonreíle, hablá, dejalo. Nunca me propongo descifrar el contenido de las pláticas, me interesa más el género, la intensidad, el grado de definitivas que puedan tener. Y así paso viendo desde afuera, imaginando y reconstruyendo, novelando. Veo a las parejas y sus amores, amores que no son sentimientos, sino relaciones, porque creo haber descubierto, con un prudente márgen de error, que el amor de pareja no es un sentimiento, no es abstracto, no es romántico, no es mágico. El amor de pareja es concreto, es humano, son relaciones y necesidades, son deseos individuales, son prolongaciones, adivinanzas, apuestas, acuerdos, inconstancias. Sin embargo, solo veo las parejas ahí adentro, y paso el tiempo contemplando. Y cuando mi café se ha terminado y me traen la cuenta y me tengo que ir, anoto en ninguna parte una conclusión eterna. Ningún amor se entiende desde afuera.

jueves, julio 24, 2008

Coincidamos


Cristina Peri Rossi llegó a mi noche, la trajo Elena, desde Huelva, llegó con Habitación de hotel, y en una sábana venía Noche de insomnio:

No me digas tampoco
que tendría que hacer algo contra el insomnio
porque no me quedan muchos años de vida
de modo que cada noche que duerma
será una noche menos de vida
y no es cuestión de estar echando por la borda
(dobra)
estas ganas locas que tengo
de estar despierta
de no dormir
de no envejecer jamás.
Una vez perdí una guerra
perdí un ciudad
perdí un país
perdí una casa
perdí cinco mil libros
perdí a mis amigos
perdí un amor.
No es cosa de ahora, a los cincuenta,
de perder también el insomnio
que me da la vida.

Sergio lo encontró un día en el asiento de atrás de mi carro, y nos lo leyó a Elena y a mí que veníamos en los asientos de adelante. Todos con ganas de ser insomnes, quizá no de cincuenta, pero insomnes. Mario me escribió anoche en mi muro: "[...} ok ok ya estoy desvariando. Tengo suenio pero no me puedo dormir, que raro. Escriba un blog al respecto.jajaja [...]". Hoy algunos insomnes se durmieron, y yo, un presunto rehabilitado, estoy despierto leyendo en mi cama Habitación de hotel, de Cristina Peri Rossi, y en la sábana 47 encontré de nuevo Noche de insomnio. Me siento y tecleo "Coincidamos". Lo demás ya lo leyeron.

sábado, julio 19, 2008

Cubrecamas de mamá


Mi mamá hace cubrecamas. Hace cualquier cosa con tela e hilos. Tiene montones de telas que compra compulsivamente desde hace décadas, no lo puede evitar, dice. En gustos no coincidimos mucho, a mí no me gustan los estampados, menos los de flores, y a ella le encantan, porque dice que las telas sin estampados (sin flores) son tristes. Sin embargo, a veces uso un cubrecama estampado, cuando tengo que lavar el edredón negro que mantengo, uno de flores en tonos de azul y con ribete. A mi mamá no le gusta mi edredón negro, le asusta, dice.

Creo que me gusta ese cubrecamas estampado con flores en tonos azules, y es muy suave ya, y tiene su juego de sábanas y forro de colchón, también obra de mi mamá, y son las sábanas más suaves que tengo. Hoy mientras lo ponía —creo que siempre que lo pongo— pensaba en mi mamá. Dura puesto dos o tres días, mientras el edredón negro vuelve de la lavandería. También cuando pongo de nuevo el edredón negro pienso en mi mamá, pienso en que, a pesar de que no le gusta, me hizo el forro y las sábanas. Por supuesto que no las hizo negras, pero las hizo sin estampado. Siempre ha sido así, un canje permanente de tolerancia y amor floral.

jueves, julio 17, 2008

Recuerda uno | Nueva York


Recuerda uno que hay una soledad irrenunciable, una calle sin tránsito comprensible y ciertas ganas volver a todos lados. Recuerda uno que no es de aquí, pero que allá tampoco es de allá y que nunca ha sentido ganas de no irse de ningún sitio. Recuerda uno que las mentiras son tan bonitas y casi imprescindibles para asegurar alguna alegría. Recuerda uno que duele en las rodillas estar perdido y que por más que se sepa cómo salir y cómo entrar, lo de perdido se lleva por dentro, y por eso es que no hay modo de encontrar caminos correctos. Recuerda uno que de la lástima al amor se puede ir uno a pie cantando, o no, una canción amortajada. Recuerda uno que cuando pasan los lustros solo somos hermosa piedra y que el cielo solo se dispone como un gato para que le rasquemos la panza con el abuso de la soberbia. Recuerda uno que hubo un tiempo de odiosos amores cabalgándole a uno las ilusiones hasta el final de un muelle como este o como aquel, en verdad como cualquiera, siempre y cuando sea de esos que revelan que hay límites y miedo y vertigo y suicidas supervivientes como uno, como este y como aquel. Recuerda uno lo fácil que es esperar que un semáforo diga si puedo o no dar el paso que sigue, que la belleza se anuncia gigantesca en agudas esquinas como de tiempo. En Nueva York recuerda uno a la ciudad que nunca conoció piel adentro, llena de palabras de trescientos pisos y luces que no se apagan nunca porque siempre es de noche, con un parque en el centro mismo del absurdo, demasiado grande como para llenarlo de una sola alma. En Nueva York recuerda uno que hay que viajar de vez en cuando, y que algunas veces el destino debe ser hacia adentro. Recuerda uno que si Nueva York te besa, puede que no sea tan voraz la metropolis que cargas por Nueva York.

(Del 20 de abril de 2006, foto en el Central Park)

El sexo mañanero


Ayer leía en El Universal, de México, un artículo de esos que lo remiten a uno a maravillarse del cuerpo humano y sus maneras. Les dejo aquí un resumen, hoy yo me acuesto temprano.

Un estudio de la Universidad de la Reina de Belfast, en Inglaterra, asegura que el sexo “mañanero” puede disminuir el riesgo cardíaco y aliviar la artritis. Eso sí, para que dé resultado debes hacerlo, al menos, tres veces a la semana. La investigación sostiene que dos relaciones por semana incrementa el llamado anticuerpo “IgA”, que provee protección contra microbios. Y como si fuera poco, también alivia la artritis y la migraña. Eso sin mencionar que, además, se queman cerca de 3 mil calorías por hora, además de disminuir el riesgo de diabetes, con el sexo a la mañana. En el caso de las mujeres, por ejemplo, el estudio demostró que las mujeres sexualmente activas por la mañana son menos propensas a caer en la depresión. Y en los hombres, aumenta la producción de testosterona, que permite tener huesos y músculos más fuertes, lo que ayuda a prevenir la osteoporosis. Por último, el “sexo mañanero” posibilita tener un cabello y piel más brillosos ya que estimula al estrógeno y otras hormonas asociadas con este aspecto. Finalmente, investigadores de la Escuela de Medicina de Yale, afirman que tener relaciones por la mañana protege a la mujer de contraer endometriosis, es decir, la aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero.

Que pasen buenos días.

Innombrable (fin)


Y nunca volvió.

Innombrable (interrumpido)


"Yo no sé si pueda contarles. Lo que había afuera es innombrable, no hay palabras que puedan articularse y unirse a otra, en una segunda articulación, para dar sentido a una frase que, a su vez, pueda guardar coherencia y cohesión con la siguiente para armar un solo párrafo que lleve a otro y al siguiente con el fin de dar cuenta clara y con sentido de lo que hay afuera. Yo casi no quiero ni recordarlo. Ni siquiera sé decir si era espantoso, asqueroso, impúdico o bochornoso, fue tal mi impresión, mi total desconcierto, mi absoluta disonancia cognitiva —cómo me gusta esa expresión— que por poco dejó a mi inconciente a cargo de mí, cosa que no sería en lo absoluto fácil, dada la manía obsesiva de mi mí de estar a cargo de sí mismo todo el tiempo. La sorpresa ha jugado un papel importante en mi exaltación, porque uno anda por la vida sin imaginar siquiera que a la vuelta de la mirada uno se convierta en testigo presencial de semejante cosa. No, no, no. Y no hay modo de establecer comparación para que me entiendan, ni forzándolos a imaginar que al abrir su refrigerador descubren a un osito celeste de 9.8 libras y con corazón latiente ivernando en medio de las cajas tetrabrik de leche descremada y deslactosada. Pues ni esa sorpresa, que seguro lo sería para cualquiera, es parangón. Quiero empezar a contarlo, pero no puedo. Reconstruir mentalmente las imágenes para elaborar el relato ya me cuesta revivir el susto, y quizá sea demasiado. Pero bueno, tal vez contarlo sea bueno, me ayude, me haga superarlo y pueda salir de este trauma en dos años al menos, y con ayuda de un buen psicoanalista en unos meses menos —tan chic que es tener psicoanalista—, lo cual sería conveniente pues mis vacaciones en Ibiza son para dentro de dos años, y las vacaciones de un traumatizado no son reales vacaciones, son como terapia, y yo no estoy ahorrando para una terapia, sino para irme de reales vacaciones. En fin, voy a poner de mi parte, por eso quiero decirles lo que me ha pasado de una vez. Venía yo caminando, ya no recuerdo de dónde. Ah, sí, venía de mi carro, que lo tuve que estacionar a dos cuadras porque hoy empezaron a reparar esta calle, y ya era tiempo, porque con el invierno queda llena de huecos enormes y nadie le responde a uno por las averías que eso provoca en los carros. Es que aquí no es como en Estados Unidos, donde uno puede demandar a todo el mundo por lo que le pasa a uno causa de un mal servicio público, aquí no, aquí no hay modo, solo toca sacar la tarjeta y pagar uno mismo. A una tía mía, le dieron quince mil dólares porque se dobló un tobillo en una grieta que tenía en pavimento en un paso cebra, allá en Brooklyn. Bueno, pero por qué me acuerdo de mi tía si lo que quiero es desahogarme ahora mismo para evitarme el trauma y poder irme, dentro de dos años, a Ibiza en pleno uso de mi salud mental. Bueno, justo ahora que estaba en condiciones, me llama mi jefe para algo que se le ocurrió que sería interesante que yo hiciera. Ya vuelvo", dijo.

martes, julio 15, 2008

Irreal


Hoy bien podría contar aquí que el sábado recién pasado tuve un percance de carretera, que a nadie le pasó nada malo, que solo mi carro tuvo un ligero golpe, que tuve que negociar con el interfecto responsable civil para que se hiciera responsable de arreglarme el golpecito, que logré que se hiciera responsable, y que daba miedo porque no tenía él cara de ser muy buen amigo de la ley. A eso, en consecuencia, agregar que he pasado sin carro dos días porque está en un taller lejano. También podría contar que luego del percance llegué a la playa, que era el destino final, y que la pasé entre amigos y muy divertido. Pero a veces contar las cosas que simplemente pasan, lo real, no es tan motivante.
Lo que quisiera contar es lo que hoy no puedo contar. Lo que se mantiene en el limbo de lo irreal, y lo irreal es un dilema de la realidad: lo irreal existe, porque afecta a la inteligencia sentiente, como diría Zubiri, como los sueños, como la fantasía, como el arte, como las emociones, como los mensajes de texto de buenos días que llevan y traen besos, como el deseo, como la ilusión y la posibilidad de la costumbre, como el talvez, como los planes, como el ojalá sin el despecho de la canción, como yo cuando escribo.
En fin, no voy a contar nada real hoy. Por si les preguntan, este post es irreal.

jueves, julio 10, 2008

Alarmas


A mí no me gusta el sonido de las alarmas de los despertadores. Mejor dicho, no me gusta despertarme por el sonido de las alarmas. Por mucho tiempo creí que no necesitaba despertador porque mi reloj biólogico siempre había funcionado bastante bien, hasta que dejó de hacerlo tan bien. Me resigné a usar despertador. Lo cierto es que desde que lo uso duermo mal. Sufro una suerte de estrés pre-alarma, es decir, siempre me despierto antes de que suene, unos 40 minutos antes y no me logro dormir, es como si mi instinto me advierte que ya va a sonar la alarma y que debo estar prevenido para no sobresaltarme (es que odio sobresaltarme en ayunas). De esa truculenta manera mi reloj biológico se ha reactivado, pero únicamente cuando he activado mi alarma ¿Quiero ser un caso para el Dr. House?

Por otra parte, la alarma de mi carro anda rara también. Desde hace 4 días el control remoto no desactiva la alarma por la noches cuando prentendo irme del trabajo a mi casa, no al primer intento, ni al segundo, ni al tercero. Debo esperar un rato, pasearme por el parqueo, sentarme en la banca de la parada del bus unos minutos, y luego, intentar un par de veces, tomarme otros minutos divagando por ahí, y luego, caprichosamente vuelve a funcionar todo muy normal. Mientras yo sospecho que mi carro (con todo y alarma) está adquiriendo personalidad y que yo había encontrado el ritual para complacer sus caprichos, un buen amigo me dice que no es nada del otro mundo, que simplemente hay que cambiarle la pila al control remoto. Es que hay gente que sabe quitarle a uno el delirio con sugerencias demasiado realistas.

Y por otra parte, hoy por la mañana, muy temprano, 7:30 a.m., el msn: "Quiero verte!!!", dijo. "Yo también quiero verte", dije. Eso me alarma.

miércoles, julio 09, 2008

8:03


Son las 8:03 de la mañana de hoy. Tengo 7 mimutos para decir algo que valga la pena decir a esta hora de la mañana. Y solo se me ocurre una frase del Diaro de John Stuart Mill, que bien podría contarse entre los prototipos de los blogueros de hoy. Este señor decía algo así: Vivo para que al final de cada día pueda decir algo importante. Me gusta la frase, me gustó el Diario completo. Y como yo no tenía algo importante que decir, me resultó prudente decir algo importante que alguien dijo ¿Se vale?

martes, julio 01, 2008

A 4 metros sobre el suelo

El fin de semana pasado me fui a Guatemala. En bus. En el segundo piso de un bus. En el primer asiento del segundo piso de un bus. Una ventana enorme me daba una vista a 270 grados del viaje, de la carretera y de lo que las carretera suele contener. A mí me impresionó, quizá sea una tontería para la mayoría, pero a mí me impresionó, hasta me conmovió. He viajado en aviones, pickups, y hasta en camiones enormes, pero esta vez fue diferente. Iba en un asiento que bien pudiera ser la butaca de un cine y la ventana era enorme. Fueron casi 5 horas de viaje, y poco a poco me fui acostumbrando a esa perpectiva de la vida. Todo pasaba abajo, los otros vehículos, los peatones, los árboles eran los que me mantenían conciente de que la altura no era demasiado: ramas chocaban agresivamente contra la ventanta, imagínense el susto que me daba cada vez creyendo que la rama se estamparía en mi cara. Pero uno va aprendiendo que la ventana nos cuidan.

De pronto empezó a llover. El agua sobre la ventana hacía juegos apsaionantes. Las gotas corrían hacia arriba, los chorros de agua no caían, subían y bajaban por la velocidad (sé que hay un término físico más preciso, pero lo ignoro). Me hipnotizaba el agua en la ventana. Fue entonces que se me ocurrió usar mi teléfono nuevo para grabar en video lo que veía. El efecto del agua en la ventana no quedó registrado (apenas dos 2.4 megapixeles) pero la perspectiva se aprecia, no sé si mi impresión, pero aceptenme el intento.

La ciudad a ras de piso también fue entretenida, pero no me dio ninguna perspectiva nueva que pueda contar aquí. La compañía sí fue muy buena, y mi sentido de pertenencia tuvo algunas reafirmaciones oportunas. Los reencuentros a ras de suelo siempre hacen que uno aprecie de otra manera los viajes, y sobre todo si uno tiene una ventana enorme enfrente mientras viaja a 4 metros sobre el suelo.

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